Los abuelos contaban que en ciertas ocasiones invitaban al espíritu de una planta medicina a que danzara dentro de ellos. Decían que al abrazar su espíritu lograban que esta les enseñara sus visiones de la vida.

Rescatamos un relato de uno de los abuelos…

“El Espíritu de la plantita se manifestó en su totalidad dentro de mi cuerpo, logrando así su visión a través de mis ojos. Observé y sentí cómo se movía y danzaba la naturaleza afuera, con sus sonidos profundos, sus texturas, sus aromas y sus propios ritmos. Los seres humanos daban la sensación que eran prácticamente hormigas, que no jugaban un rol muy importante en el ciclo espontaneo y sagrado de la naturaleza, más bien no afectaban en nada el devenir de la vida misma.

A continuación, surgió un entendimiento con un árbol de ciruelos que había a pocos metros.

La revelación fue que el Ciruelo, simplemente “era un Ciruelo”. Su tarea en esta vida era dar solo ciruelas y las mejores. No había dado en su camino de vida damascos, higos, peras u otra fruta, siempre dio ciruelas desde sus inicios. Así este árbol estaba totalmente conectado con su Ser y su propósito en la vida, el cual era dar este sabroso y bello fruto a quien se posara cerca de él.

Esta información la incorporé por siempre en mi corazón. Lo importante del “Ser” e intentar no entregar frutos errados en el caminar, emprender el camino al entendimiento de quienes somos y de ahí detectar nuestro fruto a entregar a la humanidad.

Al pasar el tiempo extravié la forma de como conectarme con mi Ser y con mi verdadero fruto, para lo cual visité un lugar especial que tenía en plena naturaleza. Me llegaron mensajes precisos para lo que buscaba.

La geometría de la naturaleza me llevó a parametrizar y visualizar los tres dones que yo consideraba que tenía. Las tres características propias que independiente de no tener retribución por desarrollarlas, las efectuaría en total gratitud.

Tras reflexiones, logré identificar los tres dones. En mi caso fueron La Creatividad, Las Manualidades y La Sanación. Se me invitó a incorporar esos tres dones en cada una de las tres puntas traseras de un bote imaginario, y en la cuarta arista de adelante que incorporara al AMOR.

El Orden que me entregó la geometría de la naturaleza, me invitó a utilizar un nuevo bote de navegación. Ese bote me permitiría canalizar todas mis energías y tiempo en la creación del verdadero Fruto. Toda oportunidad o proyecto que me surgiera por delante si no tenía cabida en este bote, no conectando con cada una de las aristas, lo dejaría pasar, solo subiría a este las que tuvieran estas cuatro aristas integradas.

Después de este entendimiento mi camino comenzó a ser más liviano, más ordenado, y en energía sincrónica con los sucesos externos e internos, acercándome al fruto que vendría del importante lazo establecido con mi verdadero SER.

Palabras de un abuelo de linaje americano.


Baho Andino (Agustin Landeta), Director Creativo Colectivo Huichol