La fila para entrar al Aula Magna de la U. Austral era larga y bastaba escuchar algunas conversaciones para darse cuenta de que “la coreana de zombies” generaba expectativas entre quienes escapaban del frío que a las 23:00 ya es una ley en Valdivia. La sección Nocturamana se inauguraba con “Train to Busan”, una cinta que valía haber consumido el presupuesto completo de la sección, como adelantaba Raúl Camargo, director del festival.

Quizás algunos sabían algo de la película, por ejemplo, leyendo la información disponible en el catalogo del festival. A la velocidad del rayo alcanzó los cinco millones de espectadores y se convirtió en la más vista y taquillera en la historia de Corea del Sur.

“Train to Busan” tuvo su estreno mundial en la sección nocturna del Festival de Cannes. Ahí, fuera de competencia, la vio Raúl Camargo y decidió que tenía que estar en el Festival de Cine de Valdivia. “Combina lo mejor del cine de zombies con melodrama, y ejemplifica muy bien el espíritu de Valdivia, que aspira tener desde lo más experimental a lo más festivo”, señaló tras el estreno, centrando la atención en otro punto: la reacción del público en la sala.

Corea del Sur funcionando perfecto, con los engranajes perfectamente aceitados de un capitalismo que te chupa el tiempo, las ganas de compartir con tu gente y que te hace mantener la cabeza gacha mirando el celular. Incluso en una invasión de muertos vivientes, en donde la señal más clara es que la palabra “zombie” se transformó velozmente en trending topic.

Con una estructura similar a un montón de películas occidentales, donde los motores del melodrama llegan a generar risas de burla, lo mejor de”Train to Busan” es la riqueza de sus personajes, especialmente los secundarios y los valores orientales que se asoman por ejemplo, en las muertes heroícas, como comenta al salir de la sala Horacio, fanático del cine oriental.

Camargo, al empezar la película deslizó un par de advertencias y dos palabras claves: Lógica de estadio. Sin adelantar mucho, “Train to Busan” hace que la gente se retuerza en sus asientos. Las reacciones tanto en Cannes como en el Aula Magna fueron similares: gritos, risas nerviosas generalizadas en cada momento de calma y en varias veces ovaciones, cuando en vez de anotar un gol, alguno de los personajes logra evadir la mordida de los zombies.

Igual, no importa si quien ve la película no es adepto a las películas de este género. Tampoco si nunca ha ido al estadio. A la salida del Aula Magna los comentarios generalizados apuntaban a entender qué había pasado adentro de esa sala que tenía a la audiencia transformada en un grupo de niños, comentando sus momentos favoritos e imitando las expresiones, ruidos y movimientos de quienes se habían infectado de ese mal que de nuevo sin adelantar mucho, tenía su origen en la explotación salvaje del capitalismo.