Una inédita experiencia de arte itinerante es la que propone el destacado creador nacional Guillermo Núñez en su exposición itinerante  “Pintura a domicilio, un itinerario popular”. La muestra individual fue inaugurada el 30 de agosto en la sala de arte de la Casa de la Cultura Anselmo Cádiz de la comuna de El Bosque donde se presentó durante todo septiembre.

La exposición —conformada por 14 pinturas de mediano formato impresas digitalmente— culminó el 30 de septiembre con la entrega de las obras a vecinos de la comuna de El Bosque que previamente se inscribieron. Las obras comenzaron un itinerario  que se prolongará hasta fines de diciembre por hogares de los vecinos de la comuna interesados en tenerlas durante un un mes en sus casas para ser disfrutada por su entorno familiar, amigos y vecinos.

Está itinerancia es planteada por el artista como un eslabón necesario para completar el proceso creativo,  en donde las vivencias de los vecinos y sus cercanos conviviendo con la obra completaran el ciclo creador eliminando la transacción económica para apropiarse de  una obra de arte y relacionándose gratuita y honestamente con ella. De ésta manera se borra la mediación institucional y del mercado entre el arte y el público, y éste se relaciona directamente con él a un nivel íntimo y doméstico. Los testimonios de los vecinos que acogerán en sus hogares una pintura por un mes, así como las opiniones e impresiones  de sus amigos y familiares completaran el ciclo. En un gesto profundamente humano y consecuente, alejado de la mercantilización del arte y tensando el concepto de autoría,  Guillermo Núñez  invita a los vecinos de El Bosque a ser su cómplice en la creación de las obras al completarlas con sus impresiones. En el texto escrito para los visitantes de esta exposición, el artista sostiene que: “Estas pinturas, luego de abandonar el taller, están aquí, ahora, anhelando un nuevo espacio para habitar; un terruño, un ámbito cariñoso que las acoja con respeto y amistad, que les ayude a seguir respirando amor”.

Es el espectador quien termina la obra, es esa presencia que se instala frente a ella, quien completa la travesía. Sin su mirada no existe. Es su corazón, su cerebro quien agota el viaje y le otorga su exacto valor. La legitima.” Más adelante agrega: “Queremos que la viva día a día y nos cuente, después, sus impresiones, sus sentimientos, que nos hable de la experiencia de cohabitar con ella durante esos 30 días que será suya.

¿Qué piensan sus amigos, sus familiares, sus vecinos, sus visitas?: ¿les molesta, les agrada, la entienden, les intriga? ¿Representa sus intereses, sus sueños, sus anhelos?

Nos importa, sobremanera, conocer esas opiniones, esos sentimientos, esas emociones, esas críticas.”