Sra. Directora

Lo que plantea la diputada Vallejo no es un tema menor ni menos una tontera, es un aspecto simbólico fundamental (como tantos otros) en la construcción republicana. Tras su planteamiento sólo he visto descalificaciones y juicios irónicos que nada ayudan a una discusión seria.

En primer lugar, es evidente que siempre habrá cosas más importantes sobre las que legislar ¿Pero eso impide discutir este tipo de situaciones? Si fuera así sólo nos dedicaríamos a legislar acerca de salud, educación o seguridad, pero muchos de los parlamentarios que critican la importancia de la propuesta han perdido más minutos en el hemiciclo homenajeando próceres de la Historia patria o saludando a los vecinos de sus distritos en una efeméride. En segundo lugar, se equivocan quienes argumentan que porque la mayoría de los chilenos son creyentes deberíamos respetar las invocaciones a Dios. Precisamente es la condición de laicidad del estado lo que promueve que no sólo las mayorías se sientan convocadas en los espacios públicos o en las instancias republicanas, sino todos, mayorías y minorías, con respeto cívico. En tercer lugar, no se trata de reemplazar al Dios de unos por el de otros, más bien de dejar fuera del simbolismo público cuestiones que representan sólo a algunos.

Un estado moderno como constitucionalmente debiera ser el nuestro debe procurar que cada uno en su individualidad, u organizado colectivamente, pueda manifestar sus inquietudes filosóficas y religiosas en un marco de tolerancia activa, encontrando los espacios de respeto para hacerlo, sin embargo en los espacios públicos, al menos los institucionales, los valores que deben promoverse son los de la democracia, la representatividad de la ciudadanía, el respeto por las minorías y el apego a la ley.

En Chile la legislación chilena consagró instituciones laicas desde el año 1881 y la Iglesia está separada del estado desde 1925, este ritual tradicional de abrir la sesión en nombre de Dios, como otros que aún persisten en el país, son enclaves de la tradición republicana inaceptables a estas alturas del s. XXI y que atentan gravemente con aquellos que, creyentes o no, creemos que hay que darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Atte.

Rodrigo Reyes Sangermani