“Discutir con la derecha estos temas es una pérdida de tiempo”.

Así de tajante es el experto en educación sexual Leonardo Arenas en referirse a la polémica surgida en torno al libro de sexualidad que liberó la Municipalidad de Santiago y que hizo a los sectores más conservadores del país retorcerse. La publicación, surgida de una serie de preguntas realizadas por los propios estudiantes, causó polémica por el contenido supuestamente explícito con que tratan los diferentes  contenidos.

Arenas presentará este jueves en la Primavera del Libro la investigación “Políticas en Sexualidad y Educación: Aportes para una historia de la educación sexual en Chile (1990-2016)” de ediciones El Desconcierto, que trata precisamente del tema que ha estado en boga estas semanas: las políticas de educación sexual desarrolladas por el Ministerio de Educación desde 1990 en adelante.

Arenas reconoce lo novedoso de la iniciativa y el aporte que está brindando al debate sobre las políticas de sexualidad. Y cuenta una anécdota: “Acabo de hacer una investigación en Paine, hice una charla y solicité que los estudiantes del colegio me mandaran… hicimos una “caja preguntona”, una caja en que las y los estudiantes meten sus preguntas de forma anónima para yo poder tener esos elementos para hacer el taller y las preguntas fueron las mismas, exactamente las mismas. Yo creo que quienes critican este tipo de preguntas, que es un tema puntual, se olvidan de que fueron jóvenes. Los adultos nos olvidamos que fuimos jóvenes, nos olvidamos de todas las dudas que tenemos y se colocan como estos factótum de la vida, de la verdad”, dice.

– Las declaraciones de Ossandón -más allá del tema del sexo anal- apuntaban a que los niños y niñas no tenían derecho a preguntar sobre su sexualidad y el tema quedaba bajo la responsabilidad de los padres…

– Creo que la derecha tiene un problema de ignorancia con respecto a estos temas y cuando tiene que discutirlos recurre al sentido común, a los lugares comunes de su pensamiento, de lo que ellos creen que debe ser, etcétera, y las cosas no son así. Discutir, en realidad con la derecha, considero que es una pérdida de tiempo con estos temas. Yo creo que hay que avanzar, y como hemos avanzado, la derecha discutió sobre la píldora del día después y ahora vemos los resultados y no andan tampoco los jóvenes haciendo el amor en las plazas o en los parques porque existe la píldora del día después, como lo dijo un diputado… lo peor es que son diputados.

– También han aparecido voces como las del psiquiatra Ricardo Capponi, que con cierto reconocimiento institucional, plantea una dura crítica desde la academia…

Yo diría que hay dos voces: uno es Caponni, y me preocupa Caponni porque él era uno de los sietes programas que postuló Lavín. Es un psiquiatra que ha ido cambiando su mirada, la ha ido actualizando, porque era peor… pero sigue siendo una mirada que no tiene el reconocimiento actual de los derechos de la diversidad, de la homosexualidad, y que es muy normalizadora, heteronormativa, es un conservadurismo muy brutal que no tiene matices. Y lo otro es Sergio Canals, también es un psiquiatra infantil que publica una carta el viernes en El Mercurio justamente con la crítica que podría ser la crítica desde la academia o desde la ciencia, y Canals también es uno de los que integraron el comité de expertos que validaron estos siete programas de Lavín, junto con Benito Baranda y Paula Bedregal. Ahí tenemos una mirada desde la comisión de expertos bien complicada en lo conservador y que puede aceptar incluso que uno de esos programas trate la homosexualidad como una enfermedad.

Esconden bajo los títulos y reconocimiento este conservadurismo…

– Como en el caso Garay, en que los medios no han hecho un mea culpa por presentarlo como un experto, siempre se levantan estas voces que vienen desde la academia y que al parecer son incuestionables… el hecho de que tenga un título una persona no lo hace experto y tampoco lo hace dueño de esa verdad, y la sociedad civil tiene que discutir esos temas.

– ¿Qué crítica plantearías tú al texto?

– Tenemos un libro que responde las preguntas de los estudiantes, si tuviera que hacer una crítica yo diría que me hubiera gustado que hubiese más gente de lo social que de la salud, que finalmente son los que implementan los talleres, la conversación cotidiana con los estudiantes. Lo otro es que efectivamente, con respecto a la pregunta de la niña (¿puede quedar embarazada si una niña de 6-8 años tiene RELACIONES)… la respuesta está correcta pero…

– La respuesta automática sería: eso es violación…

– Claro, ahí falta lo jurídico. Ahí faltan los derechos… pero si es que una niña de seis años no se embaraza y el embarazo ocurre por relaciones sexuales, es que no puede tener relaciones sexuales. Ahí se debería haber avanzado un poquito más en resguardar y al mismo tiempo promover los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

– El autor reconoció también la mirada biológica en esa pregunta.

