Mientras se llevaba a cabo el 31 Encuentro Nacional de Mujeres, un multitudinario hito feminista no solo en Argentina, sino que en todo latinoamérica, en Mar de Plata Juan Pablo Offidani y Matías Fariña acababan con la vida de Lucía Pérez. En un continente azotado por la violencia de género, la crueldad con la que acabaron con la vida de Lucía nos dejó a todas con un grito en la garganta.

Han sido miles las columnas, comentarios y publicaciones en redes sociales que han buscado canalizar el horror, comprender dónde está la falla que permite que crímenes como el de Lucía sean la constatación dolorosa de cómo es ser mujer en una cultura que avala que tu vida vale menos, y en donde los cuerpos son objetos para satisfacer deseos, y que una vez usados, pueden ser golpeados, aniquilados y deshechados. Alguna vez a las chicas las dejaron en zanjas, en bolsas de basura. En este caso, la limpiaron, trataron de borrar las huellas del maltrato, entregándola ellos mismos en el hospital.

Frente a eso, Matías Pérez, hermano de Lucía, escribió una carta para difundir en redes sociales, que difundió el sitio de noticias trasandino La Nación, en donde cuenta cómo se enteraron del crimen, explica que hoy él y su familia reciben amenazas de muerte, y hace un llamado a todas y todos a movilizarse contra la violencia de género.

Esta es la carta completa:

La verdad, me hubiera gustado poder ilustrar esta carta con alguna foto mía, riendo junto a mi hermana. O con una foto suya, abrazada por mis viejos. Pero no, no podemos, ni siquiera eso podemos, porque mientras intentamos procesar que la mataron y cómo la mataron, estamos obligados a procesar las amenazas de muerte que caen sobre todos nosotros.

¿Cómo era Lucía? Como el arte, como el rock, como el amor a los animales. Ahí, en cada estrofa de Viejas Locas, en cada pogo ricotero y en cada abrazo a una mascota abandonada, la van a poder encontrar siempre, sonriendo, mimando a su perro y tirando buena onda para todos lados, por las dudas.

Vivía tranquila, sin salir mucho de casa, hasta ese maldito sábado, 8 de octubre. Pasaron a buscarla cerca de las 10, cuando papá ya se había ido a su laburo. Y a las 15, cuando mi mamá llegó de trabajar, encontró el Facebook abierto en su computadora, junto al A las 18, una amiga me avisó que debíamos ir a la comisaría porque mi hermana había sufrido un accidente. Nunca podría haber imaginado lo que me esperaba. Al llegar, con mi mamá, la oficial que nos atendió no sabía qué decirnos, de modo que permanecimos diez eternos minutos en la oficina del comisario, hasta que nos dieron la noticia. Y se nos cayó el mundo. Pedí reconocer el cuerpo, pero se negaron. Me rehusé a irme e insistí incansablemente, hasta que pude verlo: estaba en una camilla, con los ojitos entreabiertos, como acostumbraba a dormir.

Matías Farías, Juan Pablo Offidani y Alejandro Maciel, los tres sospechosos, hoy están detenidos. Pero no nos alcanza: queremos justicia en serio, que se investiguen todas las causas en las que están involucrados y que cada persona con información pueda ir a la Fiscalía para aportarla. Necesitamos apoyo, sin importar de quién, porque este caso nos compete a todos y no pertenece a ningún sector partidario: se trata de una chica, mi hermana, que murió de una forma horrenda.

Y debemos ser conscientes, sí, porque esta vez le tocó a Lucía sufrir esa bestial violencia de género, pero la próxima te puede pasar a vos, o a la persona que más amás en el mundo. Hay que tomar fuerzas y salir a las calles, para gritar todos juntos, ahora más que nunca: “Ni una menos”.

Sólo así evitaremos que maten a miles de Lucías más.
Y sólo así podremos cerrar sus ojos, para verla descansar en paz.