La plaza 12 de Octubre es un centro social. Rodeada de algunos de los establecimientos educacionales más insignes de la comuna, a esta hora comienzan a transitar adolescentes en uniforme que vienen saliendo de la Jornada Escolar Completa. Vienen del Panamerican College, del Liceo Insuco Chile, del Liceo Andrés Bello A-94 (donde estudiaron y se conocieron Los Prisioneros) y también del Instituto Miguel León Prado. Al igual que ellos, venir acá tras salir de clases era parte habitual de su rutina durante los doce años que estudió en el último colegio mencionado.

Hoy es equinoccio y la primavera se estrena en su primer día con un sol radiante que da 28°C a las 4:30 de la tarde. Las únicas bancas que gozan de la sombra están ocupadas por algunos grupos de amigos echando la talla, por lo que Daniel Alejandro Riveros Sepúlveda (34) -conocido continentalmente como Gepe- propone sentarse en el pasto y así utilizar la sombra de un arbolito de la calle Ruiz Valledor para capear el calor. Lo dice con la propiedad de quién conoce y sabe que está en su barrio de toda la vida. “Yo nací en La Cisterna, pero a los tres años me vine a vivir a la calle Llico, paradero 11 y medio, en un pasaje. Luego entré a estudiar al León Prado, que queda acá a la vuelta”, cuenta.

El sector es un barrio de casas antiguas y grandes que el mismo Gepe se apresura en afirmar que no es tan representativo de la comuna. Una comuna que fue dividida en tres durante la dictadura militar y que dejó los barrios más empobrecidos en otras dos divisiones municipales: Pedro Aguirre Cerda y San Joaquín. “A mí me toco vivir aquí durante mas de 20 años, por lo que hay códigos de la clase media sanmiguelina que tengo incorporados”, señala en medio de una comuna que, tras su fragmentación, dejó pocos barrios proletarios. “Este sector es como Macul, o como algunas partes de La Florida”, explica para dar cuenta del ethos mesocrático de la zona de El Llano.

Esta calurosa tarde de septiembre, Gepe recorrió junto a El Desconcierto las mismas calles de su infancia y juventud, las mismas donde salía a andar en bicicleta y skate (“nunca saqué flip, pero sí ollie“, confiesa) o simplemente callejear con los amigos de sus primeras bandas -como Taller Dejao-, en la época en donde estaba comenzando a meterse en lo que hoy lo tiene convertido en uno de los músicos más reconocidos tanto del pop nacional como de la escena indie hispanoamericana. Con 15 años de carrera a cuestas y cinco discos de estudio, Daniel Riveros se apresta a dar el segundo Teatro Caupolicán de su carrera con “A la carta”, el concierto donde sus fans -mediante votación web- eligieron las 30 canciones que el músico interpretará y que más tarde, tras regresar a Providencia -la comuna donde actualmente vive-, ensayará hasta la noche para preparar el show del 1 de octubre.

¿Cómo se enmarca este recital “A la carta” en tu carrera? Es un Caupolicán, y aunque tú ya hiciste uno el 2014 y lo llenaste, de todos modos no deja de ser.

En términos prácticos sirve para medir cierta capacidad de convocatoria, porque en general nosotros tocamos en festivales como Lollapalooza y uno realmente no sabe quiénes te van a ver a ti. Pero en realidad eso es lo que menos me interesa. En los shows en festivales, donde te dan 40 minutos o una hora, hay poco espacio para explayarte porque hay que entretener y tocar los hits o las canciones que la gente mas conoce, sobre todo las mas prendidas. Por eso tener un concierto para explayarse en profundidad, generar un guión y un relato un poco complejo es importante. El concierto, como lo tengo planteado, tiene una visualidad especial. Hay un trabajo escénico en canciones que antes ni siquiera tocábamos, como ‘Celosia’ o ’12 minerales’, permitiéndonos hacer arreglos que no se pueden hacer en otro tipo de escenarios porque simplemente aburren a la gente en lugares donde todo tiene que pasar mas rápido.

Es también una instancia, me imagino, para canciones que hace tiempo no tocas en vivo, ¿no?

