Estas últimas semanas han sido especialmente noticiosas en temas migratorios. Se desbarató una red de tráfico que desde hace años ha venido engañando a personas con una promesa falsa de venir a Chile con trabajo y de manera regular. Se ha conocido sobre el trayecto, la imposibilidad de las personas de volver a su país de origen, la vulneración de derechos y la dramática muerte de una mujer en la frontera.

El triunfo de Trump y su expresa postura antimigrante ha motivado también que muchos medios se hayan acercado al SJM a preguntar nuestra opinión, evidentemente contraria a la de este candidato electo.

Los resultados de la CASEN 2015 y la situación de los migrantes en Chile respecto a la medición de la pobreza multidimensional, ha sido otro tema que ha generado interés y por el que se nos ha invitado a comentar.

Así podríamos enumerar diversas situaciones que permiten abrir el debate respecto a la migración. Y es lo que queremos, que se debata, que se converse y que se planteen propuestas sobre cómo logramos desarrollar políticas inclusivas para un fenómeno natural, humano y que no se detendrá jamás en la historia del mundo. Lo que realmente es asombroso ha sido transformarnos en el blanco de comentarios y críticas infundadas.

Con el tiempo, creo que en Chile hemos aprendido a que pensar distinto no nos hace enemigos, tener ideas diferentes no nos obliga a enfrentarnos de manera irreconciliable. Con los años, hemos aprendido a valorar los programas de debate, se agradece cuando los panelistas muestran diferentes posturas porque ayudan a generar reflexión sobre diversas materias. Sin embargo, estos días hemos sido blanco de ataques verbales sin ningún tipo de fundamento, sino por el solo el hecho de pensar distinto.

Seguramente lo que describo no es nuevo para muchas otras organizaciones que, como el SJM, abordamos temas que no generan consenso nacional. Conozco otras fundaciones, sé del trabajo que hacen en materia de diversidad y respeto de la misma. Sé que, al igual que nosotros, cuando se habla de derechos humanos, de libertad y de reconocimiento, algunos se alteran y reaccionan de la peor manera.

Me parece que todas las voces son importantes a la hora de construir una sociedad, pero al mismo tiempo me parece que deben ir acompañadas de argumentos y propuestas. Los insultos y adjetivos descalificadores hacia una persona determinada y toda su parentela (ancestros y descendientes) no permiten construir, no generan reflexión.

Desde el SJM seguiremos denunciando ciertos hechos, seguiremos trabajando por lo que creemos: el derecho de todas las personas a migrar y proteger su dignidad; y seguiremos aportando con propuestas para el país que queremos. Seguramente seguirán los insultos y las descalificaciones, sin embargo, continuaremos en nuestra labor.

Sólo me queda decir a todos quienes piensan distinto, me importan sus opiniones, pero los insultos no van a detener la evolución de una sociedad diversa, plural y cada día más humana.


Coordinadora Nacional del Área de Incidencia y Directora de la oficina local del Servicio Jesuita a Migrantes en Santiago