Luego de la iniciativa respaldada por el PC de eliminar las alusiones religiosas al inicio de las sesiones en el Congreso, un vendaval de católicos indignados llegó a la prensa.

Entre ellos estuvieron 22 de los 33 mineros que protagonizaron uno de los eventos más desafortunados y trágicos de la historia laboral y minera en el país.

En una carta a El Mercurio, los mineros dejaron clarita su posición política  al mostrarse totalmente contrarios al aborto. Todo, por supuesto, en nombre de Dios.

“En la víspera de recordar el sexto aniversario del accidente de la mina San José y su exitoso rescate, nos es imperioso decir: -Gracias, Chile, por la fuerza en la oración que protegió nuestra vida; -por no dejarnos atrapados a 700 metros bajo tierra; – por invertir recursos humanos para conseguir el rescate; – por creer en el amor a la vida, especialmente en la nuestra“, escriben.

Siguiendo con el vocablo que recuerda el fanatismo de algunos temibles religiosos del país, los mineros hacen una siútica metáfora del nacimiento, donde comparan su tragedia con una apacible y amorosa estancia en… ¡el vientre materno!

“A seis años de la terrible catástrofe minera de la San José, agradecemos a Dios y al pueblo de Chile por la energía de amor, de esperanza y de vida que recibimos durante los 70 días que permanecimos atrapados, que logró lo imposible gracias a que la Madre Tierra dio a luz a 33 hombres mineros que había refugiado con amor, en su vientre“, poetizan los mineros.

“Agradecemos a la Misericodria de Dios por habernos permitido la gracia de volver a nacer y encontrar la vida y no la muerte. Gracias Chile por la solidaridad, la dignidad y el respeto a la vida que remece fuertemente el corazón de toda su gente”, continúa el texto.

Apoyados en Dios y todo lo anteriormente citado, los rescatados se mandan un discurso muy en la línea del diario de Agustín Edwards. Como si se tratara de una autoridad moral, la columna reza:

Rogamos a la Divina Misericordia que nuestro país siga conservando y protegiendo el derecho a la vida y que no vulnere a los que no tienen voz, a los que emiten un grito en silencio. A los que se les ha negado el derecho a existir”, explican.

A renglón seguido dicen que “como chilenos, no aceptamos leyes que no respeten la vida humana, leyes que carecen de solidaridad y de amor. Nos hace falta una reflexión más profunda sobre la importancia de existir. No quisiéramos imaginar qué hubiese sido de nosotros, los 33 hombres mineros, si aquel fatídico 5 de agosto la sentencia de muerte hubiera resultado nuestro único refugio”.

“Apelando a este hermoso sentimiento de amor que Chile manifestó para con nosotros, hoy nos sentimos en la obligación de decir a los entes correspondientes que, como mineros rescatados, no deseamos que se atente contra la vida ni que se promulguen leyes que no permitan el derecho a vivir y a existir en Chile. Decimos un fuerte “No” a la ley de aborto. Que el amor nos refugie, que la solidaridad sea nuestro amaparo, y que Dios los bendiga por siempre”, cierra la carta.