El Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan ha hecho que varias historias del músico y poeta refloten en los medios de comunicación de todo el planeta. En Chile, uno de los recuerdos fue ese día en el que le cantó a Salvador Allende en el Madison Square Garden en 1974.

Esa noche, en que Dylan entonó muerto de ebrio un par de canciones, conoció a Joan Jara, a quien no le gustó del todo la presencia del bohemio cantante.

La verdad es que yo creo que Bob Dylan echó a perder el ambiente con su llegada. De hecho, se demoró mucho en aparecer, era de los últimos artistas programados. Cuando llegó al escenario para cantar Blowing in the wind, estaba absolutamente pasado, borracho a más no poder, tenían que sostenerlo para mantenerlo en pie“, contó Joan en entrevista en El Mostrador.

Y es que Dylan no era como Pete Seeger, presente en el evento, un comprometido cantante de protesta. Quizá en los primeros años de su carrera, a principios de los ’60, pero rápidamente se apresuró para quitarse de encima cualquier categoría que lo definiera. Dylan no quería seguir ningún camino preconcebido y construyó su carrera a partir de una mirada crítica, pero muy personal.

“Supongo que cantó, pero no lo escuché. En ese sentido, el concierto no era demasiado bueno, había buena cosa, sí, pero también cosa mala. Todos estaban decepcionados de Dylan“, cuenta Jara.

Los problemas, según cuenta Joan, tuvieron que ver con la dificultad para convencerlo de ir al concierto y por otra parte, mantenerlo alejarlo del vino.

Costó muchísimo convencerlo para que fuera. Una vez ahí, estaba más interesado en tomar: siempre lo vi cerca del vino. En realidad, el ambiente no era muy consciente de la importancia del concierto. A Pete Seeger y su esposa no les gustaba lo borracho que estaba Dylan, y Toshi se dedicó a rescatarnos de un ambiente no muy en sintonía de lo que se trataba el asunto, de un ambiente en el que se fumaba…”, recuerda.

El inesperado paseo al museo

Sin embargo, la situación daría para más. Y Dylan tendría la oportunidad para mejorar su imagen. Tres días después del evento, en una comida en la casa de uno de los organizadores del evento, Joan se volvió a encontrar con el cantautor. 

“Llegamos a una casa impresionante, y Bob Dylan estaba ahí. Me llamó la atención que todos a su alrededor gateaban y susurraban. Todo porque él estaba durmiendo”.

Cuando despertó, sorpresivamente, quiso hablar con ella.

Instantes después, me llevaron ante él, era como una suerte de Dios: estaba ahí, pero al mismo tiempo no estaba. Me empezó a preguntar cosas sobre el país de Víctor. “¿Es verdad lo que dicen, que Chile está tan vivo?“. Recuerdo que esa es la palabra que usó: “vivo””, dice Jara.

“Sí recuerdo que preguntó si acaso era verdad todo lo que estaba ocurriendo en Chile, los crímenes, todo eso. A sus ojos, encontraba innecesario hacer tanto revuelo por un país que ni siquiera sabía que existía. Después, me preguntó qué hacía cuando no estaba intentando difundir la palabra sobre lo que le había ocurrido a mi esposo. Le respondí que era una bailarina profesional, pero esquivé el tema… Y de pronto se me acercó y dijo: “¿Te gustan los cuadros?“”.

“Le dije por supuesto que sí, pero que no había tenido tiempo de ir a museos. Entonces él me preguntó: “¿Te gustaría ir conmigo al Museo de Arte Moderno?”. Me llevó a ver el cuadro Guernica de Picasso…”, reveló Joan.

De ahí en más todo fue sorpresa. Dylan invitando a alguien a hacer algo era algo inusual. Que lo cumpliera ya parecía algo de otro mundo. Tanto que Joan no pensó que llegaría a la cita y cuenta que estuvo a punto de no ir.

Pero ahí estaba.

“Apoyado en un poste de luz, esperándome. Todo parecía un sueño. Nadie podía creer que Bob había hecho algo que dijo que iba a hacer, que realmente estuviera ahí, que hiciera un gesto, un bonito gesto; y lo hizo. Por un momento se tomó todo en serio, creo que se dio cuenta que éramos gente normal. Fue una tarde de verdadera conexión que desapareció para siempre”.

“Recuerdo que todo era muy absurdo, toda la gente merodeaba y no dejaban de mirarlo. Era una locura. Algunos se acercaban y le decían “te pareces a Bob Dylan”, y él respondía “sí, me dicen eso mucho, pero no tengo nada que ver con él, solo me parezco”. Antes de irse, se acercó y me dijo “well, I’m here if you need me” (bueno, estoy aquí si me necesitas) pero nunca lo estuvo. Era su forma de decir adiós”, concluyó Jara.