A través del hashtag #noalpapaenchile, decenas de cibernautas se sumaron al llamado para que el Papa Francisco no venga a Chile.

Las razones son los miles de escándalos de abuso sexual al interior de la curia y lo poco y nada que ha hecho la iglesia para impedirlos, además de su oposición a los derechos de las minorías sexuales, su visión retrógrada de los temas llamados “valóricos” en general y la corrupción al interior del Vaticano.

Uno de los más entusiastas fue James Hamilton, víctima de Fernando Karadima, cura de la Parroquia del Bosque, ubicada en Providencia. El activista escribió en su cuenta de Twitter: “Mi repudio más profundo a la eventual visita del papa a Chile #noalpapaenchile (…) Vamos, quién más se atreve?”.

A las horas el hashtag se convirtió en Tendencia Nacional con personas a favor y en contra de la visita del Papa Francisco.

Como dato clave, que se difundió bastante a través del hashtag, están las insultantes palabras del Papa Francisco a la ciudadanía de Osorno respecto por la presión para que el obispo Juan Barros, sindicado como encubridor de los crímenes de Karadima, deje de ser autoridad eclesiástica de la ciudad.

En ese momento, Bergoglio (su nombre no-santo), dijo que “Osorno sufre sí, por tonta, porque no abre su corazón a lo que Dios dice y se deja llevar por las macanas que dice toda esa gente“. Sin mucha calma ni compasión por el dolor del rebaño, agregó que las acusaciones fueron una orquestación “de los zurdos”.

Sin ir más lejos, este miércoles se supo que el Vaticano se negó a entregar datos sobre el obispo Barros y la supuesta investigación a la que hizo mención el Papa en sus ofensivos dichos contra los osorninos. La petición fue hecha por la Corte Suprema a petición de los querellantes del caso Karadima.