Ese día hizo la cimarra y faltó a clases en su colegio, la Escuela Normal Concepción de la Sierra. Más tarde le admitiría eso a su madre: esa mañana no quiso ir y en lugar de ello acompañó a una amiga para ir a la casa de otro adolescente que también va en segundo año, al igual que ella.

Lo que parecía una tranquila jornada para capear las clases terminó en un fatal desenlace. La adolescente, de 14 años, fue obligada a ingerir una bebida destilada, con pastillas, la cual no pudo identificar del todo ates de beberla. Luego de aquello, y con sus fuerzas menguadas, fue violada por el dueño de casa y otros tres adolescentes que se encontraban en el lugar. Su amiga habría presenciado el abuso, sin intervenir, según consigna Clarín de Argentina.

En un primer momento, la víctima mencionó a dos de los involucrados, que fueron demorados y luego entregados a sus familiares por disposición de un Juzgado Correccional y de Menores de Posadas, ya que serían inimputables por su edad.

Con el paso de los días, la adolescente pudo ir reconstruyendo lo sucedido y mencionó a otros dos compañeros de colegio, como partícipes del hecho.

La madre de la menor contó que fue un remisero quien puso a salvo a su hija. “Este hombre vive enfrente de la casa donde ocurrió todo e intervino cuando escuchó los pedidos de auxilio de mi hija”, relató la mujer.

El hombre cargó a la adolescente en su automóvil, se dirigió al hospital y le pidió a una vecina que alertara a la madre de lo sucedido. Cuando la mujer llegó al centro asistencial, encontró a su hija aún dentro del coche, en ropa interior, semidesvanecida, ensangrentada y sucia.

La menor fue derivada a un hospital de Posadas con lesiones graves en la zona genital. Su madre contó que sufre ataques de pánico y le cuesta conciliar el sueño debido a la pesadilla que vivió a manos de sus compañeros de estudio.

Mientras en el colegio optaron por no hablar, trascendió que al menos uno de los involucrados en el hecho fue sorprendido con marihuana en su mochila y también habría intentado agredir a una docente.

La madre de la chica admitió que el futuro para su familia será complicado. “Nos destruyeron la vida. Mi hija no quiere ir más al colegio y para nosotros va a ser difícil porque los atacantes están libres”, dijo, resignada.