Dos personajes, dos monólogos, son los que dan vida a “Quizá sea esta la última vez que tenga que decirte algo”. Una obra de teatro que habla de las mujeres, de la discriminación, de la marginalidad, de la violencia y de las consecuencias de tomar la justicia por las propias manos… un trabajo en conjunto del actor Michael Silva y Jéssica Huerta que se presenta hasta el 29 de octubre en el Teatro Sidarte.

Dina y Yegua son las protagonistas, las mujeres que representan la historia de tantas otras calladas, silenciadas, abusadas, maltratadas. Dina es una mujer que asegura ver a Dios, una especie de salvadora que recibió una revelación. Yegua, un travesti infectado con VIH, lo que la convierte en una persona doblemente discriminada. ¿Qué tienen en común? Ambas están marcadas por una historia familiar de violencia, pobreza y maltratos que han determinado sus vidas.

Con una luz roja, con una música suave y sensorial conocemos a Dina, una mujer que siendo adolescente escapa de su casa al no soportar más los maltratos de su padre hacia ella y hacia su madre. Se va, lo deja todo, vive en la calle, pasa hambre, pasa frío y un día, prostituyéndose para poder comer, encuentra al amor. Un amor correspondido, un amor con el cual se establece, con el que se transforma en esposa y en madre de dos niñas, una mujer con una vida donde todo parece estar en orden, sin embargo el creciente alcoholismo de su pareja y los episodios de la violencia la llevan a tomar una decisión desde sus entrañas… Trata de soportar lo más que puede, hasta que el abuso de su esposo a sus dos hijas es la cúspide de su historia, el clímax de su vida, el momento en que ella decide hacer justicia. La actuación de Jéssica Huerta se muestra potente, con una voz ensordecedora a ratos, nos muestra la realidad que debió atravesar. Sin embargo en algunos puntos su mirada perdida en el infinito nos confunde entre una sensación de vacío y una falta de teatralidad de sus textos…

A Yegua la encontramos desafiante. Ella misma lo dice: “el Sida me hace consiente de que este puede ser el último momento”. ¿Qué se puede perder? A Yegua la conocemos junto a un militar en retiro, acostumbrado a la sangre, acostumbrado a matar. Yegua alza su voz sin dudar y revela una verdad escalofriante, que hace justicia por todos los abusos… una verdad que es revelada en medio de la nada antes de morir. Interpretada de manera brillante por Michael Silva, nos muestra el lado más oscuro que nuestra sociedad trata de esconder: el travestismo y el SIDA, elementos silenciados por años en nuestro país que son sacados a la luz. La actuación de Silva, nos pone en jaque, hasta el punto de si estamos realmente viendo a un travesti a un hombre actuando de travesti.

Algunos puntos de conflicto en la obra son no comprender si ambos monólogos, el de Yegua y Dina tienen algo en común. En algunos pasajes no queda claro si ellas se conocen, si hay algo concreto que las una. Incluso en algunos pasajes quedan dudas sobre si el hombre al que Yegua le habla, es el esposo de Dina… sin embargo estas dudas se disipan ya al final del espectáculo cuando con claridad se comprende que se habla de personas diferentes.

En cuanto a la escenografía, la obra opta más bien por el minimalismo. Ambos actores utilizan una silla gigante de madera que sirve como apoyo y respaldo al momento de contar su verdad. Con una iluminación precisa, se crean ambientes para hacernos entender lo difícil que es vivir para ambos personajes. El texto es lo principal, la transmisión óptima del mensaje viene desde la voz misma, desde la palabra. Los matices en la interpretación, le dan un dinamismo a la obra y una cercanía que lleva a involucrase al máximo con estas dos historias, donde cada espectador puede evocar algún episodio o recuerdo de su vida.

Una puesta en escena que cuenta sobre dos mujeres marginadas, dentro de la propia marginalidad… un drama, con algunas notas crueles, subversivas y de humor negro.

Desde la guata, se puede sentir y entender a cabalidad el dolor de estas mujeres, sin embargo en algunos minutos de la obra la actuación y el pequeño espacio de la sala del Sidarte generan distracciones que finalmente te llevan a perder el hilo y detenerte en pequeños detalles. Además de algunas fallas con el equipo de música que generaron algunos sonidos y ruidos que no correspondían en escena.

“Quizá sea esta la última vez que tenga que decirte” algo nos invita a la reflexión, al pensamiento crítico sobre fenómenos ligados al orden masculino hegemónico construido y perpetrado por siglos que subyugan el rol de la mujer.


Periodista.