En conversación con el diario español El País el hijo del fallecido narcotraficante Pablo Escobar, Juan Pablo Marroquín, reaccionó indignado ante la segunda temporada de la serie “Narcos”, la multimillonaria producción de Netflix. En esta pasada, la serie muestra los últimos meses del “patrón” de Colombia y el declive de su poder a manos del Cartel de Cali. Sin embargo, para su hijo Juan Pablo -que cambió su apellido Escobar por Marroquín- la serie “está llena de errores. Para empezar: yo no era un niño. En la serie parezco Benjamin Button, cada vez soy más chiquito, aparento ocho años. Yo tenía 16 años cuando murió mi padre. Y me enteraba de todo. Él siempre me contó que era un bandido, un narco. Veíamos la televisión y no le temblaba la voz al decirme: esa bomba la puse yo. Y discutíamos”, explicó a El País.

Recientemente, el hijo de Escobar publicó una lista con todos los errores que, en su visión, comete la serie, como afirmar que Pablo Escobar era seguidor de Atlético Nacional, cuando su equipo era el Independiente de Medellín. También afirma que su padre no fue asesinado por la policía, sino que se suicidó. Y que su abuela, interpretada en la serie por la chilena Paulina García, traicionó a Escobar con el Cartel de Cali. “No se reflejan los momentos de soledad, miedo, zozobra, terror. La violencia era mucho más atroz de lo que la serie muestra. No estoy en absoluto orgulloso, pero tenemos que ser serios. Yo me ofrecí a colaborar con Netflix y lo rechazaron”. 

Juan Pablo Marroquin, quien hoy vive con su madre en Buenos Aires, también rechaza que en la serie se “dulcifique” la imagen de Escobar, quien es interpretado por el brasileño Wagner Moura. “Mi padre era mucho más cruel de lo que se refleja en la serie. Sometió a un país con el terror. Hay que tratar esta historia con responsabilidad. Hay miles de víctimas y un país detrás que merece respeto. Están inculcando una cultura en la que parece que ser narcotraficante es cool. Me están escribiendo jóvenes de todo el mundo que me dicen que quieren ser narcos y me piden ayuda. Me escriben como si yo vendiera tickets para ingresar a ese mundo”, reclama.

En esta última temporada, que ya ha sido vista por millones de personas, se muestra cómo Escobar empieza a perder su poder de la mano de la implacable persecución del estado colombiano y, a la vez, su guerra personal con el Cartel de Cali. Sin embargo, para Marroquín la huida no es retratada de manera fiel: “No vivíamos con lujos en la fuga. Ojalá el final hubiese sido con esas mansiones con piscina que aparecen en la serie. Tampoco estábamos rodeados de bandidos. Estábamos muy solos, todos le traicionaron, se entregaron o los mataron. A veces compraba una casa y en la misma noche teníamos que abandonarla y se perdía esa plata. Nos movía siempre con los ojos vendados. Decía que así si nos capturaban y nos torturaban no podríamos entregarle. No usaba el teléfono. Mi padre decía que era la muerte, que él siempre había localizado por el teléfono a la gente a la que quería matar. Tampoco mi abuela era esa mujer tierna que aparece ahí. Ojalá. Ella le traicionó con el cártel de Cali. Tuvo que elegir entre su vida y la de su hijo y eligió salvarse”, cuenta.