El mundo tambalea.

Contra todo pronóstico, el magnate Donald Trump alcanzó 278 votos del Colegio Electoral y se transformó así en el nuevo presidente de Estados Unidos.

Hillary Clinton, sin lograr un gran apoyo en el electorado estadounidense se vislumbraba como la favorita, tal vez por la radicalidad del mensaje de Trump contra las minorías raciales, su inocultable machismo y también contra la élite del imperio. Élite de la que Clinton era fiel representante y que terminó siendo algo que le jugó en contra.

El candidato republicano, sin ninguna experiencia política previa, obtuvo el triunfo en estados claves como Florida, Carolina del Norte y Ohio.

Ahora la pregunta es realmente qué pasará en un gobierno de Trump. Sus propuestas de construir un muro en la frontera con México -pagada por el país latino- o de prohibir el ingreso de refugiados sirios y libios son solo dos de sus propuestos xenófobas y racistas, que finalmente encontraron eco en el electorado.

En seguridad, Trump propone prohibir el ingreso de musulmanes, vigilar las mezquitas y realizar un registro de todos los musulmanes en Estados Unidos. En materia internacional se encargó de asegurar más de una vez de que “borrará” a ISIS del mapa, aunque sin decir exactamente cómo. Sí se mostró a favor de establecer métodos de tortura como el ahogamiento simulado.

En términos económicos, los mercados reaccionaron con preocupación al triunfo del magnate multimillonario: las bolsas de Londres, Tokio y México se desplomaron.

La etapa de incertidumbre estará marcada por lo que es Trump: nacionalismo político, proteccionismo económico, aislacionismo militar, entre otras cosas, vislumbran que el gobierno del magnate será un punto de inflexión en Estados Unidos y en el mundo.

Las elecciones más inéditas de la historia del país del norte han dado cuenta de la profunda crisis politica del sistema duopólico. El 20 de enero próximo asumirá Trump y deberá enfrentarse a un país dividido