“¡¡¡Viva Fidel!!!”. El grito –en plena Quinta Avenida, una de las más exclusivas de La Habana- irrumpe desde la ventana trasera de un Ford azul del 57 y desata la ira de quienes están en la vereda. Hay tantos insultos como llamados a la calma. En el medio, un preso político indultado, ciego, da golpes al aire con su bastón, bajo una seguidilla de gritos de esos que llegan a sacar gallitos de la impotencia: “¡Fidel está muerto!”, “¡Fidel está muerto!”, “¡Fidel está muerto!”.

Es el segundo domingo de febrero y, hasta ese momento, para las Damas de Blanco –movimiento anticastrista creado en 2003 por mujeres familiares de los 75 presos políticos arrestados ese año – había partido igual que todos: con la reunión bajo los imponentes jagüeyes de la plaza Ghandi, la toma de lista, la Misa de las 12 en la Iglesia Santa Rita, patrona de las causas perdidas, y la marcha por el bandejón central de la Quinta Avenida. Su indumentaria es blanca y está adornada con fotos de sus familiares en el pecho, estolas, banderas cubanas y lirios color rosa.

Damas marchan por 5ta ave

AP Photo / Jose Goitia

“Estamos acostumbradas a los amedrentamientos”, dice Evelyn, una joven que, pese a no tener familiares presos, se unió a las Damas luego de enfermarse a los 13 años. Hasta su casa han llegado a sacárselo en cara: “¡Evelyn, sidosa! ¡Por unirte a las Damas de Blanco tú tienes tu enfermedad!”.

La marcha se da en el exclusivo municipio de Miramar, conformado por lujosas casonas construidas en los tiempos de Fulgencio Batista y cedidas por Fidel Castro a distintas embajadas. Nadie impide la manifestación, ni policías ni partidarios del castrismo. Ésta se hace en absoluto silencio, salvo cuando se detiene frente a la Iglesia para rezar un Padre Nuestro.

“Nos tomamos estos mil metros”, dice una.

Este domingo, sin embargo, hay dos elementos nuevos: la grabación de un video de otras organizaciones anticastristas llamando a no votar en las elecciones de candidatos para la Asamblea Nacional, y el esperado informe de Berta Soler, líder de la agrupación, quien acaba de regresar a La Habana tras su visita al Congreso norteamericano donde planteó, entre otras cosas, que no está de acuerdo con la opción de que Estados Unidos levante el embargo a Cuba. “Si se hace un negocio con un criminal como es el gobierno cubano hay que condicionarlo”, dice.

Luego de la marcha se reúnen en círculo para dar inicio al resumen de las actividades semanales. Como un ritual, empieza con un canto a Laura Pollán, su fundadora, quien murió en 2011 en el hospital Calixto García. Para el gobierno la causa fue el dengue, pero las Damas dicen que fue asesinada. Cada una la canta a su tono -o desentono- y con ánimo de elegía. Salvo por una estrofa en que todas gritan:

“¡Dictadores y asesinos de mujeres!
¡La justicia no ha llegado pero viene!”.

La ceremonia se prolonga por horas, por la lectura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, del reglamento de las Damas de Blanco, de un informe con el número de mujeres que se manifestaron en otros municipios, de las que fueron detenidas y del largo desfile de testimonios de todo personaje que quiera hablar: un simpatizante que cayó detenido y expone mientras muestra con su mano el pelo que le obligaron a raparse durante su detención; algunos de los presos políticos liberados tras las negociaciones entre Cuba y EEUU; y un anciano, Alfred, que ha pedido la palabra desde el inicio. Le tienen cariño, pero lo dejan para el final. Saben perfectamente para qué quiere su palabra. Cuando pasa al frente el objetivo es uno solo: descargarse en maldiciones a los Castro.

Berta sale de la asamblea que acaba de dirigir. “Aquí hay de todo”, dice riendo luego del sermón de Alfred. Al hablar de política, dice que con los tratados lo que Cuba quiere implementar es un modelo chino, de sistema económico capitalista y político comunista. Afirma estar agradecida de todos los gobiernos de Estados Unidos y admirar su modelo: “En el sistema capitalista realmente tiene derecho todo el mundo. Lo que tienes que hacer es trabajar y no violar las leyes”.

Berta se ve como una persona con liderazgo frente a sus pares, quienes a ratos parecen actuar más por corazón que por conocimiento. Entre esa gente hay discursos durísimos y fanatismo. El preso político ciego mencionado al principio también tenía mucho que decir en esta historia.

