Entre el 6 y el 10 de octubre se realizó la quinta versión de la Primavera del libro en Santiago y en esta ocasión contó con una visita poco convencional. Se trata de un grupo de poetas, escritores y productores brasileños del denominado movimiento de literatura marginal periférica que opera principalmente en la ciudad de São Paulo.

Se habla de movimiento por la diversidad de actividades que articula, por las dimensiones que ha tomado y por el público involucrado en más de una década de accionar. Dentro de las actividades podemos destacar las intervenciones urbanas (como la denominada postesia y la bicicleteca), los espacios de reuniones comunitarias (los saraus) y la producción de eventos culturales (ferias de libros). Pero en esta pluralidad hay un elemento bisagra: los saraus, que se definen como encuentros nocturnos en diferentes barrios periféricos de São Paulo y en los que se habilita un espacio con micrófono para que los asistentes lean o declamen sus propias producciones o las de otros. Aquí poeta es sinónimo de participante, pues el micrófono es habilitado para que cualquiera disponga de él. Un aspecto no menor, es que tales encuentros tienen lugar en bares. Al respecto, el organizador de uno de los primeros saraus, Sarau da Cooperifa, afirma que es el bar el espacio que el Estado reserva para ellos, pues en la periferia “no hay museos, no hay teatros, no hay cines, no hay lugares para reunirse. El bar es nuestro centro cultural, donde las personas se reúnen para discutir los problemas del barrio, donde se reúnen después del trabajo, después de jugar a la pelota, para festejar cumpleaños, para escuchar y tocar samba; entonces el bar es nuestra ágora, nuestra asamblea y nuestro teatro. El bar es todo lo que el Estado nos dejó, entonces, nosotros lo ocupamos. El bar es todo lo que tenemos, y es eso lo que vamos a transformar” (Sérgio Vaz en entrevista con Lucia Tennina. La traducción es propia).

Como queda explícito en esta declaración, los saraus han sido fundamentales para la conformación y consolidación del movimiento. Y es que desde sus primeras realizaciones, allá en los inicios del año 2000, estos no paran de multiplicarse por las zonas suburbanas de São Paulo e incluso han tenido repercusiones en otras ciudades. Es un espacio en el que la música, la declamación y la performance, más que modos de esparcimiento, son modos de autoafirmación periférica pero, sobre todo, son espacios formativos en el sentido que permiten un acercamiento a un orden literario que, por diversos motivos, les ha sido esquivo.

En cuanto a la especificidad de “literatura marginal periférica”, esta radica en que apelan a los géneros literarios convencionales (poesía, cuento, novela y canciones), y apuestan por modos de visibilidad y circulación a ellos asociadas (editoras, libros, revistas), sólo que estos contienen una marca particular: son editoras autogestionadas, la circulación es por mano y los circuitos se crean entre saraus. A nivel literario se trabaja, en ocasiones, sobre lo ya escrito, ante todo en poesía y música, pero el foco son las producciones de los escritores y poetas que allí se forman. Estas últimas combinan formatos que ellos afirman, como afiches callejeros, grafitis y la música hip-hop.

En lo que se refiere a  la idea de marginal, esta nada tiene que ver con la noción que algunos cineastas, artistas y poetas pusieron en circulación en tiempos de la dictadura brasileña. Dicha noción tenía más que ver con los problemas que aquejaban a la clase media letrada y menos con la miseria y la exclusión social. A inicios del año 2000, su invocación tiene que ver más bien con la definición que se le da al término en las mismas periferias, pues allí marginal es asociado a un calificativo negativo, es prácticamente sinónimo de delincuente con lo cual buscan revertir el estereotipo, al mejor estilo de los afronorteamericanos de los años 60 y 70 con su “Black is beautiful”, pues lo que se afirma con marginal es que en la periferia se escribe. Y es periférica por la referencia al territorio, pero también por los temas a e él vinculados: desigualdad social, la negritud y la migración nordestina, entre otros.

Como bien se puede advertir, lo que hay aquí es un desplazamiento en las formas de entender y significar la escritura que parte desde una apropiación de la literatura y sus formas, en su versión convencional, hacia la producción que denominan marginal periférica, en virtud del archivo cotidiano sobre el que gravitan sus creaciones. La escritura, la poesía, la música y el performance son los modos y los medios por los cuales, quienes se vinculan a este movimiento, elaboran la violencia, explican la desigualdad y buscan suspender los estereotipos que codifican las periferias de São Paulo como lugares reducidos al crimen, al tráfico de drogas y a la miseria.