Sí, así por lo menos lo vemos nosotros. Yo siempre intento colar alguna que otra fuera de los hits, sobre todo últimamente. Creo que no tocar los singles está bien, la gente tiene cariño por ciertas canciones. No sé, ponte tú las nuevas ‘Piedra contra bala’ o ‘Ser amigos’ -aunque esa ahora es single-. Son canciones que la gente eligió pero que, por lo mismo, yo ya les tenía conciencia de singles.

¿’Piedra contra bala’ o ‘Ser amigos’ no las estabas tocando antes?

No, desde este año empecé a incorporarlas, hace poco. La idea del concierto “A la carta” tiene mucho que ver con la gira que hicimos este verano. Sobre todo acá en Chile me decían: “La raja la tocata pero podríai tocarte, no sé, ‘Victoria Roma’ o ’12 minerales'”. Y yo decía: “Puta, igual me gustan esas canciones, estaría buena revisitarlas”. La manera más democrática de hacerlo era convocar una votación donde cualquiera pudiese votar por cinco que quisiera escuchar. Y estuvo bonito eso, porque de las 30 que van a sonar -más una que es un cover-, poco menos de la mitad son singles y el resto son canciones como ‘Los barcos’ o ‘La enfermedad de los ojos’.

Es un concierto de lados B, por así decirlo.

En cierta manera, claro. Singles que no fueron, que quedaron en el camino, pero que podrían haber sido. ‘Celosía’, desde el 2010 hacia atrás, siempre la tocaba, pero después la olvide. Y de las antiguas esa fue la mas votada, lejos, inclusive le ganó a canciones más actuales. Y me gusta porque yo pensaba que desde el disco “GP” en adelante el público había cambiado y la verdad es que no. La gente que está intentando ir a este 1 de octubre es gente de varias épocas de mi carrera.

¿Te gustaron las canciones que quedaron al final? ¿Echaste de menos alguna que te habría gustado que votaran?

Sí, a último minuto puse canciones de Taller Dejao para que votaran, y parece que ésas la gente no las cachaba tanto. Eso fue lo único que produjo un poco de mini frustracion, porque pensé que la gente se podría acordar o interesar. Pero bueno, filo, hay otras que le tenía harto cariño y no tocaba hace hartos años, como ‘Victoria Roma’ o ‘Las piedras’, canciones que en su momento las encontraba importantes, que me gustan. Esas son las dos que más he disfrutado ensayándolas, y fue bonito que la gente me las recordara.

Foto: Camila Aguilera

Foto: Camila Aguilera

Las mujeres en la música son mejores que los hombres

El Instituto Miguel León Prado se emplaza imponente en la esquina de María Auxiliadora con la Gran Avenida José Miguel Carrera. Así como el municipal ex Liceo N°6 es recordado como el colegio de González, Narea y Tapia, el particular subvencionado León Prado fue la escuela de Riveros. Al pasar frente a su establecimiento, Gepe afirma que en él forjó los códigos de la clase media sanmiguelina. “Yo diría que lo más importante es que en el colegio me crié con gente de todos lados y nunca sentí que hubiera discriminación por origen social, el bullying nunca fue por la clase social”, asegura.

Yendo hacia el sur del paradero 12 y medio de la Gran Avenida, Gepe se encuentra de frente con el Matia’s Pollo, una picá donde Riveros confiesa que siempre iba a comer con sus amigos a después de clases. “Yo tengo postales, imágenes y sensaciones de mucho cariño de este lugar”, afirma mientras recuerda el sitio donde había un Blockbuster en el que arrendaba películas. Al doblar por Ureta Cox rumbo al centro de Detención Preventiva de San Miguel (la cárcel donde el 2010 murieron trágicamente 81 presos dentro del recinto) aparecen paisajes que son visibles en el video de ‘Punto Final’, la canción que Gepe creó para homenajear su niñez en la comuna, rescatando la cotidianeidad y el sentido de pertenencia al sector comprendido entre Departamental, Santa Rosa, Carlos Valdovinos y la Panamericana.