– A mí me parece bien el libro de la municipalidad de Santiago y también la iniciativa que tiene Lo Prado, que fueron los primeros, con el ex alcalde Gonzalo Navarrete en instalar un dispositivo de sexualidad al interior de los colegios. Lo que a mí me preocupa, es que esto venga de salud, porque esto es educación sexual. Primero está el ministerio de Educación, que tiene que ver con la salud, porque o si no, nos vamos a detener siempre en esto en el aparato reproductor, las características de la pubertad o de la adolescencia, yo creo que hay otras disciplinas que deben entrar en esto fuertemente.

Educación heteronormativa

El trabajo de Arenas en el libro hace un repaso por los distintos planes y programas en torno a la sexualidad desarrollada por el Mineduc desde el gobierno de Aylwin en adelante, pasando por las JOCAS (Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad) de Frei, el Plan Nacional de Sexualidad, Afectividad y Género en el gobierno de Lagos, el portafolio de siete programas de Joaquín Lavín en el gobierno de Piñera e incluso una revisión del Plan Estratégico de Sexualidad y Afectividad que actualmente lleva adelante el Mineduc.

La primera conclusión que saca Arenas es que más allá de las distintas propuestas, lo que prima es “una mirada heteronormativa, una mirada en la que no aparece la diversidad sexual, una mirada en que los sujetos son ignorantes respecto a estos temas”.

– ¿Han tenido espacio los movimientos de diversidad sexual para entrar en los programas de educación sexual? La homosexualidad es cada vez más aceptada, pero ¿se dibuja en un límite al hablar de personas trans, por ejemplo?

– Yo creo que ahí hay una tensión bastante fuerte en el Estado chileno, para situarlo más allá de los gobiernos, respecto de qué estamos pensando por educación sexual. Tenemos un tema que es que es que hoy día no se habla de educación sexual, se habla de la educación en sexualidad, afectividad y género o se habla de educación sexual integral, porque la educación sexual remite a lo biomédico y a lo mejor ahí hay una crítica también a lo que realizó la municipalidad de Santiago, que siendo bueno, tiene una mirada muy biomédica. Segundo, tiene que ver con que son propuestas, es decir, tampoco tenemos la posibilidad de incidir fuertemente en los colegios con respecto de este tema. Acaba de decirlo Ramírez, que representa a los colegios subvencionados en La Tercera en función de que sería necesario, dice, implementar una política nacional…Lo que él no reconoce es que existe una ley que obliga a los colegios de enseñanza media a impartir programas de educación sexual que es la Ley 20.418.

– ¿Pero se aplica?

– En el libro hay un capítulo especial dedicado a la Ley 20.418. Además de la historia de los planes y programas desde Aylwin a Bachelet, hay tres estudios de caso respecto de las JOCAS, de cómo se abordó mediáticamente el tema de las JOCAS, que es algo muy parecido a lo que sucede ahora, es decir, las declaraciones de Ossandón son sin conocer el documento. Las JOCAS son una metodología especial, que quedó en el inconsciente colectivo, cuando se discutieron las JOCAS en los medios, a raíz de un artículo de la periodista Pilar Molina, actualmente trabajando en Canal 13 y hace poco directora de TVN en el cupo UDI, en ese reportaje que salió el 8 de septiembre de 1996 en El Mercurio, aparecían dos estudiantes con un condón en la mano y decía “La nueva política de educación sexual del Gobierno”, y eso generó una crítica feroz. El análisis que se hace en el libro, es que esa crítica sólo se basa en el artículo y nunca se fue al fundamento de las JOCAS. Hoy la senadora Goic dice, podríamos volver a instalar las JOCAS. La discusión segunda es si eso era educación sexual o educación social. No estaba dentro del aula, sino que era un espacio dentro de los colegios donde se integraban diferentes actores. Además de analizar las JOCAS, se analiza el tema de los embarazos adolescentes, especialmente la ley que promulgó Lagos de poder resguardar el derecho a la educación de las estudiantes embarazadas o madres y un estudio exhaustivo de la ley 20.418. A pesar que es una ley, que lo que quería era permitir entregar la píldora del día después, finalmente a través de un inciso, incorporado en el Senado, establece la obligatoriedad de la educación sexual, programas de educación sexual en Chile. Eso no ha sido abordado, eso no tiene respuesta en la superintendencia de Educación y el ministerio ha elaborado ciertas guías de orientaciones.  

– ¿La falta de implementación pasa por cierto conservadurismo implícito en sociedad chilena en sí?

– En la discusión de por qué no tenemos educación sexual en Chile, ha pasado y la crítica más fácil es decir que hay sectores conservadores, poderes fácticos, la Iglesia Católica. Pero también debemos reconocer, que si bien existen estos macropoderes, existen estos micropoderes también al interior de los colegios, y aquí tenemos profesores que no están capacitados o formados en estos temas pero que también deben resolver problemas personales con respecto a la sexualidad.

