Ha pasado los últimos días preparando los detalles que faltaban para montar “Ya no somos los mismos”, el primer show de stand up en que Jani Dueñas estará sola sobre un escenario sencillo, muy similar a una pieza o al living de una casa. Ahí, la principal primicia suena bastante sencilla: Darle una nueva visión al estar sola.

Para ella, la soledad es una amenaza constante que todo el mundo levanta contra las mujeres. “Si seguís loqueando te vái a quedar sola” o “si no te aguachái a ese gallo te vai a quedar sola” son las frases que ha escuchado como sentencias de muerte.

Dueñas llevaba un tiempo muy metida en el mundo del teatro cuando su amigo José Miguel Villouta le dijo que tenía que hacer stand up. Ella, que nunca se había considerado especialmente chistosa, se dio cuenta de que podía serlo. Ahí empezó su historia en esta disciplina.

Los beneficios de dudar

Lo mejor de esos espacios vacíos para Jani fue poder empezar a dudar, a cuestionarse cosas que antes dejaba en manos del resto. “Eso te construye una autoestima nueva, todo te da menos terror y te sentís más libre. Es bacán eso”, explica.

La soledad la aprendió sin querer: la muerte de su padre y el terminó de una relación larga la tomaron por sorpresa, y después de pasarlo pésimo un rato se dio cuenta que tenía que abrazar esa soledad y sacarle algo bueno. “No digo estar solitaria, abandonada o ermitaña, pero sí a no llenarte de cosas ni que el resto te llene espacios. Ahí te dái cuenta de que tenís herramientas para sobrevivir en el mundo sola”.

“Los primeros 15 minutos son como una charla TED, motivacional, donde hablo mucho de amor y de quiebres. Me meto en un espacio de reflexión y voy pasando por distintos estados, hasta terminar en una especie de fiesta, o contando chistes más cochinos. Ahí ya espero que la gente se libere y se ría a carcajadas”, cuenta al describir el ritmo del show con el que debuta en formato unipersonal. “Todo esto lo desarrollé en soledad y ahora tengo muchas ganas de compartirlo con la gente”, afirma.

¿El humor tiene un rol, hace que cuestionemos lo que nos imponen?
Todo. El humor en general, no solo en términos de lo feminista. Yo no hago humor político, pero sí social, y el feminismo es social. El humor tiene un rol, una responsabilidad, que es mover los límites del poder, el comediante no puede estar del lado del poder. Y en este caso el poder es el patriarcado. Lo que logra es que la gente se ría, se libere y reflexione. Como comediante lo que desarrollas es poner todo en duda, ya no te puedes creer nada. En el último tiempo nos hemos dado cuenta de que nos mentían por todos lados, por ejemplo hoy se celebra el triunfo del No y claro, es emocionante que se haya acabado la dictadura, pero por el otro lado te das cuenta de que no era tan cierto, estaba todo medio arreglado ¿La alegría llegó de verdad, te llegó a ti? Claro, en la dictadura lo pasábamos peor, no había alegría alguna.

¿Es esa misma incredulidad la que hace que me digas que no haces humor político? 
Yo creo. Lo que me pasa con el humor político ahora es que nunca lo he hecho, quizás por una razón mucho más hueona, he estado demasiado metida en mi proceso, mi carrera ha sido muy autobiográfica y me gusta que así sea. Todavía mis procesos personales son demasiado importantes, y cuando descubro que la gente se identifica con ellos, cacho que no son solo míos. Desde esa luz igual hablo de cosas sociales. La política no me ha interesado mucho llevarla al stand up, eso lo he dejado más para espacios como la radio en ADN o Campo Minado. El humor político de verdad a veces es como un meme, o el estado de Facebook de la gente.

¿Pero no creís que lo personal es político? Hay muchas mujeres en la historia que han tenido gestos súper políticos al atreverse a contar sus historias.
Yo creo que lo personal es más político que la chucha. Creo que todo es político. Me refiero al humor político en términos de hacer chistes con el gobierno, de “son todos ladrones”. Si no eres capaz de ser más chistoso que un meme, no lo hagái. Y los memes son súper chistosos. Pero mi stand up es algo que hago pa’ la gente que me quiere escuchar, me puedo tomar la libertad de no ser un meme.

