¿Qué pasará con los Samsung Galaxy Note 7 que la empresa coreana decidió retirar del mercado después de que se denunciaran diversas explosiones en los terminales?

Aun no hay claridad, pero existe preocupación en organizaciones medioambientales ya que, según Oeko-Institut, una institución de investigación y consultoría con sede en Alemania, la eliminación de 4,3 millones de estos celulares tendrían serias consecuencias medioambientales.

Ello, porque según las estimaciones de la entidad, los que se pretende convertir en basura contiene más de 20 toneladas métricas de cobalto, más de una tonelada de tungsteno, una tonelada de plata, 100 kilos de oro y entre 20 y 60 kilos de paladio.

Estos materiales podrían ser recuperados, pero terminarán perjudicando al medioambiente si es que Samsung, finalmente, no los reutiliza. El hecho es que la empresa, hasta ahora, no ha aclarado qué hará con los dispositivos devueltos, por lo que no existe claridad respecto de estos elementos que podrían ser altamente nocivos si es que finalmente terminan como “basura”.

“Samsung tiene la oportunidad de dar el ejemplo a la industria: ¿va a recuperar y reutilizar los metales y materiales de estos 4,3 millones de dispositivos y así evitar un desastre ambiental o simplemente va a deshacerse de ellos?”, plantea Matías Asun, director nacional de Greenpeace en Chile.

Una preocupación que comparten desde las oficinas de Greenpeace en Asia, donde Jude Lee, de la unidad de campañas de Greenpeace Asia Oriental, ha dicho que “estamos lanzando una petición global que desafía a Samsung a no desechar los teléfonos y a aprovechar esta oportunidad para reconsiderar la forma en que diseña y produce sus productos”.

El incidente con el Galaxy Note 7 refleja el modelo económico “desechable” de muchos fabricantes de teléfonos inteligentes en el mundo, lo que está generando un impacto negativo en la reputación no solo de Samsung, sino de diversas marcas.

En el caso de Samsung ya existen antecedentes respecto de la manera en que ha “solucionado” algunos de los inconvenientes que se han presentado en algunos de sus modelos. Así, en 1995, a raíz de un defecto en su modelo Anycall, la compañía desechó 150.000 teléfonos. ¿La manera que eligió entonces? Prenderles fuego.

Por eso, ante las dudas respecto del destino que tendrán los Galaxy Note 7, Greenpeace está empeñada en Samsung utilice esta contingencia como una oportunidad medioambiental que, bien resuelta, significará un paso adelante respecto del modo en que las compañías del mundo enfrentan desechos tecnológicos.

“Este incidente muestra lo frágil y derrochador que es nuestro sistema actual de producción: un sistema que no ha cambiado desde la revolución industrial. Samsung tiene la oportunidad de reconsiderar su modelo productivo y cambiarlo por uno que incluya la recuperación de metales preciosos y minerales. También en un diseño de productos que puedan ser fácilmente reparados, reciclados o reutilizados. Greenpeace pide a Samsung que no tire ni queme los dispositivos y que reduzca al mínimo el impacto ambiental mediante la búsqueda de formas alternativas de reutilizar los recursos. También insta a la empresa a promover la transparencia mediante la publicación del plan de tratamiento de desechos y eliminación de los teléfonos”, señala Asun.

En agosto, Greenpeace Asia Oriental dio conocer los resultados de una encuesta entre consumidores de celulares. La muestra reveló que más de la mitad de los encuestados cree que los fabricantes están lanzando demasiados modelos nuevos cada año. El estudio también evidenció que los consumidores creen que los fabricantes de celulares deben ser responsables de proporcionar a sus clientes los medios para reciclarlos.