Esta versión de la literatura no los ha eximido de tensiones con la academia. Es más, desde el movimiento, se levanta una crítica explícita hacia lo que ha significado una de las formas de exclusión. Sabemos que la institución literaria, reforzada y alojada en las universidades, desconsideró por mucho tiempo ciertas prácticas estéticas. No obstante, en vista del relativo reconocimiento que algunas investigadoras e investigadores han dado ya al movimiento cultural  de la periferia, las fricciones se han reducido un poco. Si bien dentro del movimiento hay quienes levantan reivindicaciones identitarias sustentadas en la idea de “ser y escribir desde, sobre y para la periferia”, tampoco buscan establecer un cerco, pues también hay quienes han ingresado a la universidad a realizar programas de postgrado. El propósito fundamental del movimiento es acercar los pobladores a la lectura y a la escritura literaria. Ese objetivo queda bien explicito en el siguiente fragmento, tomado de Brasil Periférica (148):

Desconfíe de los poetas y de las poetisas,

esas personas juegan con las palabras,

te envuelven, te seducen,

y atacan astutamente, sin que lo percibas.

Es casi imposible huir de sus rimas,

y ellos son osados,

hay algunos que escriben versos en placas y las atan a los postes.

No se engañe, basta con espiarlos que en seguida…

¡Estará con un libro de Clarice Lispector bajo el brazo!

(Rodrigo Moreira Campos, Cuidado con los poetas, traducción de Lucia Tennina)

Este movimiento tampoco busca ser una contracultura destinada a espacios under y que rasga sus vestiduras para resistir las vías de cooptación. También buscan reconocimiento en tanto escritores. Autores como Ferréz han logrado ser publicados en editoriales grandes (Objetiva). En este mismo sentido, participan en los programas de financiamiento público para adelantar algunas de sus actividades. Es decir, aunque haya quienes sobrevivan con la escritura, también quieren suspender una economía de la miseria, esa economía tan bien explotada por el turismo.

Dentro de los temas que esta escritura y estas intervenciones urbanas instalan para la crítica, está la relación entre rap y poesía, la pregunta, aún actual, por la función social de la literatura y por las temporalidades de las prácticas literarias, no sólo en lo referente al tiempo de la producción y el tiempo de la crítica, sino entre el tiempo de las dinámicas académicas y el tiempo de la creación, pues advertimos, en este sentido, por lo menos dos temporalidades en juego. La primera es la de la academia, que viene anunciando la crisis de las formas convencionales de entender las prácticas literarias. La segunda es la de las formas estéticas populares, en este caso, marginales periféricas, que manejan otro ritmo, otras exigencias y otros propósitos. El desafío está justamente no en afirmar esa separación entre ellos (allá) y nosotros (acá). El desafío está puesto, creo, en el modo de leer. No en aquella simple celebración de “lo popular” –una tendencia de un cierto paternalismo culpable–, pero tampoco en la desconsideración fácil que lleva a ese lugar sin salida al que conducen las discusiones sobre si lo que hacen es o no es literatura. El desafío está en cómo hacer dialogar esas temporalidades, sin reproducir las desigualdades que las cruzan. Es, para decirlo con Jacques Rancière, asumir la igualdad de las inteligencias.

Por último, la literatura marginal periférica de São Paulo llega a Santiago de Chile, vía Buenos Aires. En este caso los puentes los establecen Lucia Tennina, traductora y editora de Brasil Periférica. Literatura marginal de São Paulo y la Editorial Cuarto Propio, que es la casa editorial que acoge dicha publicación y cuyo lanzamiento se realizó el domingo 9 de octubre en el marco de la Primavera del libro.

Pero no es la primera vez que este material se conoce en español. Lucia Tennina, académica argentina, ha realizado varios empeños por traducir y dar a conocer este material en el país vecino. Tenemos así sus traducciones de los libros de Ferréz –uno de los autores más conocidos y trabajados dentro de este movimiento–, publicados por la editorial Corregidor en su colección Vereda Brasil. Asimismo, Brasil Periférica, cuenta con una primera versión en Argentina (Saraus. Movimiento / literatura / Periferia / São Paulo, Tinta Limón Ediciones), y otra en México (Brasil periférica, Ed. Aldus), ambas publicadas en 2014.

Si bien el motivo principal de esta visita fue la presentación de la versión chilena del libro, el grupo realizó otras actividades dentro de las que se cuentan un encuentro con los integrantes del grupo en Estudios brasileños de la Universidad de Chile, coordinado por el profesor Horst Nitschack y Mónica González, y un sarau en la biblioteca del Centro Cultural Brasil Chile. Esperamos que esta producción despierte el interés de la academia chilena.


Doctora en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile, Colectivo Communes