Hace ya un mes, gracias a un recurso legal de la ONG Oceana, los tribunales de justicia ordenaron a las salmoneras hacer públicos la cantidad y tipo de antibióticos usados por la industria en el último año. El 2016 ha estado cruzado por el polémico vertimiento al mar de unas 100.000 toneladas de salmones muertos por el bloom de algas en la IX Región.

Así, trascendió que en la última década, sólo 2010 fue el año con menor uso de medicación con 143,2 toneladas de antimicrobianos para tratar a una cosecha anual de 466.857 toneladas (0,031%). En tanto, en 2015 la cantidad fue de 557,2 toneladas de medicación en una producción de 846.163 toneladas (0,066%), según el informe difundido por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura a solicitud de la justicia.

Desde Oceana, según publicó T13, señalaron que el verdadero peligro está en la generación de bacterias resistentes en el medioambiente, que podría generar patologías incurables. A Oceana se sumó el epidemiólogo Fernando Mardones, investigador de la Universidad Andrés Bello. “En plantaciones intensivas como las del salmón, el residuo del antibiótico utilizado cae al medioambiente y en el largo plazo la comunidad bacteriana circundante queda expuesta”, explicó, lo que provoca que las bacterias “pueden hacerse resistentes a determinados antibióticos tras un tiempo, hasta que aparece una bacteria resistente a todo que puede afectar a los mismos peces y hasta llegar al ser humano”.