“100 preguntas sobre sexualidad adolescente, editado por la Municipalidad de Santiago, es una respuesta  a las preguntas que se hacen los niños hoy por internet. Pero resulta que esto no es educación sexual, esto es para requerimientos de información de pornografía. Esto es una máquina de sexo, donde empiezan a importar las posiciones, los orificios, las lubricaciones, una cuestión completamente sanitaria“, señaló hace poco días, escandalizada, la periodista Pilar Molina en el programa de debate político de Canal 13, llamado “En Buen Chileno”.

En honor al nombre del programa del canal de la U. Católica, ósea, “En Buen Chileno” o digamos las cosas por su nombre, la colega Pilar Molina es la misma periodista conservadora que en los años 90 armaba burdos montajes mercuriales para criticar las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad JOCAS, utilizando fotos de niños portando condones. Pilar Molina, flamante contratación del canal de Luksic, hace poco directora de Televisión Nacional de Chile en el cupo de la UDI, escribió un polémico reportaje para El Mercurio publicado un 8 de septiembre de 1996, hace 20 años, titulado: “La nueva política de educación sexual del Gobierno”.

libro

La presente publicación del Magister en Educación Leonardo Arenas, titulada: “Aportes para una historia de la educación sexual en Chile”, emerge como una necesaria y refrescante investigación histórica que revisa las diversas propuestas de políticas públicas y programas de educación en sexualidad y afectividad que ha impulsado el Ministerio de Educación de Chile desde la recuperación de la democracia electoral en el año 1990 hasta el 2016, donde comparecen documentos oficiales de cada período de gobierno, estableciendo0 una vinculación con tres polémicos hitos que inciden en dichas políticas públicas: el impacto mediático de las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad –conocidas como JOCAS-; las acciones de protección a las estudiantes embarazadas y/o madres y el estado de la obligatoriedad de la educación sexual tras la promulgación de la Ley N°20.418.

En el marco del recuerdo investigativo del impacto mediático de las ahora épicas Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad –JOCAS- es que Leonardo Arenas nos trae a la memoria el burdo reportaje de Pilar Molina para El Mercurio. Hablamos de reportajes, notas periodísticas o enfoques conservadores de clases dominantes que vuelven a repetirse casi como una pesadilla con el libro sobre sexualidad adolescente que editó tan acertadamente la Municipalidad de Santiago. Digo acertadamente porque más allá de las sospechas de campaña electoral encubierta de la ex candidata Carolina Tohá, la polémica que provocó su jovial contenido, nos recuerda lo mucho que nos queda por hacer y lo poco que hemos avanzando en derechos sexuales, reproductivos y particularmente en educación sexual en Chile.

El controvertido libro de sexualidad adolescente aparece públicamente anunciando las luchas que el mismo Leonardo Arenas señala en su documentada investigación: “La educación sexual es uno de los campos en disputa de mayor conflictividad en donde las diversas opciones políticas–religiosas pretenden imponer su hegemonía o al menos mantener un espacio de control a través de la libertad de enseñanza”.

Efectivamente, mientras leía estas conclusiones, escuchaba las campanas de la misa dominical de mi barrio de El Cortijo en Conchalí y la inédita disputa en TVN donde un grupo de comentaristas políticos hablaban de sexualidad, sexo anal, masturbación, deseo y goce sexual. Parecieran ser las mismas polémicas de hace dos décadas pero ahora de modo mucho más abierto e impulsadas por una sociedad más participativa, deliberante, escuchando incluso algunas voces de nuestros jóvenes como hace poco tiempo lo hacía Tadeo Villanueva, un audaz e inteligente adolescente que el programa Modo Termómetro de Chilevisión apoyaba el polémico libro y nos hablaba del sexismo en la música, particularmente en el sexualizado reggaetón.

Feliz y coincidentemente, el libro de Leonardo Arenas aporta contexto político e histórico a un debate histérico que muchas veces se pretende reducir al poto, al semen o al “pirulo” como decía –infantilmente- un reconocido experto en sexualidad adolescente que se fue de gira de canal en canal hablando de la sexualidad en los jóvenes. Doctor Capponi, creo se llama. Es hora de escuchar menos a los expertos y abrir los ojos y oídos a nuestros jóvenes, leyendo conjuntamente investigaciones tan serenas e importantes como la de Leonardo Arenas, editada por El Desconcierto.

