Tomás Moro recrea un mundo ficcionado bajo ideales filosóficos y políticos en 1516, este año 2016, es decir 500  años después Mauricio Vico despliega en el Centro Histórico de Santiago un políptico en óleo que desde una referencia literaria y geográfica cita a la utopía visual. En efecto, al decir Solentiname, se habla de una isla referencial existente en Nicaragua, cuna de un sistema de equilibrios entre los diversos elementos, inspiradora de resistencia, libertad,  armonía. Estas son justamente claves de la propuesta, el ensamblar los diversos aspectos, Mauricio Vico explicita una ética del vivir y una estética con raigambre latinoamericana que transita hacia la utopía.

Desde una perspectiva poética formal, la referencia directa la entrega el libro la Divina Comedia que está en el centro de la investigación, pues el pintor se instala  con  un deambular y desplazamiento entre el infierno, el purgatorio  y los círculos del cielo. Una búsqueda frenética del sentido existencial desde una apropiación del mundo, un enfrentamiento con los misterios del cuerpo y el resplandor del alma en los ecos de los amores perdidos y recuperados.

Desde la Divina Comedia, el pintor se desplaza dialogante en intertexto  con otros autores como César Vallejos,  Pablo Neruda, Allen Ginsberg, André Breton, todos esbozos enunciante de una poética libertaria.  El autor como hablante lírico en un gran mural con yuxtaposiciones, dicotomías y figuras retóricas inaugura y traspasa su mundo personal. Desde esta perspectiva comprendemos las  recopilaciones del lenguaje figurado del creador,  el peregrinar por la zona dolorosa y la llegada a un universo más compenetrado de afectividad.

Por su parte la pintura como lenguaje plástico se ve involucrada por la intercalación de las citas postmodernas del Guernica, junto con el universo creacional de Carlos Faz, además de la visión atormentada de  Bacon y el Bosco. Sin embargo ahonda en el proyecto en general su reconocimiento del muralismo mexicano, tributario de un mundo ancestral y comprometido socialmente.

Algunas iconografías particulares remite a contextos específicos. Por ejemplo la fábula de La Grulla y el sol. Reconocemos en la grulla al alma de Apolo, el dios del firmamento  y del sol, quién con su danza otorga alegría y posibilita el curso jubilatorio  de la vida. Además, reconocemos al Principito y su entorno, ¿cuánto se ama cuando se doméstica? Así también, los rituales guardado de los músicos condenados, de los amantes recuperados: ¿inquirimos en los pactos de amor de nuestra propia vida…?

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En el medio de la incerteza, la vulnerabilidad de la carne expuesta por el Cristo  que se constituye en un tótem de sentido en medio de la sala.  Un eje contenido por el blanco  que atiende la frase de Zurita desplegando el paisaje chileno, en particular el desierto de Atacama como un gran  espejo del discurrir. El desierto y el Cristo unidos en la carne trémula, en la exigencia del transitar: la depuración y la extenuación como unidad significante.

Algo que llama la atención son los  cuerpos crispados, expresionistas, con manos demandantes. Las mujeres envueltas en sus penurias, posesiones, los enredos del amor en los cuerpos entrelazados, la naturaleza que se tipifica en algunos elementos puntuales:   peces,  gatos retozandos, flores como la maravilla desplegada,  las enigmáticas calas y los distantes tulipanes.

La iconografía también recoge símbolos alquímicos y bíblicos buscando descifrar  los misterios impuestos al vivir. El trabajo pictórico busca resolver las preguntas que se coleccionan superando aporías. Tantas marcas de la itinerancia con chorreos, veladuras, empastes y colores en oleos que hacen deslumbrar en este hall Universitario el aullido del tránsito sin sentido, el paredón frente  a la angustia, la salida desde el abismo para que como el Dante lo dice se cubra de gloria nuestro pasar.

El ejercicio pictórico propuesto reinstala la pregunta esencial, ¿qué es la Utopía?, tras observar este honesto políptico que surge desde un espacio de incertezas, podemos responder que la utopía nace del deseo venerado de comprender. Es más, podemos explicitar que la utopía nace del deseo de amar, obsequiar una creación que alzada más allá del paraíso, purgatorio e infierno nos regala generosamente como el políptico pictórico de Mauricio Vico manzanas de colores como práctica cotidiana y ejercicio trascendental de felicidad.

 

*La obra está expuesta en el hall central de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile (Portugal 84), entre el 7 de septiembre y el 4 de octubre de 2016.

 

 


Instituto de Estética, PUC de Chile