“La comprensión humana no es simple luz sino que recibe infusión de la voluntad y los afectos; de donde proceden ciencias que pueden llamarse “ciencias a discreción”. Porque el hombre cree con más disposición lo que preferiría que fuera cierto. En consecuencia rechaza cosas difíciles por impaciencia en la investigación; silencia cosas, porque reducen las esperanzas; lo más profundo de la naturaleza, por superstición; la luz de la experiencia, por arrogancia y orgullo; cosas no creídas comúnmente, por deferencia a la opinión del vulgo. Son pues innumerables los caminos, y a veces imperceptibles, en que los afectos colorean e infectan la comprensión.”

FRANCIS BACON Novum Organon (1620)

Me aprovecho de las noticias que leo sobre Rafael Garay y me acuerdo que desde hace bastante tiempo que quería escribir sobre la mentira, pero por un motivo u otro no conseguía terminar el texto.  No entendía porque tanta dificultad hasta que me di cuenta que para escribir, sobre cualquier cosa, necesito involucrarme y en este caso tendría que hacerlo con algo que imaginaba que otros hacían y yo no.

Descubrí que si publico un artículo donde voy a mostrar algunos estudios que dicen que los seres humanos mentimos y además se atreven a decir que otros animales también lo hacen, soy obligada a incluirme. Entonces, para evitar mal entendidos inicio el texto diciendo: Los seres humanos mentimos. Miento yo, mientes tu, mentimos nosotros y quien dice o cree que no miente, miente.

Mentimos varias veces al día. Le mentimos a los otros y además nos mentimos a nosotras mismas. Omitimos, disfrazamos, ocultamos, maquillamos o disimulamos. Usamos varias formas creativas de hacer con que nuestra mentira parezca menos mentirosa pero no dejamos de mentir.

¿Por que mentimos? Bueno, no es muy difícil. Mentimos por que funciona, sólo eso.

Mentimos por que al hacerlo conseguimos lo que queremos. Mentimos, dicen los estudiosos, porque la naturaleza favorece el artificio como una manera de sobrevivir.  De este modo, algunas plantas y otros animales consiguen algunos bellos camuflajes para engañar a sus presas y a veces a sus futuros amantes. Esto sin duda, me dejó bastante aliviada, la mentira no es una característica apenas de los humanos y humanas.

Algunos estudiosos del comportamiento animal, principalmente de primates superiores, afirman que ellos también se utilizan de algunas artimañas para conseguir sus objetivos. Cuanto más compleja la red social más sofisticada es la forma en como ellos y por deducción nosotros, humanos, nos fuimos transformando en expertas y expertos en el arte de negociar, blufear o disimular. Todo esto claro sin ningún juicio de valor, apenas como un medio de mantener la especie.

Entonces, aceptando la hipótesis que somos mentirosas y mentirosos y que lo hacemos con aquellas mentirillas que no nos parecen mentiras como cuando nos maquillamos, usamos peluca, cuando decidimos omitir algunas informaciones o cuando sonreímos y decimos buenos días y en realidad el día no es nada bueno, o cuando para no herir algún sentimiento decimos lo contrario de lo que pensamos. En todas estas situaciones se necesitan ciertas habilidades para ser un buen mentiroso.

Un buen mentiroso es aquel que nos engaña y, obviamente, al hacerlo, no nos damos cuenta que nos está traicionando con la verdad. Este mentiroso o mentirosa seguramente se dará mucho mejor en la vida que un mal mentiroso.

Pinocho, por ejemplo, era un pésimo mentiroso. Mentía tan mal que le crecía la nariz y todos se daban cuenta que estaba mintiendo. Un buen mentiroso, no demuestra que miente.

¿Y cómo se consigue esto? Gracias al autoengaño, dice el psicólogo evolucionista Robert Trivers. ¿Irónico no?

Nos molestamos tanto cuando descubrimos que somos engañados por otro ser humano pero aparentemente no nos damos cuenta y no nos importamos tanto cuando nos mentimos a nosotros mismos. Según Trivers, el autoengaño es una forma de estar adaptados al medio ya que sin este mecanismo en épocas remotas nuestros ancestrales habrían sido detectados en sus mentiras y castigados de formas un poco más severas que las actuales.

El gasto de energía para poder mantener una mentira es muy alto y siempre hay algo que nos delata, un gesto, una mirada, un movimiento de las manos. Es demasiado difícil mantener un secreto eternamente. Entonces qué hacemos, nos contamos un cuento y pasamos a creer en él, así de hecho no sólo sentimos que ya no estamos mintiendo, creemos que no mentimos y lo que es peor, creemos que no nos mienten. 

La hipótesis del autoengaño de Trivers es bastante polémica pero no deja de ser interesante. Explica por ejemplo como casi un país entero entra tranquilamente en una guerra por motivos que, a los ojos de otros, no tiene ningún sentido. Explica también varias creencias que aparentemente no tienen fundamento y responde incluso a algunas interrogantes como la facilidad que tienen algunos políticos de decirnos cosas que después parece que fuimos nosotros los que tuvimos algún tipo de alucinación auditiva al escucharlas.

Evitamos, dice Trivers informaciones que desmientan creencias que ya tenemos a priori y valorizamos las que las confirman. De este modo, el autoengaño, pasa a ser una excelente forma de perpetuar poderes dominantes y tanto los medios como los políticos saben de esto.

Aún no sabemos cuanto de lo que Rafael Garay dijo es mentira o verdad pero lo que si ya sabemos y nos sorprendemos o molestamos es por la capacidad que tenemos de ser engañados por los medios que un día afirman que alguien es un gurú, un experto, un ídolo o un sabio y al otro día, sin ninguna explicación por la afirmación anterior, afirman que es un delincuente.

Es gracias a mentiras divulgadas constantemente y a nuestra capacidad de autoengañarnos, al no cuestionar lo que nos venden como verdad, que los medios y políticos intentaron convencer a un país a destituir a una presidenta como hicieron con Dilma Rousseff en Brasil o a sembrar una constante sensación de inseguridad para impedir leyes, como lo hacen en Chile.

No tenemos cómo evitar que nos mientan, pero aceptar que nosotras también, muchas veces, mentimos quizás nos ayude a estar atentas a nuestros propios autoengaños y a las historias que nos contamos para poder aceptar ciertas cosas que no sólo parecen absurdas ¡Son absurdas! Y esto vale para política, economía y relaciones amorosas.

La mentira, por menor o más necesaria que pueda ser en algún momento, siempre es una forma de engañar a un otro u otra con algún objetivo que nos traerá un beneficio inmediato o futuro, pero no por eso deja de ser una mentira.

 


Psicóloga