A cuatro meses de su reconquista y recuperación en octubre de 1984, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) realizó uno de sus mayores y masivos gestos de desobediencia civil a la dictadura cívico–militar de Augusto Pinochet: organizar y desarrollar los primeros Trabajos Voluntarios de Aconcagua ’85. Con ello pretendían continuar con una tradición histórica de 81 años sólo interrumpida por el Golpe de Estado de 1973 y, además, ofrecer un mensaje potente y contundente hacia los sectores opositores y desmovilizados del país en la convicción de que participar y hacer democracia, aunque estuviera prohibido, era una señal de coraje. A pesar del estado de sitio impuesto por el Ministro del Interior de la época, Sergio Onofre Jarpa, cerca de 250 estudiantes de la Casa de Bello decidieron desacatar esa medida y dirigirse a seis localidades de la V Región para conectarse con la realidad social y contribuir a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Marcela Campos Rojas, docente y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile, fue una de las voluntarias de Aconcagua ‘85. Allí fue víctima y testigo de persecuciones, vejámenes y torturas contra 201 estudiantes que fueron detenidos por fuerzas policiales por razones, que no tenían una explicación tan clara ni contundente en ese momento. Se trató de un conjunto de violaciones a los Derechos Humanos que provocaron la muerte de Patricio Manzano, estudiante de Ingeniería y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). La tesis oficialista que se difundió por la prensa en ese tiempo fue que el alumno había fallecido por una insuficiencia cardiaca no informada a sus captores. Varias de las interrogantes que surgieron al tenor del encierro y el sentimiento de injusticia fueron las poderosas motivaciones que llevaron a su autora a recopilar diversos testimonios y escribir un texto que será lanzado al público el viernes 11 de noviembre en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile desde las 19.00 horas.

En la ceremonia participarán las más altas autoridades del plantel universitario: el Rector, Ennio Vivaldi; la Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Faride Zerán; y la Presidenta de la FECH, Camila Rojas, junto a representantes del Senado Universitario. El libro será comentado por el periodista Mauricio Weibel, el coordinador general del Archivo FECH, Claudio Ogass; el sociólogo e integrante del Colectivo Patricio Manzano, Humberto Abarca; y el director de Ediciones Das Kapital, Camilo Brodsky. Además, Ricardo Aguilera, Manuel Huerta y Eric Rojas –autores de los “himnos ochenteros” de su generación– interpretarán algunas canciones y, al finalizar el evento, se ofrecerá un vino de honor a los asistentes.

Sueños de Victoria. Patricio Manzano o el acoso a la FECH 1985 es una crónica de estos hechos que busca comprender las causas de la persecución a la FECh 1984-85 y la inaudita detención masiva de sus voluntarios. De acuerdo a su autora, ésta fue ordenada por Augusto Pinochet a su ministro del Interior Sergio Onofre Jarpa, cuyo subsecretario fuera Alberto Cardemil, orden que se tradujo en tortura masiva y selectiva por parte de la unidad de Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile, violación a los Derechos Humanos que culmina con la muerte Patricio Manzano, cuya agonía presenciaran más de cien estudiantes detenidos junto al joven de 21 años, en hechos que actualmente investiga el Ministro en Visita Mario Carroza.

La investigación consideró fuentes periodísticas y documentales, con énfasis en el testimonio de más de cien estudiantes, militantes, líderes universitarios y dirigentes campesinos de entonces, testigos y protagonistas del momento social y político que permite recuperar la FECh tras once años de prohibición. A juicio de la autora y la mayoría de los entrevistados, fue este hecho el que desató la virulencia de la dictadura cívico militar contra esos trabajos de verano. El régimen de Pinochet no toleró la osadía de los estudiantes de la Universidad de Chile de haberse movilizado y organizado para recomponer una institución que, en 1981, había sido despojada de su personalidad jurídica.

Tras cinco años de investigación con el apoyo del Colectivo Patricio Manzano, el Archivo FECh y egresados de la generación de los 80, este texto fue motivado, principalmente, por la idea de “recuperar un instante conservado en silencio, por efecto de ese particular pudor político de mi generación izquierdista, que siempre cree que lo peor lo han vivido otros, que no se permite el mal gusto de reivindicar heroísmos”, señala su autora. La publicación, además, aspira a dialogar con las nuevas generaciones, buscando entregar respuestas al duro juicio de los jóvenes del milenio a sus predecesores de los 80. “Quise hacer la crónica de nueve días que muchos creemos ayudaron a definir la rebeldía y la diversidad de nuestros jóvenes, homenajeando así la memoria de otros que los precedieron y muy especialmente honrando a la generación que retomó las calles con las caras llenas de risa y decisión, las mismas avenidas donde años atrás nosotros también marchamos, aunque solo con decisión. Porque la FECH de los 80 tiene una historia que contarle a la FECH del tercer milenio es que nos atrevimos (porque conmigo caminan muchas voces que aceptaron esta invitación) a responder algunas preguntas que a veces se dejan escuchar… ¿De verdad fue tan terrible? ¿A ti te torturaron? ¿Tú tiraste piedras? ¿De qué sirvió tanto sacrificio? ¿Dónde estabas cuando a la gente la estaban matando? ¿Quién es Patricio Manzano?, y la más urgente: ¿por qué debería importarme?”, sostiene Campos.

El periodista Mauricio Weibel adelanta que se trata de “un libro que nos acompaña en el camino de reconstruir todas nuestras memorias, en tiempos de profundo deterioro político”, mientras que el sociólogo Humberto Abarca, integrante del Colectivo Patricio Manzano, sostiene que “recuperar la memoria colectiva es un acto de sanación política, toda vez que compartir historias no es solo completar un hecho en toda su significación, sino, también, reconstruir-nos como sujetos a quienes se intentó reducir a su condición de cuerpos para ser maltratados, humillados, vejados. Sobre todo, es pensarnos a la luz de los desafíos éticos del presente”.

Finalmente, Claudio Ogass, del Archivo FECH, releva su importancia en cuanto a que “contribuye a reparar, en parte, varias de las deudas con la memoria que tiene la Universidad de Chile con sus estudiantes, quienes fueron los que pagaron los más altos costos físicos y psicológicos por pensar una Universidad y un país distinto, luchando por democratizar una institución intervenida militarmente. Al mismo tiempo, abre interesantes perspectivas para indagar la historia del movimiento estudiantil ochentero desde la subjetividad de sus protagonistas”.