En noviembre de 1956 comenzó a navegar el yate Granma por el río Tuxpán de México rumbo a Cuba, para dar inicio a las guerrillas que terminarían con el triunfo de la revolución cubana y el fin de la dictadura de Fulgencio Batista en ese país.

En ese tiempo, antes de subir al Granma, Ernesto “Che” Guevara estaba fascinado con el liderazgo de Fidel Castro.

Al conocerlo a inicios de los ’50 lo único que escribió fue: “Un acontecimiento político es haber conocido a Fidel Castro, el revolucionario cubano, muchacho joven , inteligente, muy seguro de sí mismo y de extraordinaria audacia; creo que simpatizamos mutuamente”. Pero con los años los elogios del argentino por Castro se intensificarían.

Por esos días, el Che ya identificaba a Fidel como el hombre que lograría la revolución y como el “sucesor de Martí”. Por todo esto, le escribió un poema antes de que comenzara a navegar el Granma:

“Vámonos
Ardiente profeta de la aurora
Por recónditos senderos inalámbricos
a liberar al verde caimán que tanto amas.

Vámonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas insurrectas,
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

Cuando suene el primer disparo y se despierte
en virginal asombro la manigua entera
allí a tu lado, seremos combatientes,
nos tendrás.

Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos
reforma agraria, justicia, pan, libertad
allí, a tu lado, con idéntico acento,
nos tendrás.

Y cuando llegue el final de la jornada
la sanitaria operación contra el tirano
allí, a tu lado, aguantando la postrera batalla,
nos tendrás.

El día que la fiera se lama el flanco herido
donde el dardo nacionalizador le dé,
allí, a tu lado, con el corazón altivo,
nos tendrás.

No pienses que puedan menguar nuestra entereza
las decoradas pulgas armadas de regalos
pedimos un fusil, sus balas y una peña.
Nada más.

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia americana.
Nada más”.