Camila Vallejo ha estado en el ojo del huracán en los últimos días. Al debate por el sueldo que recibe como parlamentaria, la cual ha sido objeto de ataques de la opinión pública a su persona, se le suman las constantes críticas que recibe por llevar a su hija Adela a las sesiones de la Cámara Baja. Todo esto impulsó al periodista Francisco Méndez a escribir una columna titulada “El crimen de ser Camila Vallejo y la comodidad de ser Cathy Barriga”, donde analiza los distintos enfoques en que se ha analizado tanto a la diputada del Partido Comunista como a la flamante alcaldesa electa de Maipú.

En el texto, Méndez rememora la forma en cómo la prensa cubrió el triunfo de Cathy Barriga en las elecciones municipales. “Los medios la persiguieron un día entero para que hablara con todo programa matinal que existiera. Una vez que la cámara la iluminaba, ella simplemente sonreía y con una humildad muy bien aprendida agradecía a todos sus felicitaciones. Repetía constantemente que no se arrepentía de su pasado de mujer farandulera, pero también enfatizaba en el hecho de que ella hoy era de otro tipo: una señora con familia y responsabilidades no sólo municipales sino también como madre y esposa“, dice.

El columnista hace énfasis en el giro que la ex bailarina de Mekano y cómo eso es bien visto por la prensa chilena, como un ejemplo de encauce en su vida. “Ella se había alejado del pecado farándulero para hoy ser una mujer de casa, que se preocupa mucho por su marido y sus hijos. Objetivos que curiosamente aún parecen relevantes para la particular la mirada de ciertos canales de televisión y diarios”, agrega.

A continuación, el periodista contrapone la complacencia y simpatía que se mira a Barriga con la percepción que se tiene de Vallejo. “A ella no se la ve tan agradecida ni humilde, sino consciente de lo que es y de lo que ha logrado. Esto, a los mismos medios que alaban a Barriga no les parece tan bien. No les agrada que la parlamentaria sea madre y ejerza su maternidad de una manera menos idealizada y más real. Menos patriarcal y más concreta y de acuerdo a los tiempos que corren. Por lo mismo intentan constantemente crear en la opinión pública todo tipo de suspicacia con respecto a su vida privada y al sueldo que gana como parlamentaria”, señala el texto publicado en El Dínamo.

Méndez apunta a que cierta percepción de la realidad hace ver como algo erróneo que una mujer sea de izquierda y reciba un sueldo por ello, un hecho que violenta a algunas gentes porque es una afrenta a los “valores” que recibieron en su hogar, donde se les enseñaba que la izquierda es peligrosa.

En Cathy, en cambio, ven el rescate de la “feminidad”, de lo rosa, de la sutil sumisión moderna a los cánones del discurso de las cúpulas. Porque, si bien ella formó parte de programas en los que las experiencias la obligaban a pasar por el lado de todos esos cánones y hacerse cargo de su vida desde muy temprano, lo cierto es que dejó todo eso enterrado para así entregarse a los placeres de cierta respetabilidad basada en normativas morales obsoletas. Y así ser aceptada en el núcleo de la familia Lavín”, argumenta.

Por último, concluye respecto a las dos visiones contrapuestas sobre el rol de la mujer que representan tanto Vallejo como Barriga. “Mientras la diputada intenta día a día lidiar con la insistente y antojadiza estigmatización a raíz de su libertad personal y sus ideas políticas, Barriga se refugia en los cómodos pasillos del discurso añejo y servil. Por ello es que sonríe y asiente sin dar opiniones filudas ni punzantes, sino que prefiere olvidarse de ese pasado del que dice enorgullecerse, ocultándolo bajo una fachada conservadora y sumisa”, finaliza.