En 1982, Ignacio Agüero terminaba de filmar “No olvidar”, cinta de 30 minutos que se refería al caso de los cuerpos encontrados en los hornos de Lonquén. Antes de ser exhibida el año 1985, el material de la película estuvo incautado, esperando la autorización administrativa de la dictadura de Pinochet para exhibir una cinta que la apuntaba directamente.

Durante esa espera, sin un rumbo muy claro y con el impulso del trabajo ya iniciado, una pregunta inevitable que lo rondaba se convirtió en “Cómo me da la gana”, el documental que lo muestra adentrándose en rodajes de cineastas chilenos para preguntarles sobre el sentido de lo que -en plena dictadura- estaban filmando.

“Como me da la gana II” ha sido presentada como una suerte de remake de la obra con la que Agüero se dedicó a indagar en lo que estaba moviendo al cine chileno de esa época. Hoy, el escenario ha cambiado. Si en las imágenes de la primera parte se puede ver protestas y maltrato policial, en esta pasada el pie forzado lo llevó a un sitio diametralmente distinto: la libertad, acercándose a realizadores como Marialy Rivas, Pablo Larraín, Niles Atala, Cristopher Murray y Cristián Jímenez junto a Alicia Scherson para develar qué es lo cinematográfico en su obra.

– En “Cómo me da la gana” tu pregunta se apuntaba especialmente al contexto. ¿Por qué te llamó la atención preguntarle a esta generación por lo cinematográfico, más allá del entorno?

Esa pregunta ya no me interesa. Siento que es demasiado extra cinematográfica y que de algún modo puedo adivinar la respuesta. Lo que aparece en sus películas es muy interesante y diverso, son gente que trabaja con mucha libertad, más allá del régimen que haya. Tienen total libertad y el dinero para hacerlo también. Hace 30 años no hubiera hecho esa pregunta, es una pregunta que tiene lugar hoy, y me interesa porque también estoy pensando en eso al hacer películas.

– ¿ Y cómo se nota esa libertad en la forma de hacer películas?

Hoy los autores se distinguen, porque trabajan con otra libertad. Entonces la riqueza del cine hoy es que hay muchos universos distintos en cada realizador. Eso se ve en la película, lo que le interesa a Murray no tiene nada que ver con lo que le interesa a Larraín, son todos muy distintos. Me parece muy interesante lo que está ocurriendo con el cine en Chile, con esas personalidades y miradas distintas, trabajadas con libertad, donde se producen películas como “Muerte blanca” (2013) y Petite Frére, en la que ellos mismos están trabajando ahora.

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Las zonas grises

“Como me da la gana II” fue la cinta inaugural del la 23° edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia. Al presentarla en el aula magna de la Universidad Austral, Agüero citó a Raúl Ruiz, pero no para explicar nada de su obra. Se apropió por un rato de su humor, al parafrasearlo explicando una de sus fantasías: siempre que muestra por primera vez una película, ruega para que la gente que eventualmente va a terminar abandonando la sala durante la exhibición, se siente en la misma fila, para poder ver cómo de a poco, un sector completo del cine queda desierto.

La película incluye además de la interrupción de los rodajes, un sinfín de imágenes de archivo registradas por Agüero a lo largo de su vida, discusiones con Sophie França, la montajista -que quizás no ayudan a entender nada, pero sí a vislumbrar el pulso con el que se armó la película- y conversaciones con Alicia Vega, la realizadora que el año 1988 lo dejó registrar su taller de cine para infantes en “Cien niños esperando un tren” y que hoy volvió a darle ese espacio para mostrar cómo, con muchos talleres en el cuerpo, sigue sorprendiendo a niños de todo Chile con zoótropos, dibujos y películas.

– Películas como “Rara”, “Nunca vas a estar solo”, “Mala Junta”, “Aquí no ha pasado nada” o “El Diablo es magnifico” muestran la voluntad de hacer una ficción contando historias más políticas, basadas en hechos reales.

Hay otro modo de entrar en lo político. Pienso que apenas pones la cámara en la calle, ya es algo político. La imagen habla por sí sola de manera múltiple. El cine siempre es político.

– ¿Y cómo ves que cambia eso político, a lo que se enfrentan las personas que hoy hacen cine cuando el enemigo no es tan evidente como un dictador?

Siempre es contra la ignorancia del mundo. Una película se hace para descubrir las zonas grises de la existencia, que no están a la vista. Entonces, para ser interesante las películas tienen que traspasar la capa de lo superficial. No necesariamente tiene que ser contra algo o alguien, no tiene por qué ser tan preciso. Entonces se podría decir que se lucha contra la apariencia, los propios elementos de la realidad. El hecho de que no esté Pinochet es muy bueno entre otras cosas, porque Pinochet desvió mucha la atención, había que preocuparse solo de él, de echarlo y eso tomó mucho tiempo. Hubo que sacárselo de encima para poder preocuparse de las cosas que importan.

La marcha de los niños del Sename

Desde que empezó a hacer cine, Agüero ha sido testigos de cambios en el país, y también dentro del cine chileno. A la libertad a la hora de crear que mencionaba, suma la participación de mujeres en un campo que sin duda estaba dominado por los hombres. “Yo tenía solo una compañera en la escuela, la Tatiana Gaviola, eran muy pocas mujeres. Hoy hay muchas, ese sí que es un cambio, y de una riqueza enorme”, cuenta.

– ¿Ves ese cambio en las temáticas que se hablan en las películas? Dentro del festival de Cine de Valdivia habían películas que hablan de aborto o disidencia sexual.

Sí. Ahora se puede entrar en esos temas que son importantes para las personas, antes todo era más básico: nos importaba vivir. Que se esté hablando del cuerpo, del sexo, del derecho al aborto o de los femicidios muestra temas que impone la ciudadanía por su propia cuenta, grupos sociales de base, fuera del Estado, y responden a una lucha permanente por democratizar la sociedad.

– ¿Y antes no estaban?

Son cuestiones que han estado latentes siempre, pero empiezan a tomar fuerza cuando la gente se puede abrir un espacio para eso. Son procesos, imagínate que desde el 2011 está el del derecho a la educación. Antes no se hablaba de eso,  el movimiento estudiantil lo logró poner como un tema dentro de la sociedad.

“Lo que falta eso sí, es una marcha nacional de los niños” agrega el director, apelando a uno de los temas que más lo ha conmovido en el último tiempo. “Esos niños no tienen voz, y más de mil han muerto, es increíble. Se les aplica todo el poder del sistema, pero el Estado no es incapaz de cuidar a los niños que tiene a su cargo”, añade, explicando que como ciudadano, le gustaría abordarlo. Dentro de la Universidad de Chile participa en un taller para niños de introducción al cine en la escuela “ese es un acto de amor hacia los niños, el polo opuesto al descuido del Estado”, cuenta evocando las imágenes que captó por ejemplo, cuando en medio del taller de Alicia Vega, el cine entraba por los ojos de una niña, transformándose en lo que identificó en las preguntas del público de Valdivia, como el momento más cinematográfico de su propia película.