Luego de las municipales, muchos parecen llenos de ansiedad por el futuro de las fuerzas emergentes. Una muestra ha sido el sociólogo-panelista Alberto Mayol, afirmando cada vez que puede que fue una “equivocación” de los emergentes el poner como prioridad la elección presidencial y parlamentaria por sobre la municipal. Mejor que se apuren y no cometan el mismo error el próximo año, dice. Luego fue el senador Alejandro Navarro, con su propuesta de bajar la edad mínima para ser presidente, de manera de abrir la puerta a los diputados de la bancada estudiantil para presentarse como candidatos. Entendiendo que la cuenta regresiva electoral ya comenzó para estas fuerzas, resulta fundamental no dejar pasar los posibles aprendizajes de las municipales.

Tácitamente parece haber una convergencia para, al menos, constituir una misma lista en las parlamentarias e intentar levantar una alternativa presidencial. En ella están el Movimiento Autonomista (MA), la Izquierda Libertaria (IL), Nueva Democracia (ND) y Revolución Democrática (RD). Suelen llamarse a si mismas fuerzas políticas emergentes dentro del panorama de la izquierda nacional. Se habían enfrentado, en distintas combinaciones, en las elecciones parlamentarias de 2013 (autónomos y hoy ND en Valparaíso) y en federaciones estudiantiles (RD en su alianza con los comunistas versus el resto que se hacía llamar “bloque de conducción”). La convergencia es posible hoy por distintas razones, pero la más importante fue la salida definitiva de RD del Ministerio de Educación a fines de mayo de 2016. Por un lado, lo encima de los plazos electorales no permitió alcanzar a cuajar esta convergencia en una sola lista municipal. Por otro, la alianza que si alcanzó a conformarse, entre RD y el MA, sólo pudo tener presencia en las pocas regiones donde RD se inscribió como partido. En Ñuñoa mostraron su potencia electoral, eligiendo dos concejales de la misma lista, una de RD y otro del MA.

El proceso para conformar un Frente Amplio tiene muchas más aristas que la electoral. Pero si no se logran comprender las oportunidades del proceso electoral que se avecina, se perderá sintonía con los tiempos que las elecciones inevitablemente marcan en la vida de los chilenos. No se puede perder la oportunidad de los días siguientes después de una elección. Por ello, a continuación revisaremos cuatro puntos: algunos son bastante obvios, pero otros no tanto.

De la interna a disputar en las calles

En primer lugar, esta elección pasada tiene el potencial de cambiar fuertemente la cultura política interna de las organizaciones emergentes. Me refiero a aquello en lo que se ocupa el tiempo de sus militantes. El quiebre que vivieron los autónomos, y las dificultades de RD para integrar a la vida militante a los miles que firmaron por el partido, nos habla de culturas políticas muy centradas en las diferencias de matices de la interna, más que en el objetivo y los adversarios políticos externos, o en ir a hacer trabajo político a la calle. Nuevamente, el alejamiento total de RD del Ministerio de Educación alivia dos cosas. Por un lado, los militantes de RD debiesen poder ahora concentrarse la cancha más importante de su disputa: la calle, en lugar de sus lotes y sus grupos de Facebook. Ya no está la sombra de la duda de si la opción es ampliar la Nueva Mayoría hacia la izquierda o jugársela por la tercera fuerza. RD ya demostró en San Miguel, La Granja, Tal Tal, Antofagasta y La Serena su voluntad de competir por fuera de la coalición de gobierno. Por otro lado, esta claridad debiera aliviar también las discusiones estratégicas de los otros grupos emergentes. La variable “qué hace RD” puede despejarse.

Aprender a levantar candidatos

En segundo lugar, ya no hay excusas para errores de principiantes. La reflexión lógica de candidatos de las otras fuerzas, aparte de RD, con buenas votaciones, pero perdidos por no ir en listas competitivas, parece estar ocurriendo. Por otro lado, en RD, haber tenido menos de un mes entre la confirmación de la inscripción del partido y el cierre de la presentación de candidatos, llevó a no llenar la totalidad de los cupos posibles en sus listas de concejales. Lo anterior dejó a la lista K “Cambiemos la Historia” fuera de varios concejos municipales. Esto, que parece ser un error procedimental, denota problemas políticos relevantes, especialmente en RD.

Por un lado, la gracia de estar convocando a gente que es completamente nueva en la actividad política implicó también que se viera una mezcla paralizante de timidez y desconfianza al momento del necesario salto a tener candidatos. Para muchos de los que se han politizado a punta de movilizaciones, no resultó tan fácil ahora pasar a perseguir el poder. Por primera vez, muchos grupos territoriales se enfrentaron a lidiar con fenómenos tan naturales en política como el balance entre ambiciones personales y colectivas. Ese ejercicio debiera resultar menos extraño ahora.

