Como sacadas de una película Gore. Hechos escabrosos han irrumpido la tranquilidad mediática tensionada por los cruentos episodios de violencia que, una y otra vez, sucesivamente, dan cuenta de la condición secundaria, subordinada, vulnerable y precaria en la que vivimos como mujeres. Niñas, madres, esposas, vejadas en un continente de impunidad que recuerda la violencia dictatorial, y con ella, la necesidad de justicia y democracia. El feminismo se ha vuelto una necesidad. Se ha vuelto un imperativo que no sólo traspasa las barreras académicas de su producción, sino que es vuelto cuerpo, carne, es por sobre todo una experiencia común de despojo, de vulneración vuelta resignificación y propuesta.

Escenas Gore, como dirá Sayak Valencia, de un capitalismo que ha trastocado sus propios límites de producción mercantil, donde incluso las escenas de la macabra muerte de una niña, podrán ser portada de un diario sensacionalista que exige justicia (Valencia, S: 2010). Justicia sin contenido. Democracias sin igualdad. Feminismo sin disputa. Pero es preciso disputarlo. El feminismo apela a eso, justamente, a una reflexión que históricamente ha logrado trastocar los espacios normativos de lo políticamente contingente, de lo absoluto, del marco de inteligibilidad y las normas que produce. La interpelación feminista es aquella que surge de la inquietud constante de preguntarnos, una y otra vez, incansablemente, el porqué de las formas y espacios de reproducción de la violencia, de la injustica, del patriarcado.

Es esta intención la que ha relevado Alejandra Castillo en Disensos Feministas (Santiago, Palinodia, 2016). Una y otra vez que –como el mismo feminismo– insiste en un pensamiento filosófico que interpela a lo político desde su clave masculina. El privilegio de poder compartir hoy algunas apreciaciones al respecto, no hacen sino reafirmar una aseveración que es preciso enfatizar: nuestra autora, elabora una propuesta que desde sus primeros textos a mediados de los 2000, han ido puliendo una lectura feminista crítica, perseverante, profundamente política y tenaz, volviéndose un referente para el joven feminismo estudiantil. Disensos Feministas nos aporta más aristas para una comprensión teórico-política de las complicidades y complejidades del feminismo contemporáneo. De sus altibajos, equivocaciones y pies en falso, que muchas veces restan la potencia transformadora a un movimiento político y teórico, práctico y académico, cuyo potencial sólo hemos podido presenciar en específicos momentos de reunión, coordinación y síntesis.

Disensos Feministas es un libro que surge en un contexto donde es fundamental multiplicar su lectura, comprender esa doble apertura que nos presenta la autora: el Disentir y Disputar. Dos conceptos que atraviesan e hilvanan la propuesta de Castillo, pero que también corresponden a su propia mirada sobre el feminismo y desde el feminismo. Su gesto disidente se transforma en una disputa política que vertebra la propuesta: desde una constante necesidad por interpelar la producción teórico-política patriarcal, como también los reveses que ha atravesado el feminismo en su “ingreso” al espacio público-político. La disputa se juega tanto en el gesto crítico, como en la necesidad de poner a prueba algunos de los supuestos que han establecido una formación patriarcal, heteronormada y dicotómica. Tales comprensiones se nos presentan en distintos momentos, configurando una amalgama de propuestas que rebaten y vuelven constantemente sobre el problema central y punto de común interés: cómo pensar(nos) desde formas políticas no patriarcalizadas, cómo ensayar nuevos feminismos, cómo articularnos desde y para ese otro feminismo. Si pudiésemos trazar un recorrido, diríamos que Castillo realiza una doble inflexión. La primera, es aquella donde problematiza la noción de igualdad, contenida en la propuesta jurídico-política moderna, que luego de la irrupción feminista desde Wolltonscraft en adelante, es cuestionada a partir de los mecanismos excluyentes que contenía la promesa. Paradoja de inclusión –exclusión, ingreso– expulsión, dicotomías que grafican un debate lejos de un término. En un segundo momento, nuestra autora acentúa la reflexión en el escenario político contemporáneo, latinoamericano y situado, complejizando la relación entre mujeres y políticas, neoliberalismo y feminismo. Es en esta acera donde nos cuestionamos sobre los rendimientos del feminismo actual, su condición de disputa y las efectivas formas de contener una demanda que no reitere una retórica maternal y diferenciada.

Políticas del Ingreso: contrato y cuidado

Pensar lo político es también pensar el feminismo. Es dotarlo de una densidad que desencaje los espacios producidos por una masculinidad hegemónica, como también comprender su espesor desde otra lupa, otro acento. En los primeros capítulos de Disensos, Castillo, se enfrenta al problema de lo político haciendo interactuar a diversas corrientes de pensamiento: postmarxismo, feministas anticontractuales, feminismo cultural o de la diferencia, serán parte de esta reflexión.

