Una nueva catástrofe natural afectó el sur de Haití. Muchas ciudades quedaron destruidas tras el paso del huracán Matthew. Familias completas perdieron sus casas y bienes materiales, pero, peor aún, muchos perdieron a un familiar, un amigo o un ser querido. Más de 900 muertos y miles de damnificados. “Una vez más Haití es azotado” es lo que más se ha escuchado en estos días.

En Santiago, la Organización Sociocultural de Haitianos en Chile (OSCHEC) se organizó rápidamente y en dos días ya tenían una campaña montada. Desde el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) nos pusimos a su disposición y hemos estamos apoyando y colaborando. A cinco días de iniciada la campaña las impresiones y los aprendizajes han sido innumerables.

Como parte del equipo del SJM he estado participando activamente, pero a título personal esta iniciativa me ha mostrado y enrostrado que mucho de lo que se nos cuenta no es cierto.

Me ha impresionado cómo las personas comenzaron a responder generosamente a este llamado. De a poco, fueron llegando donaciones de diferentes comunas y el denominador común era el mismo, todos sacaron de sus cocinas y despensas lo que tenían, no lo que les sobraba.  Otros fueron directamente al supermercado y llenaron las bolsas de alimentos y agua para los damnificados. Todo lo recolectado es producto de personas que renunciaron a los suyo para mandarlo a alguien que, sin conocerlo, saben que lo necesitan.

Así hemos ido llenando una sala que puso a nuestra disposición la Parroquia Jesús Obrero en el Santuario del Padre Hurtado. Lo mismo ha sucedió en Quilicura, en la primera Iglesia Haitiana de Chile. Esto es otro punto importante, más allá de las diferencias religiosas, esto ha sido un ejemplo de colaboración, de unión y de entender que lo más importante son las personas.

Con el tiempo se han ido sumando empresas, colegios, microemprendedores, los compañeros de trabajo en las construcciones, bombas de bencinas y diferentes lugares… gente que sabe que puede aportar con lo que se pueda. Me conmovió una persona que llegó con un cartel hecho para promover la ayuda. Al notar que la cartulina que se había puesto no se distinguía, escribió su propio llamado e invitación a colaborar.

Sin duda, para mí lo más destacable ha sido ver cómo los mismos haitianos en Chile se ha movilizado por ayudar a su gente. No ha habido límites, no ha habido obstáculos. Han pedido vacaciones en sus trabajos para sacar adelante esta campaña. Nos han invitado a todos y nos han comprometido.

Esto es la migración, gente emprendedora, alegre, motivada. Estas son las personas que vienen a Chile y se hacen parte de nuestra sociedad. Esto es parte de la sociedad intercultural que estamos construyendo.

Frente a esto, se ha escuchado la idea de poner barreras a la migración, frenar los flujos migratorios que llegan a Chile mediante visas y complejos procesos administrativos. Cerrar el paso y no aceptar a estas personas significa perder una tremenda oportunidad. Que no es oportunidad de “mano de obra barata”, sino la de contar con personas comprometidas, solidarias, generosas y motivadas. La migración no es cuestión de números; son caras, son historias, son proyectos. A ellos, solo decirles: ¡Gracias por elegirnos como lugar de destino!


Coordinadora Nacional del Área de Incidencia y Directora de la oficina local del Servicio Jesuita a Migrantes en Santiago