El columnista de El Mercurio y rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, escribió una  columna sobre la demagogia, hablando del fenómeno de Donald Trump y comparándolo con el de Alejandro Guillier.

Según Peña, ambos políticos son parte de lo mismo.

El columnista explica, en la primera parte de su texto, que los medios de comunicación son los culpables de la victoria del republicano por masificar y darle espacio a cada una de sus “payasadas” con el objeto de conseguir audiencia, que a su vez, se siente interpretada.

“Así, gracias al favor de los medios, que vieron en él a una persona que sintonizaba con la gente, y gracias en especial a la televisión, ese medio capaz de simular intimidad entre las audiencias y los que en él aparecen, Trump se convirtió en Trump”, asegura.

En esa línea, agrega que “la demagogia (como lo muestra el caso de Trump) no consiste en engañar a la gente o a las audiencias, sino en auscultar e identificar, sin filtro racional alguno, lo que ellas sienten. Lo mismo ocurre con los medios de masas. Ellos no engañan a la gente: la replican con total fidelidad”.

“El demagogo (como lo describió tempranamente Aristóteles) es el adulador del pueblo, quien se pretende fiel intérprete de la calle, el traductor de lo que la gente de a pie siente cuando experimenta las asperezas de la vida cotidiana y proyecta en aquellos que supone las causan”, escribe.

“En Chile no existe nadie que sea exactamente como Trump -rico, excéntrico, adornado con bisoñé o peinado con un parrón que parece serlo-, pero el ambiente es propicio para que florezca uno”, explica.

Luego de esa extensa explicación sobre la demagogia Peña asegura que “esa es la semilla que en Chile plantó Lavín. La misma que, desgraciadamente, está tentado de hacer fructificar Alejandro Guillier“.

“En ninguno de esos casos, es verdad, hay la propuesta de muros, pero alguna vez hubo firmas en cafés con piernas, proyectos de playas y lluvia artificial, y Guillier, por su parte, está a punto de subirse a la ola de resquemores y malestares de la gente contra los políticos como una forma de conseguir el apoyo de… los partidos políticos de izquierda, y hacerse del poder”.

“Y es que el demagogo moderno -y aquellos que, como Guillier, sin mala intención, lo imitan- embauca a la gente por la vía de repetir con fidelidad total lo que la gente espontáneamente siente”.

“Haciéndole sentir que basta sentir algo para que ese algo sea correcto o adecuado”, concluye.