No es sorpresa para nadie que las columnas de opinión de El Mercurio muchas veces dan una visión con la distancia de un pedestal. Algo así fue lo que ocurrió el día domingo en el espacio de “En TV”, del cuerpo A, donde -como no- le tocó el turno a Rafael Garay, el economista que hoy está en el ojo del huracán por su huída del país a propósito del fraude de la estafa piramidal.

“Hoy en Chile, un hombre puede convertirse en casi todo lo que una familia de clase media de provincia puede soñar para su hijo en el ámbito laboral: Un profesional considerado experto en su área, profesor de casas de enseñanza superior, candidato a senador y hasta una celebridad”. Así partió Claudia Guzmán su columna, para luego referirse a “Los peligros de la movilidad social”, que para ella serían los culpables del culebrón que se ha armado en torno a Garay.

Si bien el punto central del artículo era la irresponsabilidad con que los medios acogieron como experto a un personaje sin chequear sus antecedentes -por ejemplo, ahora se duda que Garay sea efectivamente economista- nunca se aleja del punto de partida: el origen de clase de Garay, culpando a su “ambición desmedida o arribismo social” de todas las farsas en las que se encuentra envuelto, y por supuesto, a la televisión por no darse cuenta que el espacio que le estaban dando a un experto, era solo darle tribuna al hombre que era “casi todo lo que una familia de clase media quería”.

Así reaccionaron en Twitter ante la columna: