El capitalismo neoliberal ha arrinconado a la democracia en el mundo entero. La alta abstención es uno de los síntomas.

En Chile alcanzó un máximo luego de un proceso que las instituciones políticas y muchos de sus personeros pretendieron ignorar. A partir del plebiscito de 1988 la “no inscripción” ganó terreno. En 1997 los blancos y nulos alcanzaron altas cifras. En 2014 Chile eligió presidenta con un 59% de abstención. Las recientes elecciones municipales registraron un 65%.

En parte se puede relacionar este fenómeno con la persistencia del liderazgo político ejercido por mi generación. Muchos de sus integrantes vivimos con intensidad el gobierno de Allende, el exilio, la dictadura y la post dictadura. Varios asumieron un rol conductor que aún ejercen y su gran mayoría acogió como dato inmodificable los límites impuestos por el predominio del mercado sobre la democracia y del dinero sobre la política. Terminaron alabando la sociedad de mercado y la democracia de baja intensidad o aceptándolas sin protesta suficiente.

Otras generaciones, como aquella muy potente de los años 80, no operaron un reemplazo eficaz, apagadas por la frustrante lentitud de la “transición” y el intrincado procesamiento por parte de la izquierda de la derrota de 1973. Así la generación de los 60, por ponerle algún nombre, se ha sucedido a sí misma sin obstáculos y hasta con rasgos llamativos: quienes pensaron que podían ser herederos políticos de Ricardo Lagos luego de ser sus dedicados seguidores -Ominami, Isabel Allende, Insulza- han descubierto en estos días que Lagos no tiene sucesor. Su indiscutible talento para ejercer la política de estos tiempos y su tenacidad han demostrado que su único sucesor es él mismo.

En 2009 Marco Enríquez, con manejo mediático y un programa empalagoso (sin asamblea constituyente y con privatización parcial de Codelco), mostró que era posible disputar votación a la concertación  e incluso a la derecha mediante un liderazgo nuevo y superó largamente la candidatura de izquierda que encabecé con un programa incisivo (asamblea constituyente, educación pública, no a hidroaysén y a la energía nuclear, nacionalización del agua y el cobre, sistema de seguridad social de reparto, farmacias estatales, aborto e igualdad de género).

El 2011 el país fue conmovido por masivas manifestaciones populares que expresaron demandas sobre la educación, el medio ambiente, las riquezas básicas y las libertades personales. Fue un momento en que pudo surgir una izquierda amplia y contemporánea de creciente potencia social y electoral, pero se frustró por las opciones no convergentes que los principales actores asumieron en la presidencial de 2013.

Cinco años después del 2011, con una ciudadanía hastiada por sus partidos, sus gobernantes y su parlamento, emergen una vez más fuerzas sociales pujantes, como el movimiento No+ AFP, el clamor por una educación pública no excluyente, la asamblea constituyente, el movimiento feminista y “ni una menos”, en las que convergen alternativa democrática, sectores libertarios, los segmentos autonomistas, revolución democrática, convergencia de izquierdas, humanistas y otros grupos (No al TPP,  pobladores, promotores de la nacionalización del agua, defensores de los derechos humanos, ecologistas y pescadores).

Se abre una vez más una posibilidad. Si se pudo triunfar en la elección de alcalde de Valparaíso, sería posible un gran resultado en la presidencial de 2017. Valparaíso es un caso específico, pero ofrece algunos criterios a considerar.

Había allí varios líderes que definieron con lealtad un solo candidato mediante el sufragio de sus bases. “La matriz” generó un ámbito de confianza y de convergencia que no quebró ni siquiera una disputada elección primaria.

Esos nuevos liderazgos, rostros poco conocidos y con débil inserción en los medios tradicionales, sin un historial que, con razón o sin ella, los obligara a una permanente explicación de su propia trayectoria, fueron capaces de interpretar las esperanzas ciudadanas.

Los recursos materiales fueron sustituidos por aportes humanos: compromiso, trabajo electoral serio, vocación de triunfo.

En Valparaíso se logró la victoria gracias a votantes que antes vegetaban en la concertación o en el populismo derechista y también a la recuperación de una franja de ciudadanos proclives a la abstención.

La presidencial de 2017 abre un camino constructivo si la izquierda converge en un programa y convoca primarias limpias y si los nuevos liderazgos deciden arriesgarse y se genera una mística de lucha y de triunfo.

Pero, pronto. ¡ahora!

Puedo equivocarme y no sería la primera vez. Pero: ¿Por qué no una gran “la matriz” para Chile?


Socialista independiente