El documental “ACU, recuperando el sueño”, relata la historia da la Agrupación Cultural Universitaria (ACU), movimiento de resistencia a la Dictadura Cívico Militar durante los años 1977 y 1982, a través del testimonio de varios de sus participantes, tanto de las diferentes directivas como de sus bases en los talleres culturales.

La película, según los objetivos que se propuso su realizador Osvaldo Rodríguez, “no sólo se trata de un rescate de memoria fundamental para nuestra historia social y cultural, sino que también significa un referente de resistencia organizada y pacífica, que a través de la cultura y en medio de la acción más atroz del Gobierno Cívico Militar, supo conservar los valores culturales y sociales que hasta el golpe de Estado de 1973 sustentaban nuestro desarrollo,  y mantuvo vivo el movimiento estudiantil  principalmente en la Universidad de Chile, que finalmente en 1982 termina con la refundación de la FECH”.

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Todo lo que sucede en Chile desde el mismo Golpe de Estado del 11 de septiembre hasta comienzos de los años ’80, es historia poco conocida que recién está saliendo a la luz pública con trabajos de investigación histórica y periodística y con trabajos audiovisuales como este, que en particular, se trata de un proyecto personal y de total autogestión, realizado durante 10 años y sin recursos, más que los de su autor. Como los movimientos sociales a partir de 1980 comenzaron a hacerse más visibles con las primeras protestas ciudadanas en la calle, tanto de estudiantes universitarios como de agrupaciones de Detenidos Desaparecidos y Presos Políticos, es normal considerar que antes de eso, la sociedad estaba sumergida por el horror en sus casas u organizándose clandestinamente, lo que no es real. Así como la ACU que nace en 1977, muchos otros movimientos surgieron espontáneamente en todo Chile, como el Taller Sol, la Agrupación Cultural Chile, el Taller 666, la Vicaría de la Solidaridad, el Canto Nuevo y Casa Kamarundi, por nombrar algunos de los de Santiago. Toda esta energía social surge espontáneamente en la población chilena, luego de recuperar el aliento y lograr dimensionar lo que se venía con un gobierno cuyo principal objetivo estratégico de consolidación, era aniquilar a la sociedad chilena e instalar el horror como forma de relación y sometimiento. En medio de este escenario terrible, los estudiantes de la Universidad de Chile siguieron desarrollando actividades culturales en diversos talleres, como en Teatro (muy fuerte en Medicina Norte y con grandes exponentes como Marco Antonio de la Parra o Jorge Vega), Fotografía que funcionaba en varios campus, Plástica (como el Grupo Semilla en la Facultad de Artes), Taller Cercha en Arquitectura, danza, folklore (como el Ballet Folklórico Antumapu en el campus del mismo nombre o el grupo folklórico de Ingeniería), etc., pero esta  acción aislada carecía de la fuerza suficiente para poder superar las imposiciones de los militares que gobernaban el país con brutalidad y total ignorancia, y que a través de los mandos militares que instalaron en cada facultad de la Universidad de Chile, prohibían toda acción colectiva, especialmente las culturales. En esa época, toda acción se volvía político para las Fuerzas Armadas.

Con la misma espontaneidad con que surgían talleres culturales en cada facultad, surge la iniciativa de organizar un festival de la canción y mediante cartas, invitan a los grupos musicales de todas las facultades. Este hito hace que todos los grupos aislados se sumen y de una emergente Agrupación Folclórica Universitaria (AFU), se transforme en Agrupación Cultural Universitaria (ACU), para poder integrar a todas las disciplinas artísticas que formaban los talleres. A partir de ahí, la ACU pasa a ser una fuerza universitaria imposible de destruir para el Gobierno Militar.

En los 130 minutos del documental, la historia va fluyendo a través del testimonio de entrevistados exponentes de muchas disciplinas artísticas, en una línea de tiempo sugerida por el desarrollo de las diferentes actividades que realiza la ACU en sus 5 años de existencia, con un relato limpio sin análisis externos ni voces ajenas a los protagonistas, con el objetivo de mantener la independencia de los hechos y lograr que los mismos testimonios aporten a la reflexión. En este caso la película no se trata de una historia de anécdotas universitarias, sino que constituye a través de las experiencias individuales y colectivas, un constructo social sustentado en los valores humanos más básicos, como  el amor, la lealtad, la solidaridad, la creación y la libertad (siendo este último un contrapunto central considerando el contexto político de ausencia total de libertad). La libertad se construye en este caso sobre la base de la resistencia a la opresión impuesta por las armas. A pesar de vivir bajo amenaza, la ACU fluye libremente, logrando concretar todos sus proyectos por la sola fuerza de sus integrantes. El asesinato de artistas íconos de nuestra cultura por parte de las Fuerzas Armadas, como es el caso de Víctor Jara, instalaba el mensaje que la actividad cultural seria castigada con la muerte. Sin embargo, la ACU se rebela y se impone.

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Desde el punto de vista del realizador, una experiencia semejante tiene un enorme significado transversal para las generaciones actuales y futuras, puesto que demuestra que con la sola voluntad de organización, es posible comenzar a construir un proyecto social diferente al impuesto por el modelo de mercado que ha invadido todos los ámbitos de nuestra cultura, porque la fuerza del valor colectivo es muy difícil de contrarrestar. Una de las principales causas de que los cambios sociales que todos anhelamos no se hayan logrado hasta  ahora, es precisamente la debilidad organizativa que tiene la población, que ante un modelo que instala el individualismo en todas sus dimensiones, no logra articular una orgánica superior que unifique los objetivos y los transforme en acción. Se buscan líderes o caudillos que guíen la rebelión, sin darse cuenta que no hacen falta ni los líderes ni los caudillos, sino que basta con la acción colectiva organizada. En este sentido la experiencia de la ACU es una plataforma para convencernos que un mundo mejor es posible.

El documental ha tenido muy buena crítica del público asistente a las diferentes presentaciones desde su estreno el pasado 8 de septiembre, y próximamente se presentará el 7 de diciembre a las 18.00 horas en la Universidad de Concepción, para terminar el circuito de este año en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos el 27 de diciembre a las 19.00. Para el verano se está preparando un circuito por el sur en Puerto varas, Puerto Montt y Castro (por el momento) y para el norte en La Serena, Antofagasta, Calama, Iquique y Arica. A partir de abril del 2017 se iniciará un circuito nacional y latinoamericano que durará todo el año, por conmemorarse los 40 años de la fundación de la ACU, motivo por el cual también se realizarán una serie de actividades de reflexión histórica y social en torno a esta experiencia universitaria en plena Dictadura.

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