¿Te considerái feminista?
Sí.

¿Y no sentís que ahora las feministas nos tenemos que valer del humor pa’ aguantar a la gente que nos huevea? Por ejemplo, si te dicen feminazi.

Pa’ eso yo tengo una respuesta súper clara. Como judía lo encuentro ofensivo, como feminista lo encuentro muy gracioso. Si pa’ la persona que te dice eso ser feminazi es tener rabia, pucha, tenemos razones para tener rabia. Y lo que opine un hombre acerca del feminismo no me vale tanto, porque afortunadamente es nuestro espacio de reflexión, de duda, de compañerismo, de sisterhood. En buena onda, hombres blancos y heterosexuales sobre todo, no tienen mucho derecho a opinar sobre el aborto por ejemplo. O bueno ya, opinen, pero no te voy a pescar mucho. Prefiero saber qué opinan mis amigas, o la presidenta. Ojalá tener una presidenta mujer tuviera más peso que el que ha tenido.

A la hora de hacer humor, ¿cómo juegas con los roles de género? Porque en general los hombres hablan de minas y las minas hablan de hombres. ¿Se puede hacer humor sin eso?
O sea, al menos yo no. Hago humor hablando de mí misma, y cuando hablo de mí no puedo omitir que soy mujer. Pero no quiero que se me perciba haciendo humor femenino, me carga esa hueá del show de minas, el programa de televisión de minas. Es la peor idea, nos atomiza más. Yo soy muy masculina, me visto como hombre, tengo el pelo corto, tatuajes, piensan que soy lesbiana y no tengo ningún problema con eso. La gente me escucha y no sabe si soy una cabra chica, una señora, me gusta chupar conchas o no sé. Luego te voy contando que soy súper mujer. Me gusta cuestionar qué es la femeneidad. ¿Es tener el pelo largo, sentarte con las piernas cruzadas y no decir garabatos? Porque yo tengo el pelo corto, me siento con las piernas abiertas y digo más garabatos que la mierda y creo que soy súper femenina. Eso a mí me ha liberado de tener que ser de una manera, y creo que debería convocar a los hombres, mostrarles que hay una diversidad. También me gusta mucho hablar de sexo, fui la primera en decir que veía pornografía y la gente quedaba pa’ dentro. Eso también yo creo que convoca a todo el mundo.

¿En tu carrera te ha tocado toparte con machismo?
En el humor no. O sea, los colegas son bien progres. Me pasa más con el público, que a veces se horroriza. También hay gente que no entiende que una mujer hable golpeado. O que hable, opine y tenga cosas que decir respecto al mundo. La que más huevea es la prensa, cada vez que me preguntan por el humor femenino me dan ganas de quemar una micro. Que me pregunten si las mujeres son graciosas, o de qué se trata el humor femenino. Yo pienso que es humor nomás, nadie se pregunta si existe el humor masculino.

Igual el humor femenino puede responder a ciertas lógicas. Si hablas de peos vaginales es porque asumes que tirái. Y en ese sentido el humor de mujeres es altiro más insolente, porque la gente no espera eso de las mujeres.
Yo trato de hacer eso. Pero cuando me lo preguntan es como “ay, me llegó la regla” o “ay, se me cayó el lápiz me voy a agachar”. Cuando erís mujer tenís que tomar un bando, o erís la que recoge el lápiz y le dan una palmada en el culo o decís las cosas. O los medios también invitan minas por cumplir, con una lógica de necesitar una mina que por estereotipo sea “la simpática”, no “la bonita”, pero quieren que te veái mina igual y te dicen que bajís de peso. Pero ya estoy bien curá de espanto y por suerte puedo elegir qué pegas tomo.

Jani Dueñas en vivo: “Ya no somos los mismos”

  • Teatro Popular Ictus (Merced 349)
  • Todos los fines de semana de octubre, 22: 15, horas
  • Entradas a la venta en Daleticket
  • General: $7.000