En Ureta Cox esquina San Francisco, Daniel comienza a hablar de la historia política de San Miguel. Recuerda que el 2014, en la plaza 12 de Octubre, tocó en vivo en el aniversario N°4 de la tragedia de los 81 presos de la Cárcel de San Miguel, un hecho que lo afectó profundamente, pues en ese lugar solía ir a jugar con sus amigos y ver en primera persona el drama del sistema penal chileno. “Tener un fracaso del Estado en la comuna es muy fuerte. Ahora intentaron bajarle el perfil como cárcel de mujeres, pero la sobrepoblación y el desastre de esa tragedia es terrible. Uno no puede decir que San Miguel es una comuna alegre, tiene esa marca y la va a tener para siempre, para toda la historia”, comenta frente al memorial que conmemora a las víctimas del siniestro.

Desde ahí, Gepe comienza a hablar sobre la situación del país en distintos aspectos. Bajo la sombra de los sectores residenciales que aparecen recreados en el videoclip, el músico comenta que, pese a repudiar las AFP (“me parecen un desastre, un abuso, un negocio”, exclama), cotiza en una y su empleador es la Sociedad Chilena de Derechos de Autor (SCD). “Ellos hacen el nexo y ahí uno elige si te descuentan de los derechos de autor o lo hace uno directamente. La tomé porque me pareció una decisión práctica, me dijeron que apenas uno pueda había que hacerlo. Fue una reacción muy inconsciente”, explica.

Sobre el tema de la seguridad social de los trabajadores de la música, Claudio Narea, a principios de los ’90, formó la Asociación de Trabajadores del Rock (ATR), una gremial que agrupaba a los músicos de esa época. A modo de talla, los que trabajan en tu sello Quemasucabeza fueron a la marcha contra las AFP bajo la sigla Fetrapop (Federación de Trabajadores del Pop). ¿Tú crees que es posible en Chile una organización laboral de los trabajadores de la música?

A mí me da la impresión que sí. Tengo entendido que el Christian Gálvez (reconocido bajista chilena de jazz fusión) está creando la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes, una organización que existe en otros países y que a mí me parece súper importante. Los intérpretes son una parte de la gente que trabaja en la música en Chile que han quedado sin cuidado desde siempre, y que son la gente que es principalmente ejecutante de instrumentos. A mí me parece una súper buena iniciativa de parte de Christian que, hasta donde entiendo yo y al igual que la gran mayoría de los jazzistas, él toca en general estándares de jazz que no son composiciones de él. En el caso del Fetrapop, claro, habría que definir lo que es pop: si pop es quien hace canciones o quien tiene un sonido pop (y habrá que definir lo que es pop), pero como primer impulso me parecería súper natural.

Los ejecutantes en general están en una posición laboral mucho más precaria que los autores.

Por eso te digo. Hay una aparente segunda categoría y no po, los intérpretes son súper importantes. Yo no me considero un ejecutante muy avezado, siempre he tenido que recurrir mucho a ellos, sobre todo en los dos últimos discos. Y se arma un lío porque en la primera etapa de mi carrera, cuando salíamos para atrás economicamente con los discos, no teníamos mucha plata para ofrecerle a los intérpretes, así que lo que yo hacía era darles un porcentaje de composición y autoría. Ya cuando hubo un poquito más de plata se les pagaba, que es lo que hacemos nosotros ahora: pagamos por sesión, por día o por hora. Pero igual es importante resguardar lo que ellos aportan a cada canción.

¿Y ahora cómo te relacionas con ellos?

Ahora llego a un acuerdo con la persona: se les convoca como músicos de sesión. No sé po, hay gente que toca bronces y como yo no sé escribir en partitura, pido que por favor me ayuden a transcribir lo que yo estoy cantando, y eso ya es otra cosa. Ese tipo de cosas hay que afinarla y la iniciativa del Christian Gálvez me parece súper válida.

Sobre lo mismo, ¿cómo es tu relación laboral con las mujeres? A mí me da la impresión que el medio musical, al igual que cualquier otra área productiva de la sociedad chilena, sigue siendo profundamente machista. Tú que estás dentro de la industria, ¿crees que es así?

