Tal como ocurriese hace un año en Mar del Plata, las noticias post Encuentro Nacional de Mujeres en Argentina se centraron en la brutal represión de la policía. Este año -en su versión número 31- la sede estuvo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe y la imagen se volvió a repetir: balines de goma y gases lacrimógenos por doquier.

Al finalizar la jornada, se reportaban varios heridos, la mayoría de ellos periodistas que no participaban del Encuentro de medios como Télam, La Garganta Poderosa, Canal 5 de Rosario, entre otros, según informa Marcha Noticias,

Por su parte, desde la Red Nacional de Medios Alternativos trasandina se repudió “el accionar de las fuerzas policiales que tenían la clara intención de que los medios de comunicación no registráramos lo sucedido, golpeando y disparando a periodistas y rompiéndoles sus cámaras fotográficas. Denunciamos la represión policial que actúa en defensa de las instituciones patriarcales, contra una marcha que contó con la participación de cerca de 100 mil mujeres, lesbianas y trans”.

La plaza feminista

La plaza San Martín fue el lugar que reunió a las más de 100 mil mujeres que participaron durante los tres días del Encuentro. Desde todas las partes de Argentina y de Latinoámerica llegaron organizaciones feministas a celebrar la versión XXI de lucha de las mujeres en el país vecino.

Desde las seis de la tarde del domingo comenzaron a llegar las columnas y columnas de mujeres que se preparaban para marchar. “Este encuentro nos llena de esperanza a todas las mujeres que luchamos contra el terrorismo de Estado y el despojo”, dijo Paola Piedrahita, representante del Congreso de los Pueblos de Colombia. Así como ellas llegaron feministas “del Abya Yala en resistencia”, desde Chile, Uruguay y México.

Al comenzar la movilización se deslumbraban los homenajes a Berta Cáceres -dirigenta ambientalista asesinada en Honduras- y los pedidos de libertad para Milagro Sala, la dirigenta social presa desde principios de año en Argentina.

Los pañuelos verdes, que simbolizan la lucha por el aborto legal seguro y gratuito, se tomaron las calles rosarinas.

Cuando empezaron los golpes, las feministas respondieron: “Sabía que a los violadores los protege la policía”, cantaron. Pero ni las lacrímogenas ni los palos podrán borrar la histórica convocatoria que puso en el tapete en las violencias cotidianas, en la precarización laboral, el acoso callejero, la feminización de la pobreza y criminalización del aborto, entre otras cosas.

La escritora Marta Dillon lo definió en el diario Página 12 como “una enorme fiesta colectiva en la que las reflexiones, los debates y también la fiesta tomaron las calles y las plazas, con sus bombos, con guitarras, con festivales al aire libre, con talleres que se escaparon de las aulas porque las aulas ya no tenían espacio para contener a tantas mujeres con la necesidad de poner en común saberes, dolores, experiencias y resistencias”.