Por otro lado, primó el criterio de la “denominación de origen”, de quienes sólo confiaban en levantar candidaturas donde ya hubiese presencia territorial. Este criterio fue en contra de otro, el de la “responsabilidad de presentar una alternativa”. Sin la ortodoxia localista, RD podría haber aprovechado de ocupar las listas de candidatos a concejal para ir a contarle a los vecinos a las ferias, plazas y consultorios, donde están los y las ciudadanas que no usan twitter ni Facebook, que existe una nueva alternativa. Si sigue mandando el primer criterio en vez del segundo para las parlamentarias, puede que el costo de ser ortodoxos implique que en la papeleta no exista la opción de lo nuevo. Esto sería no asumir la responsabilidad política que estas fuerzas tienen frente al país.

El peso electoral propio y la sinergia: más que la suma de las partes

En tercer lugar, se confirmó tanto la potencia electoral propia como el impacto de las sinergias. San Miguel es un ejemplo de el 20% que RD junto al MA pueden obtener trabajando juntos, sin un candidato que fuese conocido antes de la elección. Incluso en derrota de Providencia, RD fue solo y obtuvo el 12%, siendo el partido detrás de la candidatura de Josefa Errázuriz que más votantes convocó en las urnas, duplicando a la DC, al PS, o al PRO de Jaime Parada. Pero fue en Valparaíso donde se mostró la potencia de la sinergia.  Allí un proceso ciudadano, con coherencia programática y procedimientos abiertos y transparentes como la primaria, hicieron que el resultado fuera más que la mera suma de las partes.

Las fuerzas emergentes deberán lidiar con discusiones estratégicas, programáticas y procedimentales. Lo importante es que no se enreden. Por ejemplo, y relacionado con el punto anterior, rellenar los cupos de entre 3 a 8 candidatos en los distritos de todo Chile no será tarea fácil. Pero no hay que olvidar las posibilidades de lograr sinergias con la elección presidencial. Perfectamente, el proceso abierto, las primarias legales, la discusión programática, pueden ocurrir a nivel presidencial, mientras se hace un esfuerzo pragmático para llenar todos los cupos de una lista unitaria, en todo Chile. Vale la pena insistir: será un grave error si no se tiene flexibilidad para que líderes sociales sectoriales, o dirigentes con fuerza en cada organización, puedan ser rostros de un proyecto donde no necesariamente hayan podido hacer militancia territorial previa. Ello también se aplica a las tendencias internas: la mejor alternativa es que florezcan todas las flores, y salir a disputar a las calles, que es lo importante.

La inscripción del partido

Finalmente, está la cuestión administrativa del partido y las coaliciones. Este grupo ya tiene en RD su instrumento electoral, pero todavía está incompleto. Esto debiese ser mirado pragmáticamente por todos, y separar la discusión política general del instrumento electoral en particular. Por ejemplo, RD todavía necesita inscribirse en más regiones para poder llevar listas en todo Chile y recibir financiamiento público ad hoc. ¿Se pondrán todas las fuerzas a intentar inscribir nuevos partidos, o pensarán todas juntas en cómo contar con este instrumento electoral en todo Chile antes de Abril? ¿Le dejarán las otras fuerzas toda la “pega” a RD, aunque la inscripción también pueda beneficiarlos a ellos? Si bien otros partidos como los liberales y humanistas son lógicos potenciales aliados para una coalición, el contar con un partido conformado desde las propias lógicas de organización que vienen de los movimientos sociales del 2011 debiese dar una mayor seguridad y capacidad de negociación a los emergentes. RD debe estar constituido como partido en todo Chile antes de Abril, por el bien de todas estas fuerzas.

Todos estos elementos mezclan lo electoral, lo político en general y lo procedimental en particular. Lo que un posible Frente Amplio debe lograr va más allá de estos énfasis. Este grupo tendrá la oportunidad de articular un discurso coherente y entregarlo a la deliberación democrática. La primaria presidencial, los debates y la franja en televisión, son una tremenda plataforma para comunicar un mensaje a Chile. Este mensaje requiere candidatos de estas fuerzas emergentes, más liberales, humanistas y otros, pero sobre todo dirigentes sociales que no necesariamente militan en partidos. Toda esa épica y coherencia que puede construirse, necesita de una infraestructura de organización electoral para que cuando los ciudadanos vayan a votar, todo este nuevo proyecto se resuma en una ralla, devolviendo el sentido profundo que en Chile ha tenido la participación electoral.

Se trata de un desafío gigantesco, pero las oportunidades son muy reales. Sin aprender rápido de esta experiencia reciente, se cometerán errores que implicarían irresponsabilidad con un país entero.


Master of Philosophy in Development Studies. Estudiando, escribiendo e investigando por algunos años desde Cambridge, UK.