Sí, sin duda, pero me da la impresión que en la música no existe una brecha tan grande como, por ejemplo, en el mundo empresarial, donde las mujeres ganan menos que los hombres haciendo la misma pega. En la música en Chile, como yo lo veo, las mujeres siempre han pegado mas fuerte. Yo creo que la discriminación pasa sobre todo con deslices en algunos medios periodísticos donde a las mujeres se les resalta su imagen antes de hablar de su trabajo musical. A los periodistas se les sale sobre todo por una cosa de crianza, media inconsciente.

Pero no creo que la culpa sea sólo de los periodistas, me parece que es una cultura arraigada que, aún en espacios que en apariencia son más seguros como la música, menoscaba la importancia del trabajo de las mujeres en desmedro del de los hombres.

Yo en mi caso siempre he admirado a la artista femenina. Ponte tú, para mí la Javiera (Mena) me parece la artista más completa, ella hace lindas canciones que tienen una matemática muy especial ante la cual yo me quedo corto y no la puedo entender. La Camila (Moreno) tiene una capacidad de cambio muy rápido, potente y visceral que es muy admirable. La Francisca (Valenzuela) también: es una persona muy trabajadora, muy sistemática, un paralelo a lo que hace el Alex Anwandter, una persona muy proactiva, sistemática, que sabe qué hacer, qué decir, cómo funcionar. Yo, por mi parte, he tenido de principal foco de inspiración a la Violeta (Parra) y a la Margot (Loyola), a quien además tuve el honor de conocer. No sé, siento que son más grandes que los hombres.

Tú en tus bandas siempre has incluido mujeres. ¿Es algo que sucede a propósito -así como una especie de cuotas de género- o simplemente se da?

Es un mezcla de ambas. En el mundo en que me crié musicalmente, en el grupete de amigos que estábamos al principio del 2000, había tanto hombres como mujeres haciendo música, cuando el tema de género todavía no estaba tan presente aún. Por lo menos en la escena que yo compartía, que era la parte más pop o experimental, hombres y mujeres valían lo mismo. Así que siempre me acostumbré a disponer o a preguntarles si es que querían tocar conmigo con total libertad.

¿Qué tan vital es la sensibilidad femenina en tu música?

Yo siento que las voces femeninas son irremplazables. Siempre necesito que haya una, por un tema de timbre. De hecho, la Yeimy (Navarro, bailarina) entró al grupo porque ella quiso, ella me empezó a insistir. Yo le decía: “No es necesario, si esto es música nomá’, ¿por qué tiene que haber baile?”. Y ella insistía: “Tení que hacerlo, tení que hacerlo”. Y así entró al grupo. No fue una decisión premeditada, en ningún caso, ella peleó por entrar en ese puesto y convencerme, y lo logró. En el sello también trabajo con mujeres: con la Pía (Vargas), con la Carla (Arias), con la Ximena (Egas). A mí se me hace natural trabajar con ellas, así me crié al menos. Siento que en la música, al menos en Chile, las mujeres han sido mucho más propositivas que los hombres. Llevan cancha, tiro y lado: Violeta Parra, Margot Loyola, Gabriela Pizarro, Javiera Mena, Camila Moreno, Francisca Valenzuela y cuántas más.

¿Te declaras feminista?

Sí, yo me considero feminista. Siempre he compartido con mis compañeras en la música, diariamente incluso. Me ha tocado verlas hacerlo muy bien en roles que se asocian tradicionalmente a lo masculino, como ser roadie, por ejemplo. Las roadies mujeres funcionan perfecto. O técnicos, una chica venezolana que se llama Mariangel que hace perfecta su pega, no hay nada que pedirle más, ni tampoco menos. Se ha hecho un espacio sola; es más, creo que a ella algún día la deberían entrevistar, porque es admirable el trabajo que ha hecho. Ella está en esta pega de técnico de escenario hace unos 7 años. Pedropiedra también tenía una roadie mujer muy bacán, nosotros tenemos iluminadoras, músicos (la Manuela Baldovino, la Yeimy Navarro). Para mí es natural que estén ahí.

¿Siempre pensaste así o la reflexión llegó con el paso de los años?

