De poco sirve que algunas autoridades insistan en repetir frases para el bronce como: “la necesidad de no vulnerar los derechos de las mujeres”. No se trata de hablar, se trata de hacer algo por ellos. Cuando alguien se arroga la libertad de hablar de derechos humanos, éstos no se seleccionan de acuerdo a la conveniencia política del momento o del gobierno de turno.

El que una mujer Mapuche en Concepción, Lorenza Cayuhan, diera a luz estando engrillada, sólo nos puede retrotraer a la época de la dictadura chilena, donde los detenidos eran, precisamente, agredidos, torturados, violentados en sus derechos, estando engrillados, estando amarrados, reduciéndolos a una condición que va más allá de la miseria. Quienes lo hacían estaban trastocados por el sentimiento de superioridad y por la maldad.

No sólo se trata de una mujer Mapuche que permaneció engrillada durante todo el proceso de traer a su hijo a la vida, sino que ante ella se instalaron gendarmes hombres para custodiarla. ¿Eso no es vulneración?, ¿por qué tres gendarmes hombres, por qué no designar para la misma tarea a funcionarias mujeres? La presencia de mujeres gendarmes lo establece el propio programa de mujeres embarazadas e hijos lactantes de la institución estatal. ¿No han leído los gendarmes este instructivo, o, en este caso puntual, se olvidaron de aplicarlo?, ¿sólo la memoria sirve cuando se quiere recordar las normas?

Acaso, ¿alguien podría imaginar que una mujer en plena cesárea se va a escapar y, por eso, supuestamente, se requería de la fuerza que para detenerla pueden exhibir tres hombres? Una humillación y un atentado a los derechos de Lorenza y de su hijo recién nacido. Aquí se vulneró el Artículo 2 de la Ley Nº 20.284 que establece Derechos y Deberes del Paciente y señala: “la atención que se proporcione a las personas con discapacidad física o mental y a aquellas que se encuentren privadas de libertad, deberá regirse por las normas que dicte el Ministerio de Salud, para asegurar que aquélla sea oportuna y de igual calidad”. El derecho al trato digno, planteado en el Artículo Nº 5 de esta ley, también se ha vulnerado.

En este caso, los cuidados del lactante también se transgredieron, porque todo el escenario se dio en un contexto de estrés, violencia y tortura. Claramente, obligarte a parir con grilletes es lisa y llanamente tortura, hay que decirlo con todas sus letras. El propio presidente del Colegio Médico, Enrique Paris aseguró que el procedimiento no cumplió con los protocolos sanitarios mínimos para la realización de una cesárea y que, incluso, vulneró acuerdos internacionales suscritos por Chile, como el Tratado de Estambul, pudiendo configurarse como una tortura ejercida por la autoridad, en este caso, por Gendarmería, institución que tenía a cargo la custodia de Cayuhan. El protocolo de Estambul lo considera una tortura. Es una falta gravísima a los Derechos Humanos. Estoy seguro que, a nivel internacional, esto va a causar un grave perjuicio a la imagen del país”, sentenció Paris.

Estamos en un gran problema, porque la autoridad no puede desconocer que en los tratados sobre Derechos Fundamentales firmados y ratificados por nuestro país se contempla la obligación de respetar la dignidad de las personas. Y no se establecen diferencias cuando estas personas están privadas de libertad y, frente a esto, el Estado tiene la obligación de respetarlos, así como los Derechos Fundamentales de las personas, los cuales están contenidos en la Constitución Política. Nada justifica las violaciones a los derechos humanos efectuadas por agentes del Estado.

Todo tratado internacional dice que un reo pierde el derecho a la libertad, pero no pierde los derechos humanos, violados en este caso, como dijo José Cayuhan, hermano de Lorenza, “se nos viola la dignidad de poder tener un bebé en libertad. Se supone que Lorenza estaba siendo operada, estaba con anestesia, es imposible, ilógico que ella pudiera salir arrancando si estaba de esa manera”.

La propia Lorenza, en un testimonio que publicó la Radio Bío Bío aseguró que “desde la cárcel me sacaron solamente con esposas hasta el Hospital de Arauco y, después, cuando me subieron a la ambulancia me pusieron los grilletes en los pies, siempre amarrada a la camilla y, ahí, estuve con grilletes hasta el día del parto. Me sacaron los grilletes cuando la guagua había nacido ya”. Ante esta declaración, estamos en presencia de un acto inhumano, qué duda cabe.  

Frente a la denuncia de como se actuó con Lorenza Cayuan, es incomprensible que las autoridades designadas en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género sacaran, apenas, una tibia voz para referirse a esta vulneración que afecta a la comunera Mapuche. En medio de otras situaciones, han intentado aparecer en cuanto medio de comunicación hay para hablar, que la población tome conciencia de que no se puede agredir a una mujer. Sin embargo, su actitud lleva a pensar que en Chile hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría.  Si eres de origen Mapuche, estás confinado a permanecer en el último nivel y mientras no haya una muerte de por medio, entonces, se habla poquito del tema, no vaya a ser que al hablar se tropiecen y pierdan un peldaño en su escalada al poder.

Las autoridades, designadas en sus cargos por un tiempo, deben defender a todos los chilenos, no sólo a algunos, no sólo por su condición de origen o de género, no porque les reporten o no votos a un determinado sector político. Para mí, el silencio no es una opción, porque te hace cómplice de la injusticia, y “no me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más preocupa es el silencio de los buenos”, como dijo Martin Luther King.


Profesor