Uno de los mitos persistentes en el ámbito de la creación artística es, todavía, el de la obra como expresión individual y espontánea de un autor. Varios dispositivos han sido cómplices de la vida extendida de esta ficción: los medios de comunicación, las instituciones culturales, la crítica artística y no pocos creadores, que han alimentado la figura del artista solitario y genial, pero ahora en un escenario de circulación globalizada (en la clave de la estrella pop de alcance planetario y consagrada por bienales, premios y retrospectivas). Los esfuerzos de la investigación cultural, hace décadas, se han orientado a desmontar esta narrativa del mundo del arte que deja sólo a artistas y obras como objetos de contemplación en el muro blanco.

Zonas en disputa, muestra de Sebastián Calfuqueo bajo curatoría de Mariairis Flores, aporta a una crítica de esta mitología individualista desde varios frentes. El primero de ellos es la continuación de un trabajo conjunto en el planteamiento expositivo, iniciado ya en Donde no habito (Galería Metropolitana, 2015). El trabajo curatorial de Flores aparece en distintas instancias: como propuesta interpretativa de las piezas en el texto de muro, pero también en la apuesta por configurar un archivo relacionado con las representaciones en prensa del pueblo mapuche. La selección, el encuadre y la reelaboración de materiales es una tarea emprendida tanto por la curadora como por el artista, sólo que sus posiciones diferenciadas dan lugar a resultados cuyos soportes son, en consecuencia, diferenciados.

 

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Foto: Sebastián Calfuqueo

Esta diversidad de formatos para la reflexión artística se replica en las obras, que se preguntan por los lugares (restrictivos) asignados a ciertos sujetos socialmente subordinados: mujeres, el pueblo mapuche, disidentes sexuales. Las obras de Calfuqueo remiten tanto al trabajo desde la plástica más convencionalmente entendida como a las técnicas de orden conceptual, el video y el registro de performance. En el primer caso, las piezas de yeso, cerámica y resina que conforman Gato por liebre reproducen de forma paródica la escultura de Caupolicán hecha por Nicanor Plaza, hoy ubicada en la terraza homónima del cerro Santa Lucía. De otro lado se posicionan Vivienda predeterminada, Domo  y You will never be a weye, las cuales respectivamente tematizan la relación entre identidad mapuche y ciudad, las múltiples subjetividades femeninas que tensionan lo que entendemos por ser mapuche y, por último, los cruces entre sexualidad y raza. Vista en su conjunto, Zonas en disputa problematiza al menos dos ejes claves en la discusión política sobre las identidades de pueblos indígenas: las exigencias de autenticidad y pureza, de un lado, y la relación tensionada con la contemporaneidad, por otro.

Foto: Sebastián Calfuqueo

Foto: Sebastián Calfuqueo

Al replicar la escultura de Plaza y cubrirla de esmaltes brillantes, con escarcha, o colorarla de tonos chillones, Calfuqueo invita a que cuestionemos la forma en que nuestra sociedad ha imaginado lo mapuche, situándolo dentro de un polo de exotismo y demandando, al mismo tiempo, la continuidad ininterrumpida con una historia previa a la invasión española y posterior colonización por el Estado chileno. Se escenifica una cadena de fracasos en el establecimiento del original, pues la obra de Plaza y sus sucesivas réplicas (siendo esta sólo una más dentro de una larga cadena iconográfica) dan cuenta de la inexistente relación con el referente de Caupolicán; las copias amplifican el desencuentro que ya ocurrió en el “original”. Una incomprensión similar aparece en Vivienda predeterminada, estructura de colihues basada en un proyecto de viviendas prefabricadas para “mapuche urbanos”, y que funciona junto al siguiente texto instruccional: “1. Ubíquese detrás de la estructura. 2. Sienta la luz que penetra, tal como si estuviera en una ruka. 3. ¿Se siente un mapuche contemporáneo? 4. ¿Dónde habita?”. Aquí se juega un problema que también es trabajado por la recopilación archivística guiada por Flores: ¿cuáles son las dificultades (o aun, imposibilidades) de pensar a un sujeto colonizado que sea nuestro contemporáneo? ¿Qué requisitos impone la sociedad chilena a los habitantes de Santiago para mantener su pertenencia al pueblo mapuche y, a la vez, marcar esa otredad? En línea con la obra poética de David Aniñir y las investigaciones que han desarrollado miembros del colectivo Comunidad de Historia Mapuche, Calfuqueo trae a escena las interrogantes que Silvia Rivera Cusicanqui ha desarrollado para el caso aymara: el desafío de pensar una modernidad indígena.

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Foto: Sebastián Calfuqueo

En otra matriz trabajan los videos Domo y You will never be a weye, pues ahí la pregunta por la pureza es arrojada a la propia sociedad mapuche. ¿Qué tipos de violencia subrepticia se reproducen al interior de un pueblo que lucha por su reconstitución bajo condiciones de colonialismo interno? ¿Cómo se habita una identidad racializada que, a su vez, parece excluir el desacato de la heterosexualidad obligatoria? Las voces que aparecen en estas obras manifiestan los desarraigos multiplicados que supone el reconocimiento de lo femenino o de la disidencia sexual en un contexto contemporáneo. No habría tal cosa como una subjetividad de “mujer mapuche”, pues la idea de recuperar una práctica ancestral obliga a encontrarse con una historia heterogénea, marcada a la vez por el sometimiento y la resistencia.

La muestra que ofrecen Calfuqueo y Flores constituye, en resumen, un espacio que despliega los supuestos conflictivos del cruce de identidades y posiciones. Son conflictivos pues en ellos se desarrollan disputas por el sentido asignado a determinados sujetos, por su lugar en una trama de relaciones de poder y sus acciones por transformar dicho emplazamiento. Pero, a la vez, se trata de zonas conflictivas porque marcan la dificultad de habitar los lugares fijados. Artista y curadora nos ahorran cualquier gesto de condescendencia que pudiese apuntar a la naturalización de la violencia colonial y patriarcal en nombre del entendimiento y el diálogo entre culturas, o de la valoración aséptica de la “diversidad”.

Zonas en disputa: Salas 10 y 11, Museo de Arte Contemporáneo, Quinta Normal (Matucana 464, Santiago), del 20 de agosto al 23 de octubre de 2016.


Historiador, docente de la U. Alberto Hurtado