“Aportes para una historia de la educación sexual en Chile” se desarrollada bajo la metodología de un estudio de casos configurando un corpus documental necesario para la profundización en las propuestas pedagógicas y del campo político en el abordaje de la educación en sexualidad en las políticas educacionales.

La primera parte de la investigación es una recopilación de todas aquellos planes y programas que los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia (Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos y Bachelet), el primer gobierno de centro-derecha (Piñera) y los dos años del segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet, señalando propuesta e implementaciones de ciertos planes en el ámbito de la políticas de educación en sexualidad.

Tal vez las páginas más sabrosas, mirado desde el periodismo de investigación, es la recopilación de las noticias publicadas en los medios impresos nacionales desde el 8 al 30 de septiembre de 1996, el que se inicia con un artículo publicado en el suplemento Reportajes de El Mercurio donde se detalla la “Nueva Política de Educación Sexual” que estaba implementado el gobierno de Eduardo Frei Ruiz – Tagle. El mencionado reportaje, firmado por la periodista Pilar Molina, provoca la reacción de representantes de la Iglesia Católica y del sector político más conservador de la élite.

En estos días hemos escuchado a los políticos del mismo sector protestando por lo que consideran “dirigismo estatal”, buscando centrar todo el debate de la educación sexual en las “familias” como si nuestro padres, nuestras madres, fueran expertos en educación sexual. Familia, entendida por la derecha, siempre heterosexualmente. “Papá, mamá e hijos, ojalá la parejita y que nazcan “sanitos”, dicen. Los sacerdotes esta vez han guardado sospechoso e inteligente silencio, seguramente las culpas por abusos sexuales los tienen más ocupados dando cuenta en los Tribunales de Justicia o buscando encubrir sus conductas impropias frente a sus superiores.

El otro hito ampliamente destacado en la investigación de Leonardo Arenas está relacionado con la política de embarazos en adolescente y la protección del derecho a la educación. La ley promulgada por el presidente Ricardo Lagos Escobar resulta de una demanda en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por denegación de dicho derecho a Mónica Carabantes, una estudiante en la ciudad de Copiapó a la que no se le renovó la matrícula por estar embarazada. Habiendo recurrido a los Tribunales de Justicia en Chile, en donde se dio la razón jurídica al sostenedor, Carabantes recurrió a la CIDH en donde se llegó a un acuerdo reparatorio que incluyó becas y la promulgación de una legislación acorde a los lineamientos del Derechos Internacional.

Finalmente, la investigación realiza un acertado análisis a la Ley 20.418, que si bien tenía como objetivo el poder disponer de la Píldora de Anticoncepción de Emergencia (conocida como Píldora del Día Después) en el sistema público, por cuanto podía ser adquirida en farmacias, pero no expendida en el sistema público, en su trámite legislativo se incorporó una indicación de cuatro senadores que estableció la obligatoriedad de que los establecimientos educacionales que imparten enseñanza media de tener un Programa de Educación Sexual. Tal obligatoriedad de disponer de Programas de Educación de Educación sexual ha sido incumplida por las diferentes administraciones, denuncia Leonardo Arenas.

La presente investigación, realizada en el marco del Magister en Educación de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, se constituye en un corpus necesario para los futuros estudios y propuesta de educación en sexualidad en la institución en donde radica su máxima expresión, como lo es el Ministerio de Educación.

En tiempos de apertura cultural, donde nuestros jóvenes reciben cada día más estímulos e información sexual, estando expuestos a diversas Infecciones de Transmisión Sexual, urge la educación, el conocimiento y la lectura de importantes investigaciones como las de Leonardo Arenas. Del mismo modo, urge la implementación de Programas de Educación Sexual contemporáneos donde las mil preguntas (no solo 100) de nuestros jóvenes sean respondidas abiertamente.

Desde las diversidades sexuales, las luchas del género y las militancias comunitarias de las personas que Vivimos con VIH/SIDA, saludamos el esfuerzo, persistencia e insistencia de Leonardo Arenas y Ediciones El Desconcierto que levantan bienvenidas e ilustradas demandas de educación sexual y justicia social en Chile.