Su historia sobre la vida en las favelas en Brasil dio la vuelta al mundo, al popularizarse la película Cidade de Deus, nominada a 4 premios Oscar, basada en el libro homónimo de su auoría.

De visita en Chile para la Primavera del Libro, Lins conversó con El Desconcierto sobre la construcción de una América Latina donde los negros siguen siendo excluidos y se emocionó al hablar de la actual situación política en Brasil y el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff.

– A propósito de esta visita tuya a Chile en el marco de la Primavera del Libro, quiero que empecemos hablando de tu último título, que le cuentes a un público chileno cuál es ese libro y de qué trata.

– El libro trata de la creación de la primera escuela de samba de Río de Janeiro. Es un evento muy importante para nosotros, porque los negros consiguen insertarse en la formación de la cultura de una nación que estaba construyéndose sobre un prejuicio, justo después de la esclavitud. ¿Qué pasaba en esa época en que el samba fue creado?

– ¿Qué época?

– 1916, 1930. Era la época de entreguerra mundial. Estaban llegando muchos migrantes europeos a Brasil, a Sao Paulo, que recibió la mayoría de los inmigrantes europeos aquí en América del Sur. Esos inmigrantes estaban allá con el gobierno portugués, que eran blancos, católicos, señores. Aún huyendo de la guerra, los europeos se aprovecharon de la condición del negro como esclavo del portugués. Se apropiaron de la esclavitud. Entonces, tomar una cultura que pasó por un proceso esclavista, y colocarla dentro de una nación como Brasil, fue muy difícil, no fue fácil. Mucha gente murió por eso. La policía golpeaba a los sambistas, golpeaba a las mães de santos, los apresaba, quebraba los templos religiosos africanos. Es una guerra que existe hasta hoy. Yo acostumbro decir que nada cambió. Las grandes guerras que existen en el mundo hoy, las grandes guerras entre los árabes es eso. Es guerra cultural. No es tierra, no es dinero. Si no crees en mi dios, yo te mato. Los extremistas hacen eso y los extremistas están en el poder. No estoy diciendo que todo católico es racista, que todo blanco es racista, pero quien hace la guerra lo es y quien hace la guerra está en el poder. Entonces, escribí ese libro para marcar bien la entrada de la cultura negra en el escenario de un país que se formaba, que fue colonizado por portugueses y después recibió toda una masa europea que se aprovechaba de esa colonización para establecerse como nuevo rico. La idea es esa.

– Dices que escribes el libro para mostrar cómo entra esa cultura, que es una cultura subalterna, negra. Y dices que la guerra que había en ese momento sigue hasta hoy. ¿Cuál es el balance que se puede hacer hoy de esa entrada?

– El negro tiene una referencia de su pasado. Puedes creer en el mismo dios que tu abuelo creía, o que tu bisabuelo. Eso es muy fuerte. Poder hacer eso es vencer una de las mayores guerras que existen en la humanidad. Puede ser la Inquisición, la Guerra Santa o las guerras árabes. Cuando vas a una guerra quieres eliminar al otro, quieres acabar con Siria, ahí tienes al Estado Islámico. Esa guerra existe aquí en América del Sur, no sólo en Brasil: el negro aquí es persona de segunda clase. En Argentina, en Uruguay, quien manda aquí en Chile todavía es la supremacía descendiente de los españoles. En Brasil es lo mismo. A toda hora matan negros. Entonces, hoy, esa guerra urbana es una guerra diferente, policial, con armas de fuego y que mata jóvenes negros en todo el mundo. O no en todo el mundo, en occidente, en el mundo occidental. En Estados Unidos, América del Sur, el Caribe, no hay una igualdad racial. En el mundo no existe una igualdad racial. América del Sur es el patio trasero de Europa, colonizada por españoles y portugueses y después, con la llegada de la primera y segunda guerra mundial, se llenó de europeos. Entonces, esa guerra continúa aquí.

