Este pasado domingo, el usuario de Facebook Nacho Vigoroux publicó un mensaje en su cuenta relatando una curiosa situación vivida en un supermercado y que devela lo presente que está el machismo en la sociedad chilena.

Un paquete de toallitas para bebés provocó la inquietante respuesta de un padre a su pequeño hijo. El post tiene casi de 6 mil me gusta y cientos de compartidos.

Aquí te dejamos el post completo:

Domingo tipo 11:30. Me di cuenta que no hay detergente y sí un millón de kilos de ropa que lavar, así que, sin echarme ni una gotita de agua en la cara, pesqué un gorro, polera random y partí al supermercado. Al llegar, empecé a cachar que había varias cuestiones en oferta, y dentro de todo, sí, las necesitaba, por lo tanto, empecé a fijarme más y bajarle el volumen a la radio. No sé por qué, pero si quiero mirar mejor algo, siempre le bajo el volumen a lo que escucho.

Por lo mismo, pude captar este diálogo en primerísimo primer plano.

Me fui al pasillo de las guaguas y vi que estaban las toallitas húmedas en super oferta, 40% de descuento.
Entonces empecé a cachar cuales eran las que estaban en oferta, y eran las huggies que aparecen en la foto. Rosadas. Con “La ratona miquéi” en el envase, que realmente estaban a un precio ridículo.
Sin dudar pesqué y me aperé con un par, feliz de estar ahorrándome casi la mitad en estas cuestiones que se van más rápidas que quincena con sed y que nunca serán suficientes en la vida de una guagua.

Hasta que llega un cabrito chico, como de unos 7 años al lado mío y agarra un paquete y lo levanta, gritando a lo lejos “Acá las tengo papá! estas son” orgulloso de cumplir con el encargo.

Y llega el papá. Un tipo de unos 30 y algo, super viejo (wena oh!), con un crío de unos 2 años en el carro. Lo mira y le dice “¿Y esas son?” como sorprendido/decepcionado de lo que había encontrado su retoño mayor. “Pero, ¿buscaste bien, SI HAY DE HOMBRE?”

Calmao. Toallitas húmedas separadas por género.
De HOMBRE y de MUJER.

Sí hueón.
Claro que sí.

El cabro chico sin cachar mucho le dice “Pero si estas son las jaguis papá” como dudando si era por la marca el asunto y las revisaba por todos lados, sin encontrarles la pifia, a lo que el papá le dice “No, no, no nos sirven, son de mujer. Déjalas ahí”

Y el muy saco de hueas toma 2 paquetes de la otra marca, sin descuento, exactamente iguales, sólo porque estas tenían el envase un héteronormativo y convencional y alejado de ese virus femenino que podría volver a su hijo en un homosexual asqueroso color celeste que le aseguraría que su hijo sería un machito bien hecho y derecho como él; sin lugar a dudas, garantizado.

Me dio rabia la hueá.
Y luego me dio pena.

Puntualmente porque, compañero, si hay algo que nos une en la vida es el poto, que no tiene sexo ni preferencia.
Y menos en un bebé.

El cabro chico se quedó mirando a su padre y se fue con él, ambos ignorando que lo marcará de por vida, gotita a gotita miles de comportamientos como ese, desde el “los niños no juegan con muñecas” o “los niños no usan rosado” y otras huevadas similares que lo terminarán volviendo un hijo más del machismo, de ese machismo del que yo mismo fui un cegado defensor/mantenedor sin tener idea, sólo guiado por todas esas “verdades” absolutas que escuché de niño y que recién hace unos años comencé a cuestionar al ver todos los pésimos efectos que causa en nuestra sociedad tales circunstancias.