– Por eso preguntaba, la sociedad también es conservadora…

– Hay en la comunidad educativa ciertos elementos. Primero la malla curricular, en función de que estos temas no están integrados en la malla, salvo en ciencias naturales y en biología en séptimo y en segundo año medio. No tienes horas disponibles y cuando las tienes, se utilizan en lo que se mide la calidad de la educación, que tiene que ver con lenguaje y matemáticas. El tema de la afectividad, la sexualidad, son temas que no son medibles, por lo tanto, el interés de los docentes y directores cuando quieren promocionar su colegio, van a tomar el SIMCE, el puntaje SIMCE o cuántos estudiantes llegan a la universidad a través de la PSU y no van a tomar el tema de si son felices o no son felices en sus relaciones sexuales. Los profesores no están capacitados, los directores, la mayoría cree que los padres se opondrían, a pesar de que todas las encuestas dicen que los padres son los que están solicitando que las escuelas se hagan cargo de esto.

– Del repaso que hacías queda que sí han habido políticas educativas respecto al tema…

– El libro lo hice porque no encontré algo parecido, entonces, es un corpus que tiene limitaciones pero que creo que aporta fundamentalmente al conocimiento de las iniciativas que han existido de educación sexual. No es que en Chile no se haya hecho algo y que en Chile no exista educación sexual, existe educación sexual, lo que pasa es que la educación sexual pasa por ver programas de televisión como Morandé con Compañía, por el doble sentido, el chiste.

– Esa es la educación sexual que están teniendo los jóvenes, lo dijo la presidenta del Colegio de Matronas, que se aprende de sexo a través del reggaetón

– Exacto, entonces frente a eso, ha habido propuestas, se esclarecen cuáles han sido sus obstáculos y hasta dónde ha tenido profundidad la propuesta, para poder hoy día solicitar que tengamos una política nacional de sexualidad, pero que sea obligatoria…avanzar hacia una ley o hacia su incorporación en el currículum de enseñanza básica y media.

 – Hace poco salió la cifra del aumento de contagios de VIH en Chile. Es interesante porque en el mundo el VIH está retrocediendo, pero acá aumenta. Muchos lo ven como consecuencia de una falta de política de educación sexual, ¿estás de acuerdo?

– Yo diría que, hay dos temas: uno que es lo que he estado explicando en artículos, justamente en El Desconcierto, es que nosotros necesitamos conocer más la epidemia y disminuir esa brecha de cifra negra que hay con respecto quienes no conocen su situación serológica. Por tanto, el aumento respecto de adolescentes notificados por VIH se puede deber a que tenemos una mejor pesquisa o una mejor búsqueda que no conocíamos, por lo tanto, hoy en día son menos que no conozcan o no conocemos que tienen VIH. La estrategia para disminuir el VIH, y bien lo dices tú, que está bajando el VIH, se ha ido desacelerando, es que necesitamos disminuir esa brecha entre quienes no conocen para ponerlos en tratamiento. Entonces, ese aumento se debe a que estamos buscando mejor… si es así, bienvenido sea el aumento. Si el aumento es porque han llegado en demanda espontánea y hay un crecimiento en las personas notificadas por VIH, ahí tendríamos que tener ojo. Pero yo creo que se ha ido focalizando de mejor manera el testeo, ese es un tema.

Por una educación no sexista

Hace poco, la carta de Marina Ascencio, joven de 11 años, puso el debate sobre la segregación de género por la negación a su postulación al Instituto Nacional. Más allá de si se debiera prohibir o no la existencia de colegios solo de hombres o solo de mujeres, para Arenas el tema de la educación sexista pasa también “por la formación de profesores”.

– ¿Ahí está principal problema? 

– Yo creo que los profesores son disciplinares, se han abocado a la disciplina, tienen prejuicios, estigmas, discriminación, estos sesgos que dificultan la labor. El profesor de matemáticas, el profesor de ciencias sociales, el profesor de lenguaje deberían tener una aproximación al género. Él es un personaje significativo para el estudiante y el algún momento pueden venir otras consultas, y ahí el profesor debe estar más capacitado, debe ser integral, no solamente bueno en lo disciplinario, sino que tiene que tener una mirada mucho más amplia del género, tiene que tener una mirada mucho más amplia del derecho.

– En los últimos años se ha posicionado dentro del movimiento estudiantil la demanda por la educación no sexista. ¿Cómo ves ese debate?

Claro. Pasa desde los libros de estudio, que manifiestan una preferencia por “padres de la patria” y olvidan a las “madres” en este tema, son los hombres los que construyeron este país al parecer, no las mujeres. No se releva el papel de la sufragista, el movimiento emancipatorio de las mujeres en los ’40, hay una invisibilización del género femenino con respecto a esto. Eso desde el currículum. Lo otro tiene que ver con lo que pasa al interior de los colegios, es lo que estábamos hablando de la formación de los profesores, los sesgos. Clásico: hay profesoras para primaria y profesores para secundaria. Las mujeres que hacen clases en enseñanza media son menores que los varones. Eso implica que las miradas son desde lo masculino y no incorpora la riqueza de lo femenino, entonces, creo que estamos perdiendo una gran oportunidad en la reforma. Creo que la reforma a la educación debería haber avanzado en cómo estamos conociendo hoy día, cambiar esta forma que vienen de hace 350 años con la Didáctica Magna de Comenio y segundo, en poder incorporar estos temas.

invitacion-primavera