Espacios de la ciudadanía, es el capítulo donde pone en tensión la pregunta por las políticas del feminismo en el contexto del ingreso y resignificación de las mujeres a espacios y derechos que le han sido históricamente marginados: ¿qué política comprende este ingreso? Para Castillo, esto se muestra un doble problema representado en una vieja encrucijada: “optar por mimetizarse en la hegemonía dominante (masculina), o bien, ingresar en tanto portadoras de la “diferencia materna” (p. 17). Dicotomía que aborda a partir de las propuestas de Chantal Mouffe y Carol Pateman. Si para la primera el énfasis radica en la posibilidad de profundización y radicalidad democrática, cuyo objetivo es corregir la exclusión de las mujeres de la condición ciudadana, para Pateman la interpelación es justamente a las formas patriarcales presentes en los conceptos de individuo y contrato, revestidos del pacto originario, el contrato sexual.

Desde el feminismo se cuestiona la producción teórico-política moderna. Tozudez analítica, disenso en la producción. Intención que busca un dar cuenta a partir de los movimientos que denotan los espacios políticos fallidos desde su lugar originario. Una política feminista que reviste un velo crítico, que establece en la disputa una condición para otra democracia.

Lo interesante de tales propuestas –nos enfatiza Castillo– es que establecen un “cuestionamiento a los límites de la representación unitaria inscrita en la noción de espacio social patriarcal” (p. 31). Además, dan cuenta de la actualidad de la disputa a partir de los argumentos que se esgrimen en el escenario político tradicional, estableciendo dos opciones: a) condición de desigualdad de las mujeres atravesadas por la vigencia de estructuras anacrónicas, que restringen su igualdad en formación y capacidades; y b) “las mujeres son “diferentes”. Esta diferencia las hace habitar el mundo de un modo diverso a los hombres. Traducir esta diferencia en política supone la implementación de “políticas de la diferencia o del cuidado (p. 32).

Políticas del Ingreso: diferencia y afirmación

El ingreso diferenciado de las mujeres al plano público-político, bajo la estructura femenino-maternal, comprende una política del cuidado. El problema se genera en la medida en que se ha establecido un patrón masculino universalista que media la figuración de las mujeres: ¿cómo pensamos/realizamos una incorporación de las mujeres escindida de la imagen de la madre cívica y de las retóricas del cuidado? No por ello olvidamos la necesidad de una relevar el cuidado como un espacio históricamente vaciado de contenido político, más bien, la crítica apunta a la comprensión de las mujeres como únicas y exclusivas portadoras de esa significación. Del reconocimiento del cuidado como la alternativa privilegiada para el posicionamiento en lo público, o bien, la politización de una voz. Castillo, cuestiona la construcción de un sujeto cuya relación política está puesta en juego a través de las retóricas del amor y del cuidado, en tanto sujeto con “atributos” específicos. A través de estas lecturas –nos señala la autora– “se han hermanado, paradójicamente, lecturas conservadoras y progresistas toda vez que han intentado pensar las relaciones entre mujer y política, familia y sociedad” (p. 58).

En este sentido, las políticas de acción afirmativa establecen una conexión entre la noción de diferencia, con la de responsabilidad y cuidado. “Es en este lugar –señala Castillo– en que se nombran en contigüidad política, mujeres y diferencia donde propongo poner en relación dos zonas en apariencia distantes: las políticas del cuidado y los feminismos de la acción afirmativa” (p. 73). Para la autora, las políticas de la presencia no sólo construyen un lugar de reconocimiento, de visibilización, sino que también propenden una forma de agencia política. Sin embargo, ambos aspectos estarían condicionados por el “signo del margen”: en tanto reconocimiento incompleto, vacilante y fallido, que requiere de una constante reafirmación por parte de las mujeres. Una presencia que implica excelencia, demostración y ejemplaridad. Por lo tanto, un ingreso que se condiciona a partir de un sello particular, de un marco específico de desenvolvimiento, que –bajo nociones universalistas– confiere una particularidad específica. Requiere de una diferencia femenina toda vez que esta se significa como puerta de entrada a marco político-moderno.

Castillo señala, entonces, uno de los nefastos efectos de tal procedimiento del discurso del universal excluyente: “Discurso doble que tendrá en la figura de la “diferencia” su llave de entrada y en la maternidad su lugar de destino: se entra para salir” (p.85).