En un país como este, es normal que mi entorno familiar y el colegio fueran bastante machistas. Supongo que eso se hereda de la cosa latifundista chilena y de la moral católica cristiana, que nos ha dominado y nos sigue dominando, y que pone al hombre con un poder que esta sobredimensionado en relación a la mujer. Me acuerdo que en mi colegio, en el curso que estaba arriba mío, empezaron a entrar mujeres y se fue convirtiendo en un colegio mixto. Siento que hubo un cambio ahí. Mis primos, que eran más grandes y que iban en mi mismo colegio, creo que tenían una manera de estar en el mundo bastante más atrofiada. Por ejemplo, no sé si el hecho de que hayan colegios de hombres y mujeres hoy tenga sentido.

Hace poco hubo un debate, no sé si cachaste, a propósito de una niña de 11 años que escribió una carta al…

Sí, la Marina Ascencio, la niña que escribió la carta al Instituto Nacional.

Sobre eso, el otro día leí una talla que tiró Fabrizio Copano en Twitter donde dijo “que no existan más los colegios de un solo sexo. Yo iba en uno y cuando una niña se sentaba al lado mío en la micro casi me daba un infarto”.

(Risas) Claro, yo lo veía en mis primos o los que iban en cursos más grandes, que no alcanzaron a tener clases con mujeres y eran más torpes. Pero más allá de hacer un análisis psicológico de las personas, siempre fue bonito estar con niñas. Creo que uno obtiene una educación más completa. Y no estoy hablando de aprender matemáticas o castellano, es una cosa de roce. Lo de esta chica Marina es súper válido, ¿por qué no habría de tener la posibilidad de entrar a un colegio como el Instituto Nacional?

Foto: Camila Aguilera

Foto: Camila Aguilera

En Santa Ester con Chiloé está uno de los locales que aparecen en el video de ‘Punto Final’. Es una especie de restaurant que por fuera parece apenas un almacén, que tiene un par de mesitas y una rocola. El sol no ha bajado y Daniel vuelve a hablar de música, de que está pronto a lanzar el video de su nuevo single ‘Ser amigos’, de que la canción ‘Siempre quiero lo que no tengo’ está totalmente influenciada por ‘Donde manda marinero’ de Andrés Calamaro (“es un plagio descarado, lo admito”, confiesa) y de que ya tiene 11 canciones compuestas para un futuro próximo disco. También habla sobre el oficio de dar entrevistas: dice que en realidad se lo toma como un trabajo, pero ya no soporta que le pregunten qué significa su seudónimo o que pronuncien “yepe” o “guepe”.

¿Qué sentido tiene para ti regresar a estas calles?

Sensaciones y postales de toda una vida. Pasar por fuera de la cárcel, por Ureta Cox y Madeco, siempre fue un lugar donde era difícil entender por qué sucedía lo que sucedía. Yo cuando chico peluseaba con mis amigos por ahí y veíamos las colas de gente en los días de visita. La gente le hablaba al muro de enfrente de la cárcel, porque el sonido rebotaba y lo podían escuchar los presos. Esas son imágenes fuertes igual. O estar 23 años casi sin salir de la comuna, donde con cuea iba al centro o al Persa del Bío Bío, sin duda que a uno lo marca, para bien y para mal. Tengo recuerdos de cuando estábamos en dictadura y de los cadenazos que cortaban la luz cada 11 de septiembre. En los ’80 me tocó ver marchas por acá todo el tiempo. El primer recuerdo de mi vida es el terremoto del ’85: la puerta de mi pasaje se descuadró y yo me quedé encerrado con un amigo en el patio. La casa rompiéndose, partiéndose, y de repente viene el papá de un amigo y nos sacó.

¿Siempre vuelves para acá?

Siempre. Todas las semanas. A estas calles les tengo mucho cariño. Acá está mi familia, mi hermana, varios amigos, mi infancia. Mis códigos de vida están acá.

Gepe en vivo: A la carta

  • Teatro Caupolicán (San Diego 850)
  • Sábado 1 de Octubre, 20:00 horas
  • Entradas a la venta en Ticketek, Disquería Sonar y Tienda Snog
  • Galería: $8.000 / Cancha: $12.000 / Platea: $16.000 / Palco: $18.000
  • Niños hasta 10 años no pagan