Luis Soriano vive en La Gloria, en el departamento de Magdalena, Colombia. Cada ocho días prepara a sus burros, Alfa y Beto para recorrer sectores rurales aledaños a su comunidad. Los carga con un par de maletas viajeras y adosa a sus monturas una estructura donde pone libros, como una biblioteca ambulante. Si es verano sale de madrugada por la inclemencia del sol y recorre junto a sus animales los veinte kilómetros a la redonda de su casa en La Gloria.

Es territorio rural donde viven comunidades sin acceso a internet, ni bibliotecas públicas, ni a las necesidades básicas de cualquier población. “El Estado no les ofrece las herramientas”, dice Soriano, fundador de Biblioburro. 

Se demora cuatro o cinco horas en su recorrido, parando en las comunidades para prestar libros –que recoge en ese momento u ocho días después- hacer lecturas a viva voz, funciones de teatro e incluso, “cine a las estrellas”, con sábanas como telón y un pequeño y silencioso generador de electricidad.

Biblioburro, que tiene como objeto incentivar la lectura en los niños ya tiene 20 años y ha tenido un importante crecimiento, en el que ha participado el gobierno, a través de su plan lector, y la empresa privada.

Por estos días, Luis Soriano y Henry Candanoza, visitan Chile para la feria 5ta Primavera del Libro organizada por Editores Chile, a realizarse en el Parque Bustamente entre este jueves 6 de octubre y el lunes 10.

“Cuando partimos, hace ya casi 20 años, arrancamos con Alfa y Beto, mis dos burros. En ese momento teníamos 70 libros, hoy día tenemos casi 5.000 mil títulos, distribuidos en colecciones, mayoritariamente de literatura infantil”, explica el fundador de la iniciativa.  Al día de hoy, Luis visita mensualmente a 300 niños y todo el plan de la organización, incluye a 1.500 menores de siete departamentos del país.

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Buena parte de la inspiración para el proyecto, la halló en su infancia, en el departamento de Magdalena. Soriano no tenía mayores posibilidades económicas, sin embargo, logró acercarse a los libros, escabulléndose en una biblioteca privada para los hijos de los trabajadores de una fábrica de Coca Cola.

“Lo tenía prohibido, pero lo hice. Ahí me encontré con Platero y Yo (Juan Ramón Jiménez), Sherezade, Las Mil y Una Noches y con el mundo fantástico de los cuentos árabes. Me acuerdo que la mujer me entró (una profesora) y me dijo que al otro día tenía que venir mejor presentado, porque estaba todo harapiento. Si yo no me encuentro con esa biblioteca, no me estaría pasando lo que me está pasando hoy en día”, cuenta.

Desde allí quedó prendado con la literatura. A pesar de su complicada situación económica, sacó su carrera universitaria estudiando con un tutor que iba a una comunidad cercana a su casa cada fin de semana. Así logró pasar los diez semestres que le permitieron graduarse, junto a otros 50 compañeros, de profesor.

Ad portas de que su organización cumpla 20 años, Luis ya no es el único que lleva literatura a las comunidades rurales montado en un burro. Con el aporte de la Caja de Compensación Magdalena, se creó una red de “biblioburristas” indígenas que apoyan a cerca de 30 comunidades en Sierra Nevada, de las tribus Kogi y Arhuaca, entre otras.

“Lo que más satisfacción me da es que esta colaboración ha permitido que lleguemos a las comunidades indígenas. Vamos a esos lugares, tomamos biblioburristas de allí para que apliquen la promoción de la lectura en su lengua materna, con libros traducidos. Por orden de los líderes de las comunidades tenemos que tratar ayudarles a pasar sus cuentos y los clásicos occidentales para que los lean”, cuenta.

La guerra y el No a la paz

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“Todo colombiano ha vivido la guerra. Si no la viviste tú o tienes a algún familiar desaparecido, probablemente tienes un conocido al que le pusieron una pistola en frente”, dice Luis Soriano.

El período más duro, según cuenta, lo afectó personalmente entre 2004 y 2006. En Magdalena, base del proyecto, no estaban presentes las Farc pero sí los paramilitares, que de vez en cuando se enfrentaban a las fuerzas del Estado. Lo acusaron de estar “azuzando el pueblo” con su iniciativa y tuvo que irse de su casa por un tiempo.

“Todo fue muy crudo. Ante la desesperación de mi madre, mi mujer y mis hijos, tuvimos que irnos. Mejor esconderse un tiempo. Ese tiempo fue muy duro. Las carreteras se fronterizaron, ¿sabes? La línea amarilla de la mitad de la calle estaba dividida: de cada lado mandaba un grupo. En algún momento muchos lugares se convirtieron en fronteras imaginarias”, recuerda Soriano, que pasó un tiempo fuera de casa y volvió para continuar su proyecto, más allá de la violencia.

Quizás por ello, su visión del plebiscito del acuerdo de paz en Colombia es crítica. “A mí me parece que Colombia no quiere paz con impunidad. Con el Sí había mucho de eso. Hay cosas que se tienen que juzgar. Tienen que decir donde están los desaparecidos y las dudas sobre el narcotráfico. Si yo soy narcoterrorista, ¿no me puedes juzgar? El No del plebiscito pasó porque creían que tenían todo acordado, pero se les olvidó que el pueblo es la voz de Dios”.

Para Soriano el grupo a cuestionar, principalmente, son las Farc. “Cuando Álvaro Uribe desmontó a los paramilitares, los cuestionó y sus cabecillas están presos pagando sus condenas en Estados Unidos. Esta gente (las Farc) tiene 50 años maltratando al pueblo, sembrando ideas que no deben de ser. Esas ideas izquierdosas terribles”, apunta.

Sin embargo, a pesar de su distancia con el proceso, valora la labor de Juan Manuel Santos en el acuerdo de paz. “Ha hecho un proceso importante, quizá ha sido un poco sumiso y el Estado no puede serlo. Pero es un hombre diplomático y esto debe encararse desde el diálogo”.

La Primavera del Libro

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El segundo viaje de Soriano a Chile –la primera vez se presentó en la PUC- es para asistir a la 5ta Primavera del Libro. Junto a su socio, Henry Candanoza, formará parte de diversas actividades sobre la importancia de la lectura y nuevas ideas para el libro digital, próximo desafío de Biblioburro.

La idea es ampliar el proyecto hacia lo digital. Sabemos que hoy esto es importante y en sectores vulnerables los niños no tienen acceso a la tecnología. Queremos que los niños lean en los computadores y que aprenden a redactar textos en Word, utilizar un software educativo para aprender las materias del colegio, etcétera. Darles herramientas para el futuro”, explica Candanoza.

“Si gracias a lo que ha hecho Luis hoy niños de estos sectores son abogados o profesores, la idea es que en el futuro pueda haber programadores o ingenieros en informática“, dice Henry.

Durante la feria, los encargados de Biblioburro participaron del conversatorio “Revolucionando con la lectura digital”, junto a Salvador Young de Biblioteca Pública Digital y del encuentro “La lectura como una herramienta poderosa”.