¿Cómo resquebrajar las formas de esta reproducción? Alejandra nos muestra un panorama que, oculto bajo las normas de la repetición, obliteran un sentido disonante, una política feminista que distorsione los planos de la reproducción teórico-liberal, contemporánea. Más que restituir, se busca una disrupción que, a contracorriente, alerte frente a las políticas de la presencia su efecto oscilante entre un ingreso que excluye. Su texto da cuenta de cómo la diferencia se significa en las retóricas sobre el cuidado y la acción afirmativa, doble cariz que Castillo dilucida en un revés complejo, mostrando el punto tangencial perspectivas presuntamente contrapuestas y disonantes (comunitaritas y liberales).

Contingencias Feministas

El cierre del libro enfrenta una pregunta vuelta deuda en los registros contemporáneos: la relación entre feminismo y neoliberalismo. Verónica Schild y Nancy Fraser serán las encargadas de vehicular una reflexión que posiciona, quizás hoy más que nunca, a un problema central: la relación entre políticas de género-progresismo y neoliberalismo de nuevo corte. Las políticas de género, las mismas que se le levantan en períodos postdicatoriales en América Latina, traducen el ímpetu transformador del feminismo ochentero, transmutan en política institucional una respuesta disruptiva. Mucha tinta ha corrido sobre aquello. Sin embargo, el acercamiento de Castillo opera a través de la pregunta entre redistribución o reconocomiento, feminismo social o cultural, en palabras de Fraser. Dicotomías que ocultan los contactos que se establecen en ambas esferas, como si, efectivamente, un feminismo cultural fuese subsumido en la esfera neoliberal con mayor complicidad, obviando el gesto específico de una democracia que culpa al feminismo de una desarticulación comandada por la necesaria e intensa pacificación de los cuerpos demandantes de democracia, en el país y en la cama.

Diremos, complementando a Castillo, que las temáticas de género y sexualidades fueron parte de esta transacción de la Transición a la Democracia, a través de una operación que rectificó el camino disruptivo de los ochenta: más que una política que dislocaba el orden político-patriarcal, se tendió hacia una estabilización a través de la transacción en relación a aquellos temas denominados valóricos. La Transición pactaba a través de las demandas y en los cuerpos de las mujeres. La lógica de la moderación y reconciliación, frente al pasado polarizado del país que impuso la lectura transicional, generó un dispositivo que marginó de sus circuitos de habla las posturas más radicales, posibilitando una merma en los debates valóricos (aborto, divorcio, etc.) “para que los antagonismos de posturas entre el feminismo y el discurso oficial sobre mujer y familia no desequilibraran el término medio (centrista) de lo políticamente consensuado” (Richard, N.: 2001, p. 230). Así, el discurso sobre el cuerpo y lo sexual desestabilizan el sistema de género, fragmento que le da a Castillo la posibilidad de afirmar que, por el contrario de la crítica de Fraser, “El cuerpo y sus políticas nunca han sido “meramente” culturales” (p. 99). Bajo el espacio de la cultura se despolitiza lo político de la implicancia cultural, y con ello, se contribuye a una crítica donde feminismo, una vez más paga las consecuencias.

¿Qué democracia entonces? se pregunta Castillo en su último capítulo. Una democracia feminista será aquella que traspase los cercos neoliberales, impregnados por una democracia elitista que oculta su origen consensual. Justamente estos marcos democráticos son los que constriñen un feminismo que trascienda lo institucional. Traspasar los marcos, borrar las barreras del consenso, serán parte de una apuesta que trastoque los espacios desde donde se construye y reproduce un régimen político cercenante, que cuestiona desde la misma condición de posibilidad. La propuesta de Alejandra Castillo es clave. Nos sitúa dentro de la decisión misma de lo político, posibilitando un diálogo contingente frente a un feminismo a ratos disperso y desarticulado. Tener presente las actuales implicancias, los movimientos y desafíos, es parte de una hoja de ruta que se torna imprescindible si nuestro objetivo es continuar, tenazmente, una crítica y práctica feminista coherente.

No queda más que agradecer a Alejandra esta nueva producción, sin duda una de las autoras más prominentes en la palestra nacional que hemos tenido el privilegio de leer incansablemente. Feministas, disidentes, activistas todas, hemos devorado sus producciones. Reunidas desde múltiples veredas, pero convocadas con la sola convicción de que hoy, el feminismo se ha vuelto una necesidad, y es esa intensidad la que leemos y disfrutamos desde los mismos Disensos Feministas.

Bibliografía

-Castillo, Alejandra (2016), Disensos feministas, Santiago, Editorial Palinodia.

-Richard, Nelly (2001), “La problemática del feminismo en los años de la transición en Chile”, en Daniel Mato (Comp.), Estudios latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización, Buenos Aires, CLACSO.

-Valencia, Sayak (2010), Capitalismo Gore, España, Editorial Melusina.


Académica, Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago