Aunque sea un parafraseo un poco burdo, no podemos evitar decir que es “desconcertante” ver la distancia chirriante que existe en nuestro país entre las intenciones y la realidad cuando se trata de dignificar, investigar y poner en valor el patrimonio para el uso público. Pese a las declaraciones constitucionales, el Estado apenas da abasto para proteger su patrimonio natural y se hace lo posible por atender el patrimonio cultural con los medios y recursos más diversos: desde la Ley de Donaciones Culturales hasta diversos fondos concursables (ej. FONDART, Fondo del Patrimonio) o un préstamo del BID para Puesta en Valor del Patrimonio. En esta maraña de iniciativas dispersas, donde entran eventualmente SERNATUR y diversas fundaciones y corporaciones privadas, las municipalidades tienen una responsabilidad que muchas veces se niegan a ver puesto que resulta abrumadora, considerando sus limitados recursos humanos y financieros. Es entonces cuando el conflicto entre las intenciones y la realidad se convierte en una pugna entre el sueño y la pesadilla.

Es el caso del sector de la Escuela Vieja, muy cerca de la Carretera Austral y apenas 4 kilómetros al sur de Villa Cerro Castillo en la región de Aysén. La extraordinaria conjunción de un paisaje impresionante, un espectacular paredón rocoso con arte rupestre (la mejor expresión de pinturas prehistóricas en la Patagonia Chilena, con una data de quizás cinco o seis mil años) y un precioso edificio erigido por los mismos pobladores como escuela para sus niños, han despertado desde hace décadas la inquietud de muchos.

El hermoso edificio de la Escuela Antigua de Castillo, construido por los pobladores (Monumento Histórico)

El hermoso edificio de la Escuela Antigua de Castillo, construido por los pobladores (Monumento Histórico)

Ya en 1993 la Municipalidad de Río Ibáñez impulsó un proyecto FONDART (entonces FONDEC) para habilitar el sitio de las manos pintadas como espacio abierto al público, llegando a adquirir años más tarde el terreno en que está emplazado para poder conservarlo y administrarlo mejor. No conforme con ello, en 1997 se recuperó el espacio de la Escuela Vieja –por entonces ocupado como bodega por un particular- y gracias a otro proyecto FONDART se hizo una intervención arquitectónica para evitar su derrumbe. Declarada Monumento Nacional el año 2008, el inmueble fue seleccionado por el Fondo de Puesta en Valor del Patrimonio, para restaurarlo e instalar allí un museo sobre la aventura de colonizar estos lugares y el rol de la escuela.

Con dos Monumentos Nacionales bajo administración municipal, se hizo necesario construir además un Centro de Visitantes y cabecera administrativa del complejo, lo que –junto con dar valor agregado al proyecto- pretendía darle unidad como el único espacio orientado al patrimonio humano en una región donde el turismo está dominado por la riqueza de los paisajes y el patrimonio natural.

Lamentablemente, aunque la Municipalidad de Río Ibáñez tenía la obligación moral de ser responsable ante su valioso patrimonio, el desafío ha probado ser demasiado grande. No es que fuera un proyecto ambicioso y artificial -puesto que los recursos están ahí y son demasiado notables para no verlos- pero el gobierno central sólo puede aportar con infraestructura y ella exige una inversión acorde en personal y mantención, que una municipalidad pobre no puede asumir.

Se ha llegado a un punto en que es evidente que el proyecto no puede funcionar y nadie sabe qué hacer ante la subutilización y abandono del complejo, que a dos años de inaugurado muestra señales dramáticas de deterioro. Esto es más claro en el edificio nuevo, pero se puede observar también en la falta de mantención de los Monumentos Nacionales de la Escuela Vieja y el Paredón de las Manos. El primero quedó inconcluso y con errores que nunca se han corregido. En lo que respecta al sitio arqueológico -aunque hay un proyecto de mejora del sendero e instalación de nuevas pasarelas y señalética- no se ha logrado concretar fundamentalmente porque el personal dedicado a arquitectura en el municipio es insuficiente y está sobrecargado con obras más urgentes, sin poder dedicarse como quisiera a un proyecto complejo como éste, que requeriría dedicación exclusiva.

Pero donde el abandono es más evidente –como hemos dicho- es en el Centro de Visitantes, ya que además de ser nuevo, representa un problema serio de definición de funciones. Con una infraestructura excepcional para realizar investigaciones, recibir tesistas, y realizar encuentros de investigación y análisis, el edificio cuenta además con flamantes dormitorios, cocina, baños públicos y de investigadores y cafetería.

El flamante edificio del nuevo Centro de Investigaciones y Atención al Visitante, subutilizado

El flamante edificio del nuevo Centro de Investigaciones y Atención al Visitante, subutilizado

Entre sus ventajas podemos señalar que se haya a apenas 60 kilómetros del aeropuerto más importante de la región por camino pavimentado, que cuenta con servicio de Internet y con un excelente sistema de calefacción (aunque caro de operar). No es un centro de investigaciones (que mínimamente requeriría financiar investigadores residentes, que además es muy improbable quieran irse a vivir a un pueblo como Villa Castillo). No es un centro de eventos ni un lugar adecuado para celebrar congresos académicos (no tiene un auditórium ni espacio para congregar a más de treinta personas, quienes además no tendrían donde alojarse). Está lejos de cualquier ciudad (no es apto, por ejemplo, para lanzamiento de libros o conferencias).

Con un poco de mantención, en otras palabras, podría ser que el Museo-Escuela y el Paredón de las Manos Pintadas funcionaran como sitios turísticos, pero es innegable que son mucho más que eso y que incluso esa función mínima requiere que haya un encargado preocupado con poder y recursos. Idealmente esta persona debería estar en el lugar mismo y con esa intención se construyó un Centro de Visitantes y cabecera administrativa del complejo, pero la realidad es que ni siquiera existe esa persona en la municipalidad en Pto. Ibáñez, donde estas funciones se han delegado en el encargado de turismo, que tiene mil otras obligaciones.

Dada la complejidad del Centro, que incluye dos Monumentos Nacionales y un edificio que en sí mismo reúne varias funciones, se requiere una visión integral e innovadora. Una dirección que –en el marco de las restricciones que imponen los mismos espacios o la lejanía de centros poblados- sepa transformar estas limitaciones en oportunidades y aprovechar estas mismas condiciones (atractivo de lo lejano, belleza paisajística, buena conexión a Internet) para hacer un proyecto novedoso y único en Chile.

Ya existe la infraestructura, que es lo más difícil de lograr. Falta una idea. Un programa de actividades. El desafío es enorme, pero fascinante.


Doctor en Antropología, Investigador residente de CIEP