Visitando la Bienal de Diseño de Londres hace algunos días se puede observar que los curadores y diseñadores de los respectivos países crearon instalaciones atractivas e interactivas obras; innovaciones y soluciones de diseño en un viaje de inmersión lleno de propuestas, inspirador y entretenido, sobre el mundo.

Como lo indica el catálogo en su página 7, “El diseño es un lenguaje internacional, que todos pueden entender. Que no reconoce límites o fronteras. Que siempre está tratando de hacer del mundo un lugar mejor”.

Un aspecto ya insoslayable es que los Estados y las ciudades están reconociendo que esta disciplina tiene el poder para lograr un cambio social e influir en el crecimiento económico sustentable. Cada vez los gobiernos y el mundo privado se dan cuenta que la creatividad de los diseñadores y sus sensibilidades se pueden poner al servicio de los desafíos del mundo de hoy. Jugar un papel vital en el suministro de soluciones ante problemas que afectan la manera de vivir, tanto de las sociedades opulentas como de las regiones más empobrecidas del planeta o las que luchan por encaminarse al desarrollo.

Al seguir el recorrido de esta bienal, el espectador va reconociendo en las propuestas la necesidad de desbloquear la creatividad de sus (con)ciudadanos y unirse a un conversación acerca de cómo se puede diseñar el mundo, teniendo como centro las necesidades de la gente. Ello es inspirador, además, cuando se está informándole al público, exponiéndolos a nuevas ideas, incentivándolo a crear debate en un diálogo constructivo, que adquiere mayor relevancia cuando es posible hacerlo en conjunto con otras naciones y ciudades.

Las instalaciones, de diseños originales y excepcionales, demuestran su interés por crear soluciones universales a los problemas que nos conciernen a todos. En este evento, desde la experimentación de formas, de multiplicidades de expresiones, la constante son las articulaciones de diferentes medios: objetos, audio, realidad virtual, videos; así, dando cuenta de toda una diversidad de expresiones tecnológicas y manuales en un solo lugar. Por supuesto algunas obtienen mayor éxito e impacto y otras no tanto, acaso por lo críptico de sus mensajes.

Estos países presentaron sus propuestas en el conocido Somerset House de Londres, muy cercano al bullicioso y energético centro de la ciudad y a metros del río Támesis. Lo interesante es que se abren espacios a una diversidad de lugares que no han tenido siempre la posibilidad de exponer sus miradas entre “la utopía y el olvido”. Naciones las más avanzadas como Japón, Suecia, Francia, Estados Unidos, Italia, por nombrar algunos, hasta los diseños de la “periferia”, países como Nigeria, Túnez, Líbano, Pakistán, Albania, con muy poca presencia en el diseño internacional, que sin embargo impactan por sus propuestas de avanzada, y usando conceptos provenientes de las adelantadas experimentaciones de los artistas de los años sesenta como las ya reconocidas instalaciones, centrando sus preocupaciones en la sustentabilidad, la energía, la desigualdad social.

Esta bienal nos ofrece y expone muchas veces con ironía y agudeza crítica tecnologías como la realidad virtual o la realidad aumentada. Hay propuestas para todos los gustos, unas con gran impacto visual y todas muy en la línea del tema expuesto, “diseño y utopía”. se advierte sobre todo una preocupación por los temas sociales, ecológicos, energéticos; todos ellos denotan la preocupación por el futuro de la humanidad. Se destaca el proyecto de Israel, un packaging que se lanza del aire llevando comida y agua en su interior. Así mismo lo hace saber Arabia Saudita canalizando parte de un oasis seco y vuelto a llenar a través de una serie de canales.

También el trabajo del artista Yasuhiro Suzuki, muy conceptual, usando la expresión del trazo simple de un lápiz hasta el video. En este caso él toma una mirada de soslayo a los objetos cotidianos, o como dice el catálogo, un concepto japonés llamado “mitate” o “mirando a un lado como si fuera otro”. Esta es una práctica tradicional que tiene sus raíces que se ubica en el arte clásico japonés; el diseño de jardines y la ceremonia del té.

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En la instalación Suzuki describe su propuesta como “un viaje alrededor del mundo del barrio”. Para ello expone una gran figura humana inflable, titulado “viajero de la siesta”, y además, maletas, objetos de acrílicos que contienen según el artista, obras inspiradas en objetos de uso cotidiano. Todo ello en un contexto familiar, una forma de observar los objetos de una manera más fresca. También los visitantes pueden escribir en un libro objeto sus propios deseos, su propio viaje a la utopía, por un mundo mejor.

Y cómo no rescatar la puesta en escena del proyecto Synco del Gobierno de Salvador Allende, que después de tantos años en el olvido, hoy recorre el escenario mundial como un proyecto que buscaba mejorar la producción de las empresas del Estado en la recién creada área social de la economía. En la perspectiva del tiempo se ve lo grandioso y adelantado en su tiempo, la iniciativa cibernética más avanzada en su época en el mundo. Además, venido de un país tan lejano de los centros de investigación y de avanzada del pensamiento científico. Hay que decirlo, muchas veces los ideales y las esperanzas pueden hacer efectivo los sueños, sobre todo en un gobierno como el de la Unidad Popular, que a través de este sistema buscaba mejorar la calidad y la producción de las empresas estatales. Un sueño, una utopía, una locura, como asegura el diseñador industrial Gui Bonsiepe, la materialización de las ideas de Stafford Bear, sin dejar de mencionar la gestión local de Fernando Flores, sus autores intelectuales y materiales.

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En este mismo campo, está el trabajo de la curadora Alexandra Sankova y el diseñador Stepan Lukyanov, que destapan y exponen los archivos perdidos del diseño soviético. Exhiben en su mayoría proyectos de diseño que nunca llegaron a implementarse; su ciclo de vida a menudo terminó en la fase de investigación o no pasó del prototipo. Como indican, era una tendencia del diseño soviético. Esto se explica por las limitaciones económicas, tecnológicas y hasta ideológicas, por lo que proyectos innovadores se mantuvieron reducidos a estudios de diseño y no llegaron al consumidor final. El diseño soviético históricamente no careció de ideas y nociones prácticas, pero se hizo notar la falta de vínculos entre los diseñadores y la industria, idea que vislumbra, es imprescindible para el desarrollo y la calidad de vida de las personas.

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Para concluir la exposición hace visible toda una amplia gama de experimentaciones que tienen como fin poner de manifiesto un diseño que se quiere insertar en las problemáticas del mundo de hoy, que busca estimular al espectador mostrándole nuevas formas, reutilizando materiales comunes, con mucha creatividad y sensibilidad. Provocaciones para hacer reflexionar hacia donde vamos, donde el diseño tiene mucho que aportar.


Académico Departamento Diseño, Universidad de Chile