Leí en su momento la columna “Avanzar sin transar” de Joaquín García-Huidobro en El Mercurio, donde el autor se refiere al procesamiento del ex Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, señalando que “las familias de los desaparecidos nunca recibirán el último de los consuelos humanos, el de devolver a la tierra a quien de la tierra viene”, porque “si eso le pasó a Cheyre [su procesamiento], ¿qué quedará para el resto”? De tal situación deduce García-Huidobro la ausencia de colaboración que seguirá existiendo para esclarecer los hechos acaecidos durante la dictadura cívico-militar que llevaron al ocultamiento del destino de miles de personas detenidas y desaparecidas en manos de uniformados, como consecuencia del terrorismo de Estado ejercido por casi dos décadas en el país. Ese será el costo del procesamiento del ex Comandante Cheyre, dice García-Huidobro.

“Para el resto”, digo, civiles y militares, quedará la cobardía y la manera miope de ver la vida y la muerte, no solo la democracia, y se les recordará por eso.

Concuerdo con el ministro Aleuy en que “el tema de Cheyre es un tema de Chile y la herencia de la democracia es esa. Las personas que hayan participado en hechos de lesa humanidad tarde o temprano van a ser investigadas. Se determinará allí si son culpables o no. Esa es la herencia importante de este periodo de Chile”.

No concuerdo con el ministro Aleuy cuando dice que la cárcel de Punta Peuco (penal de 5 estrellas que alberga a connotados militares procesados por delitos de lesa humanidad) no se puede cerrar por “falta de recursos”. ¿De qué habla el ministro Aleuy, si un alto porcentaje de los recursos del cobre los reciben por ley las fuerzas armadas?

En el Memorial del Detenido Desaparecido y del Ejecutado Político en el Cementerio General de Santiago están los nombres de las personas cuyo destino final se ocultó, constituyendo esta realidad parte de la historia reciente y de la memoria del país, testimonio del horror vivido. Con este Memorial se les recuerda y honra.

A civiles y militares se les recordará por propiciar una cultura de muerte y ser ‘cómplices pasivos’ (“por sus obras los conoceréis”). Es el legado del cual se seguirán sacando lecciones. También de esta, a no confundir lo inconfundible: los atropellos a los derechos humanos los realiza el Estado; los hechos de violencia de civiles se denominan delitos, pero en muchos sectores, en especial la derecha, UDI y seguidores, parecen no saberlo, lo que es inentendible en sus dirigentes, ¿ignorancia interesada?

Llegará el tiempo en que se abrirán las anchas alamedas por donde pase el ser humano libre, un país donde no existirán las Fuerzas Armadas por haber constituido pilar fundamental de esta cultura de muerte. Su multimillonario presupuesto proveniente del ‘sueldo de Chile’, el cobre,  será destinado a la (re)producción de la vida: el derecho universal a una educación gratuita y de calidad, así como a salud integral, partiendo por el aire que respiramos. Y contribuirá, junto a otros recursos fiscales, a instituir el Ingreso Básico Universal -un derecho ciudadano como el sufragio al que podrá acceder toda persona a partir de los 18 años de edad-, que posibilite “un estándar de vida modesto pero decente”, tal como han planteado diversos autores y autoras. Se romperá así el lazo entre ingreso y empleo (“la libertad de no estar empleado”), y será el fin del mutuo refuerzo entre las instituciones del matrimonio, el empleo y la ciudadanía. La creatividad que se desplegará con la ausencia de coacción y de un destino prefijado cambiará los parámetros del desarrollo y la cultura tal como los conocemos, posibilitando efectivamente a las personas agenciar los  conceptos de libertad e igualdad que circulan retóricamente en el lenguaje coloquial, filosófico y político.

“Se accede a la libertad si se tiene y sólo si se tiene garantizado el dominio de las necesidades vitales” (Julieta Kirkwood).

Construir una cultura de vida es un horizonte compartido, y eso se hace en la casa y en la calle, en el parlamento y en todas las instituciones, con las leyes y las costumbres, cada día, por todos los medios, por la razón y el afecto, no la fuerza bruta, que de eso ya ha habido bastante.


Feminista, Licenciada en Antropología