– ¿Cómo evalúas este problema de la desigualdad racial en relación al proceso que han tenido los gobiernos más progresistas en Brasil en el último tiempo? ¿Ha avanzado o no una agenda de igualación racial?

– Dentro del escenario brasileño, tal vez fue la mejor cosa que ocurrió después del fin de la esclavitud. Hubo redistribución de ingresos, acceso a la universidad, acceso a la casa propia. Fue el gobierno que más trabajó para las clases pobres, populares. Ahora vivimos en Brasil un momento muy horrible, tal vez el peor momento desde la dictadura. Una horda de derecha, de extrema derecha, ladrones, bandidos, dieron un golpe político en Brasil, que pasa por un momento difícil. No consiguieron ganarle al PT en las elecciones, no iban a ganar la tercera, y ahora quieren encerrar a Lula para que no dispute, porque si disputa, gana. Entonces es una dictadura.

– ¿Tú crees que Lula ganaría unas elecciones hoy día?

– Todos saben eso, todas las encuestas lo muestran. Quieren arreglar un momento para encerrar a Lula, culparlo de algún crimen, para que no sea elegido. El gobierno brasileño que está ahora, de transición, no es respetado por ningún jefe de Estado. Nadie lo respeta. Bachelet no lo respeta. Venezuela tampoco. Sólo Argentina. Pero vale mierda –ríe– y nadie lo respeta. Estados Unidos no lo respeta. Todos saben del golpe, pero ellos dicen que fue legal, el poder judicial no se metió, entonces es un momento muy triste. Yo no quería estar aquí ahora. Quería estar en Brasil porque necesitamos unirnos, estar juntos para unir a la izquierda de nuevo porque son golpistas. Disculpas por hablar así.

– No, no. Por favor. Sigamos hablando así. ¿Qué pueden hacer los escritores, los artistas?

– ¡Todos están unidos! Haciendo declaraciones, campañas, yo me quedé en varias manifestaciones. Tenemos que actuar dentro de la democracia. Los bancos están en paro y al mismo tiempo hubo elecciones municipales. Estamos luchando, peleando, una pelea con los medios de comunicación, el poder judicial y el poder legislativo, que es contra la izquierda.

– A mí me parece que en todo esto que ha pasado también hay algo de responsabilidad de la izquierda. Tal vez la izquierda tampoco ha sabido hacer las cosas mejor. No es que la izquierda tenga la culpa del golpe, la culpa del golpe la tienen los que hacen el golpe, pero quizás del otro lado también hay que repensar, reinventar formas de hacer política, formas de llegar a la gente. ¿Crees tú?

– No. Hay claramente una guerra de clases sociales. Mucha gente fue a las calles a pedir el impeachment, pero todos, todos, de la clase social alta. Quien apoyó el impeachment en Brasil son todos de clase media para ricos. Todos blancos, bien educados. La burguesía, las clases altas. Entonces, está muy dividido. Los intelectuales están todos juntos, los artistas. Chico Buarque de Holanda fue al Congreso en representación nuestra, un gran artista de izquierda que apoya los movimientos sociales, todos nosotros participamos. Todos nosotros. También en internet, Facebook, las redes sociales, todos. Una mierda.

– Entonces lo ves mal, el futuro.

– Sí.

– No tienes optimismo, tienes dolor.

– Tenemos una persona en el gobierno, en el poder, que no está preocupado por el país y sí de sus propias cosas, no quiere la democratización de los bienes materiales, de los bienes sociales. Pero la izquierda está más unida.

– Bueno, puede que eso haga una diferencia.

– Sí. Hay una conciencia política muy grande. No como debería, pero no es como antiguamente, que los pobres no tenían ninguna conciencia política. No, ahora saben.

– En alguna época se decía que la izquierda no se hacía cargo de problemas que no eran estrictamente de clase, que no conseguía asumir la lucha en ese plano, decía lucha de clases pero no lucha de razas. ¿Crees que la izquierda ha avanzado en eso, ha logrado incorporar los problemas de las mujeres, de los negros? ¿Hay una izquierda que ahora es capaz de ver eso?

