Un clásico es un clásico. Da lo mismo el lugar que ocupen en la tabla o cómo viene el rendimiento del equipo, este partido es un torneo en sí mismo, una historia aparte que se basta a sí misma y que hoy vivirá su duelo oficial N° 181. Con un Colo Colo que llega a los tumbos bajo la dirección de Pablo Guede y una U que recién se está armando tas la salida de Sebastián Beccacece, ninguno de los dos equipos está peleando en la parte alta de la tabla, por lo que el principal condimento lo pone la rivalidad histórica entre ambos equipos.

No obstante, el espectáculo que ofrece esa rivalidad en la cancha muchas veces se traduce de la peor manera en las tribunas. En un fútbol que está cooptado por el dinero, donde los clubes son sociedades anónimas y la Ley de Estadio Seguro es un completo desastre, una de las pocas luces de esperanza que nos devuelven al espíritu amateur es el genuino amor por los colores que los hinchas manifiestan semana a semana en las canchas de todo el país. Las bengalas, las poleras revoleadas, los papeles picados y los cánticos -los benditos cánticos- que resuenan durante todo el partido son fotografías que nunca serán derrotadas por el fútbol-empresa, ése que quiere al público lejos del estadio para así sólo dedicarse a vender los derechos de televización, abaratar costos en seguridad y aumentar utilidades en publicidad.

La interna de las hinchadas tampoco es un territorio prístino. Los codos norte y sur de nuestras canchas están colonizados por las mafias en torno a las barras bravas -muchas veces financiadas por los mismos que dirigen las sociedades anónimas deportivas-. Pero no por eso vamos a destruir también la colorida fiesta de las tribunas, muchas veces casi tan bonita como un pase de 40 metros bajado sutilmente con el pecho o un gol en la última jugada del partido. La razón es simple: no hay nada más hermoso que tu equipo dejando la vida en la cancha y tú -al mismo tiempo- dejándola en la tribuna.

Es difícil precisar cuál es la razón que hace que un cántico nos ponga tan contentos. Probablemente es esa mancomunión, ese acto tribal de entonar junto a otras miles de personas una misma melodía, el lugar donde encontramos algo de humanidad detrás del sucio negocio. El lugar desde donde dan ganas de recuperar el espectáculo para nuestra gente, dotando de sentido los versos de aquellas populares canciones que semana a semana entonamos. En esa tarea, también corresponde acabar con el racismo, la xenofobia, la homofobia y la misoginia presente en muchos de los temas que las barras cantan en cada partido y que nos lleva a tratar de “maricón”, “zorra” o “flaite” al rival.

Por eso, en El Desconcierto hicimos un pequeño muestrario con 5 cánticos de Colo Colo y la Universidad de Chile, para realizar un llamado a los hinchas a pujar por la erradicación de estas líneas. O, a lo menos, como gesto mínimo, dejar de entonarlos en el estadio.

1. Jamás tendrán estadio

Jamás, jamás
jamás tendrán estadio
serán arrendatarios
igual que Don Ramón

¿Cuál es el problema con que un equipo no tenga estadio? Este cántico, que utiliza la melodía de ‘Jamas’ de Camilo Sesto, fomenta una sociedad clasista en donde el hecho que alguien sea arrendatario (igual que Don Ramón), como lo hacen muchos chilenos sin casa propia, sea visto como algo negativo. Es decir, ser pobre -no tener casa propia- es un defecto.

Foto: Agencia Uno

2. Indio cuma, ladrón y cogotero

Me miraste con ojos de garrero
indio cuma, ladrón y cogotero
y pensaste que ibas a colgarme
con qué ropa
indio conchadetumadre
indio chúpalo (x4)

Este es uno de los favoritos de la hinchada del “Bulla”. Musicalizado por ‘El tractor amarillo’ de Zapato Veloz, este cántico estereotipa a los adherentes al cuadro popular como delincuentes sólo por que la gran base de la Garra Blanca proviene de sectores marginales.

3. Eres una madre y hoy tendrás que correr

Esta es la Garra Blanca
la que tiene aguante
te lleva en la sangre
y te sigue a todas partes (somos)
somos los indios más locos
tú lo puedes ver
eres una madre
y hoy tendrás que correr (con colaless)

Para de correr (chuncho conchetumare)
Porque el albo es tu padre
Para de correr (chuncho conchetumare)
Porque no tienes aguante

Esta es la barra más loca que hay
que en todos los barrios siempre la lleva
la lleva, cagón

Tratar de “madres” al rival ya es un problema en sí mismo. ¿Qué tiene de malo ser madre? ¿Qué tiene de malo ser mujer? Acá no sólo se denota la misoginia explícita que rodea a los hinchas del fútbol en general (lo mismo con el caso de “zorras” y “monjas”), sino que además la Garra Blanca se atribuye la denominación de ser “padres” de la U. Machismo, misoginia y patriarcado, todo en las mismas estrofas.

4. Zamorano es terrible de maricón

Toda la gente lo sabe y lo comenta
que Zamorano es terrible de maricón
allá en España culió con Amavisca
la boda estaba lista
el hoyo le rompió
tuvo un amante, Fabián Estay gozaba
se daban vuelta y vuelta no lo pueden negar
su madre dice que el Bulla es lo mas grande
que tuvo un hijo hueco y no lo puede cambiar

Por eso te regalará
un montón de colaless
tus pololas no lo inventó
son maracas de TV
por eso indio maricón
no sabes lo que es pasión
te lo dice tu papá
que es la hinchada del León

Más allá de la estima o valoración que cada cual le pueda tener a Iván Zamorano, que una barra ataque a un futbolista de esta manera debería estar prohibido. La Ley Zamudio perfectamente podría aplicarse a Los de Abajo en este melodía inspirada en ‘Te quiero dar’ de La Mosca Tse Tse.

Foto: Agencia Uno

5. El que no salta es un _____ maricón

Porom pom pom
porom pom pom
el que no salta es un chuncho/indio maricón

A comienzos de este año, la selección chilena fue sancionado con 50 millones de pesos por los cánticos homofóbicos que la hinchada de la Roja emitió en los cuatro partidos de las Eliminatorias a Rusia 2018 (“el que no salta es brasileño/peruano/colombiano/uruguayo maricón), una medida que debería empezar a operar también a nivel de clubes. Por lo mismo, nuestro llamado es a disfrutar del superclásico resaltando los versos que fomenten el respeto y la competencia leal antes que el insulto y el daño a la honra del archirrival. Otro fútbol es posible.