El conocido crítico literario Camilo Marks expuso su mirada crítica sobre la Feria del Libro de Santiago en una columna publicada en Paniko.cl.

Marks mencionó que “el panorama general era tan deprimente, tan desorganizado, tan caótico, que si no hubiera sido porque me había comprometido a acudir, habría tomado el metro de regreso a mi casa”.

Para el crítico, la Filsa poco tiene que ver con los libros y más bien responde a una técnica comercial de las grandes librerías.

“Hace tiempo que en lugar de cumplir con su objetivo principal, o sea, dar a conocer títulos y autores, promover intercambios entre estos últimos y el público o generar interés por la lectura, la FILSA se ha transformado en algo que no guarda relación alguna con esos cometidos. En verdad, la FILSA ha pasado a ser una especie de carnaval con tantas actividades simultáneas y tantos encuentros disímiles, que ya resulta difícil definir de qué diablos se trata”, dijo Marks.

Marks menciona entre ellos los “recitales de folklore, de heavy metal, de rap, de percusión y de un cuanto hay. A todo esto hay que sumar las actuaciones de cómicos, de bailarines, de payadores, de payasos, de acróbatas y de toda clase de gente que tiene tanto que ver con el libro y la lectura como Laponia con Madagascar”.

El crítico, además, que describe en su columna su desagradable visita a la feria de Estación Mapocho, explicó que en la Filsa nadie sabe de literatura.

“Consultar sobre cualquier cosa relacionada con la literatura es como hallarse en un país donde se habla un idioma completamente distinto al nuestro, completamente ininteligible. Sé, por supuesto, que así como el grueso del personal que trabaja en el Ministerio de Agricultura nada sabe acerca de cultivos, es comprensible que los que se desempeñan por un breve período en la FILSA no tengan por qué entender todo lo que sucede al interior de ella. Pero esto es válido solo hasta cierto punto”, agregó.

Respecto a los precios de los libros Marks sentenció: “Sin contar con el absurdo de que haya que pagar para ir, ya se ha hablado hasta la saciedad, de manera que tampoco me explayaré. Claro que durante los últimos o en el último día, a última hora, suele haber liquidaciones muy convenientes, si bien hay que estar muy enterado para saberlo”.

Tras contar su mala experiencia en la cafetería del lugar y con un sonidista en una charla, el crítico dijo que la Filsa, “que sería la tercera de magnitud en América Latina después de las de Guadalajara y Buenos Aires, debería, por lo menos, estar bien organizada, ser acogedora, constituir un espacio amable y, sobre todo, ofrecer novedades, ejemplares a costos razonables y, huelga decirlo, producir eventos referidos a lo que su propio nombre indica, vale decir, libros”, concluyó.