Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Stanford estableció la relación, a través del uso de datos satelitales, del terremoto de 4,8 grados de magnitud registrado en el este de Texas en 2012 con los pozos de inyección de aguas residuales asociados a la práctica de fracturación hidráulica, conocida como “fracking“.

Si bien hace tiempo se sospechaba que el terremoto de 2012 – el más grande registrado en la región hasta la fecha – fue causado por la inyección de “grandes volúmenes de aguas residuales procedentes de las actividades de petróleo y gas en rocas muy por debajo de la superficie“, esta es la primera investigación en relacionar definitivamente la actividad sísmica a la cuestionada práctica.

“Nuestra investigación es la primera en ofrecer una respuesta a las preguntas de por qué algunos procesos de inyección de aguas residuales provocan terremotos, donde empieza y por qué se detiene”, afirmó el coautor del estudio William Ellsworth, profesor de geofísica en la Escuela de la Tierra, Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Stanford.

El estudio utilizó una técnica de teledetección remota llamada Interferometría con Radar de Apertura Sintética o InSAR por sus siglas en inglés, para “medir deformaciones de tierra cerca de los pozos en el este de Texas, donde se produjo el terremoto. La InSAR utiliza radares para detectar pequeños cambios de la superficie de la Tierra, a una escala de centímetros.

De acuerdo al comunicado de prensa entregado por la Universidad, el equipo de investigación se centró en cuatro pozos de alto volumen que se utilizan para la eliminación de aguas residuales, que se encuentra cerca de la ciudad de Timpson, Texas, epicentro del terremoto de 2012. Los cuatro pozos comenzaron las operaciones entre 2005 y 2007 y en su momento de máxima producción se inyectaron unos 200 millones de galones de aguas residuales por año bajo tierra.

El agua salobre coexiste de forma natural con el petróleo y el gas dentro de la Tierra. Después de extraer esta suspensión mediante fracturación hidráulica u otras técnicas, empresas de perforación separan el “agua producida” del petróleo y el gas y luego vuelven a inyectarla en los pozos de eliminación de la Tierra.

Según Ellsworth, “tras el proceso de fracturación hidráulica las aguas residuales quedan demasiado saladas y contaminadas con otras sustancias químicas para su tratamiento, por lo que la única solución viable en la actualidad es inyectarla de nuevo bajo tierra.”

De acuerdo al estudio publicado en la revista Science, donde se inyectan las aguas supone una importante diferencia; directamente por encima de donde se produjo el terremoto se encuentran dos de los pozos de eliminación donde se inyecto agua residual a más de 1 milla (1,6 km) de profundidad. Mientras que por encima de los otros dos pozos donde se inyectaron volúmenes similares de aguas residuales, pero a menor profundidad, el movimiento sísmico fue menor.