– La cuestión no es ser comunista, tomar los bienes materiales y dividirlos con el pueblo, no es eso. ¿Cómo puedo hacer una igualdad social? A través de la educación, vivienda y comida. Para que todos puedan tener las mismas condiciones para disputar empleos, el mercado del trabajo, para entrar a la universidad. Es eso lo que se necesita. Entonces, la izquierda se está preocupando de eso. Porque la escuela pública brasileña no funciona. Pero eso no es incompetencia, es un proyecto de gobierno. Tenemos que mantener a Cunha, para que los indios y los negros no tengan acceso. Y con el PT no: fue el gobierno que recibió más negros en las universidades, que recibió más personas de escuelas públicas en las universidades. Y todas las personas que ingresaron a la universidad por cuotas, las que ingresaron por cuotas de color y por haber estudiado en colegio público, tuvieron éxito.

– ¿Y eso lo va a eliminar Temer?

– Me siento un poco triste para hablar.

– Se entiende. Déjame preguntarte por otra cosa.

– Me van a salir lágrimas, en un rato. Disculpas.

Lins baja la vista y se enjuaga las lágrimas que han brotado ya de sus ojos. Ha detenido sus palabras y pide un momento con la mano, intentando sonreir. La entrevista, que partió por su último libro, titulado Desde que o samba é samba, recaló bruscamente en las preocupaciones y los dolores de Lins, que esa tarde en la Primavera del Libro parecían ocupar su cabeza sin dejar espacio a nada más.

– Lo que sientes lo sentimos muchos en América Latina con lo que ha pasado y está pasando… pero bueno, volvamos a la literatura, a tu trabajo. ¿Ya estás pensando en otro libro?

– Ahora estoy trabajando en cine, quiero hacer una película de un libro muy importante para mí, justamente sobre homosexualidad y la homofobia en Brasil, que es muy grande. Es un libro de un amigo mío, Marcelino Freire, que estoy adaptando para el cine. Estoy haciendo un musical de Desde que la samba es samba, preparando un proyecto para la televisión. Entonces libros por ahora no. Estoy trabajando con lo audiovisual, cine y televisión. Teatro. Y es mejor, porque yo trabajo con varios compañeros, buenos compañeros, grandes compañeros. Personas que admiraba cuando los conocí y ahora trabajamos juntos, eso es muy importante porque aprendo mucho. Es mucho aprendizaje, voy aprendiendo siempre. Es muy bueno. Me encanta trabajar en equipo. En lo audiovisual hay un productor, un director, los actores, todo el mundo dando su opinión y trabajando en conjunto. Es muy bueno.

– ¿Y esa película tiene fecha?

– En Brasil tenemos grupos de creaciones, cinco o diez personas involucradas haciendo películas. Y todos leen el trabajo de todos y opinan del trabajo de todos. El domingo justamente tengo que mandarles la última versión del argumento.

– ¿Has venido a hablar de eso en la Primavera del Libro?

– Sí. De la adaptación y sus dificultades. Ahora soy escritor adaptado y adaptador.

– Porque en Ciudad de Dios tú no hiciste la adaptación.

– No, no. Entonces voy a poder hablar un poco de los dos lados del trabajo. Va a ser interesante. Siempre en estas esferas vienen alumnos de cine, profesores que trabajan con eso. Es bueno porque se puede debatir. El público es más especializado y quiere discutir, hablar, es muy bueno. Yo también aprendo mucho.

– ¿No habías venido a Chile?

– Sí, una vez en el pasado, pero cuando vine por primera vez hice una conferencia el mismo día que llegué, salí del aeropuerto directo a hacer la conferencia y no tenía nada más por hacer, porque todas las entrevistas las había dado por email. Pero ahora no, estoy trabajando, paseando, está muy bien. Les agradezco mucho a todos.