SR. MAURO SALINAS CORTÉS
DIRECTOR HOSPITAL REGIONAL DE COYHAIQUE
PRESENTE

Junto con saludarlo respetuosamente, quiero exponer la siguiente situación por la que hace más o menos un año mi hija y mi familia tuvimos que atravesar, debido a una negligencia médica sucedida en el Hospital Regional de Coyhaique, institución que Ud. dirige y que por cierto, está acreditada en Calidad y Seguridad en la Atención de sus Pacientes. Mi hija María José presentaba un embarazo de alto riesgo, por lo que estuvo hospitalizada desde el día 5 hasta el día 29 de septiembre de 2015, el día domingo 27 de septiembre de 2015, mi hija fue asistida en el Hospital, ya que había iniciado trabajo de parto prematuro de gemelas con sólo 23 semanas y 6 días de gestación. El parto se produjo a las 09:34 horas, naciendo la primera gemela con 505 gramos de peso y la segunda a las 9:49 horas, con 650 gramos. El día 01 de octubre de 2015 mi hija fue dada de alta y la Dirección del Hospital decidió enviarla en avión junto a sus pequeñas a una clínica en Puerto Montt, para ver la posibilidad de recuperar la salud de mis nietas.

Como Ud. debe saber, soy funcionaria del Hospital con 38 años de servicio, por lo que me consta que el día del parto habían dos equipos para asistir a mis nietas prematuras, compuestos por médicos, matronas y personal paramédico, para la atención inmediata de cada una de las recién nacidas, además del equipamiento necesario. Uno de los equipos estaba liderado por la Dra. Claudia Nuñez Pe?a y el otro por el Dr. Marcos Reyes Mendoza.

Durante el proceso del parto nos mantuvimos en las afueras del servicio de Preparto esperando información, lo que ocurrió sólo cuando se presentó el Dr. Pablo Mardones, obstetra que atendió a mi hija, quien nos comunica que de acuerdo a lo informado por los pediatras “en este caso se habría hecho todo lo posible, pero las niñas son muy inmaduras”. Sin embargo, me llama la atención que en la sala de partos la Dra. Nuñez le dijo a mi yerno que las niñas no iban a vivir más de dos horas y por eso permitiría que sus padres estuvieran junto a ellas en espera del desenlace fatal.

Una vez que ingresamos a Preparto para despedirnos de las niñas, nos percatamos que mis nietas estaban vivas, ambas respiraban por sí solas y su temperatura un poco baja nos impresionó, pero se movían y lloraban a pesar de su evidente fragilidad. En ese momento, las abrazamos todos quienes estábamos en la sala, sus padres, sus abuelos y sus tías por un tiempo aproximado de dos horas, viviendo momentos desgarradores en esta despedida. Dado que el tiempo transcurría y las niñas seguían respirando y moviendo sus extremidades mi hija en su desesperación y dolor nos dice “no las quiero ver morir”, por lo que el matrón de turno las retira de la sala. Cabe señalar que ellas estaban envueltas sólo en unas sabanillas, en ningún momento estuvieron dentro de incubadoras durante todo ese tiempo. El matrón nos dijo que se las llevaría a la UCIN, preguntamos si podíamos acompañarlas, pero esto no nos fue permitido.

Ese día estaba de turno en el servicio de Maternidad la matrona Sra. Gloria Oyarzún, amiga de mi familia por muchos años, quien al enterarse de lo que estaba ocurriendo en Preparto acude de inmediato para ver a las niñas percatándose en el trayecto que estaban solas en el mesón de Atención al Recién Nacido (Nursery) dándose cuenta que están vivas, rosadas y llorando, por lo que consultó a su colega por los signos vitales de ellas, a lo que el matrón de turno respondió “ya están en el final”. Al darse cuenta de la vitalidad de las pequeñas solicita urgente la presencia de la matrona de UCIN, Sra. Isabel Cárdenas, quien desconocía esta situación y quien llama inmediatamente a la Dra Nuñez, médico de turno en la UCIN, a lo que ella responde “no hay nada que hacer, ya decidimos que no las vamos a ayudar”, pero la matrona de UCIN insiste en la vitalidad de las niñas y en la necesidad de su ingreso en forma urgente, lo cual es nuevamente rechazado por la doctora indicándole “no puedes desobedecer mis órdenes”. Entonces la matrona de UCIN decide comunicarse con la Dra. Carmen Lucero, jefa de UCIN, informándole de esta situación, al enterarse la Dra. Lucero ordena el ingreso de mis nietas y se hace cargo del caso informándole de la situación a la Dra. Nuñez.

Debo dejar en claro que desde el momento del parto hasta el ingreso efectivo de mis nietas a la UCIN, transcurrieron cinco horas dramáticas y angustiantes tanto para sus padres como para el resto de la familia. Soy profesional, tecnólogo médico, me he desempeñado durante 38 años en el Servicio de Salud Aysén, tanto en el Hospital de Puerto Aysén como en el de Coyhaique, brindando mis conocimientos y dedicación para apoyar el diagnóstico y tratamiento de los pacientes, por lo que la situación vivida junto a mi hija, en la que se dejó a mis nietas sin atención médica durante horas, acción que está fuera de toda lógica y es absolutamente inaceptable, inhumano, antiético y representa poco respeto por la vida humana y por el primer Derecho Humano que es el derecho a la vida y los Derechos del Niño/a, consideré hacer público el caso de mis nietas esperando con ello que nunca más en nuestra región ningún niño o niña prematuro sea dejado sin atención médica sólo porque un médico lo ordena.

Afortunadamente, el pasado 27 de septiembre de este año mis nietas, Julieta y Amelia, cumplieron un año de vida gracias al amor de sus familiares, al cuidado y dedicación de los profesionales de la Clínica Universitaria de Puerto Montt, a las oraciones y al cariño de gente anónima que sin conocer a mis nietas les entregaron tanto amor. En este momento se encuentran junto a su madre en Coyhaique, asistiendo a controles médicos y al Centro Teletón, lo que ha favorecido enormemente su recuperación física y motora.

A un año de lo sucedido, espero que Ud. tome las medidas correspondientes para esclarecer los hechos ocurridos, determinar las responsabilidades del caso y así aplicar las sanciones correspondientes.

Le saluda, Atte.
T.M ALICIA GONZÁLEZ PUEBLA

Julieta y Amelia

Julieta y Amelia