INDULTADO POR WASHINGTON

Las negociaciones de principio de año entre Washington y La Habana lo liberaron, pero Alexander Roberto Fernández Rico, “Rico en dignidad, Rico en principios, en decoro, en valores, en inteligencia según el enemigo”, no está contento con la noticia. Luego de haber quedado ciego en prisión tras dos huelgas de hambre de más de 30 días en 2012, dice que prefiere volver a estar preso con tal de que los cinco presos cubanos que EEUU liberó, a cambio de su propia libertad y de la de otros 52 cubanos, vuelvan a estar tras las rejas. Este es su testimonio:

“He caído preso cuatro veces. Catorce años tras las rejas en una dictadura totalitaria. La primera por basarme en los Principios de la Carta Magna de la Declaración Universal de Derechos Humanos y defender a una mujer que vendía dulcecitos para los niños. La segunda por seguir defendiendo los derechos humanos.

La tercera vez utilizaron una mujer para que me quitara la vida con un machete. Yo pude poner la mano, aguantarla y me cortó los tendones. Y bueno me sancionaron a cinco años de privación de libertad, por tentativa de asesinato. Oye, yo fui el lesionado y me acusaron a mí por lesiones. A su agente no.

Es una mujer con la que tenía una relación amorosa y a la cual ellos le trabajaron la mente, por la codicia de la comida, porque no es por más ná’. Porque bueno, todos tenemos derecho a alimentarnos y ella pasaba demasiada hambre. Y ellos dándoles migajas para sustentarse la pudieron convencer. Me lo dijo después, porque teníamos una relación amorosa y ellos te la ponen. Entonces ya eso fue lo que sucedió, es evidente pues soy hombre y no practico el homosexualismo y necesito también de mujeres. Además de ser un defensor de los derechos humanos. De todas formas, a mí aunque ella no me hubiese intentado quitar la vida y no me hubiese lesionado, me habría acusado de otra cosa. Resistencia, desobediencia, de algo. Porque a mí esta dictadura me ha trampeado hasta en mi propio hogar, han violado mi propia intimidad. Sí sí lo han hecho, tienen poder para eso.

Mire, yo no estoy a favor del comunismo, ni del terrorismo ni de los asesinatos. Yo estoy en contra de todas esas cosas, pero dicen que Augusto Pinochet era un dictador. Yo creo que se salvaron los chilenos de que haya expulsado a Salvador Allende o si no Chile hubiese corrido el mismo vendaval que Cuba. Ya, ya, Augusto Pinochet violó una cosa, y Salvador Allende iba a violar las 100. O sea, vamos a ponerlo así, Augusto Pinochet violó, de los treinta artículos, uno. La dictadura de los hermanos Castro dictan treinta, y si sacan treinta más violan esos también.

Ya la cuarta vez que me detuvieron me bajaron de un Omnibus, cuando voy a hacer mi pase de municipio hacia el colindante de Guanabacoa… (Se distrae para volver a hablar de Pinochet) Precisamente eso es lo que hizo Pinochet, ir a los lugares más intrínsecos de Cuba, y por eso no permitió que Salvador Allende dejara que los hermanos Castro llevaran esto que hay acá a Chile. (Ahora retoma su historia) Entonces me bajaron y me llevaron. Pude notar que le dieron una golpiza a un muchacho. Y después dice Raúl que en Cuba no violan los derechos humanos.

Cuando llegué a la estación de policía, la oncena unidad de la PNR (Policía Revolucionaria de Cuba) del municipio al que yo pertenezco, les dije: ‘¡No es fácil! ¡Hasta cuándo vamos a seguir en esta situación, hasta cuándo con los cubanos! ¡Primero los españoles, luego no sé qué gobierno, ahora esto. Raúl y Fidel que son cubanos hasta cuándo mandándolos a ustedes!’.

Y un teniente coronel, esbirro de la unidad, un rotweiller. Sí sí, podríamos llamarlo así, mitad rotweiller y mitad ser humano. Dijo ‘acúsalo de resistencia y desobediencia’. Y le digo ‘¿por decir la verdad?’. Me responde ‘por lo que nos de la gana’. Y entonces ahí realicé la huelga de hambre, donde también había un colombiano que se llamaba Alexander John (John Alexander Serrano, detenido por narcotráfico), de la ciudad de Bogotá. Llevaba 40 días en huelga de hambre cuando ya yo llevaba 20. Y a los 50 días de su huelga se llevaron a John. Yo llevaba 30 y ya después empecé a ver borroso a las personas, porque me ponían un suero que me fatigaba. Hasta que un día no pude ver más los colores del arcoíris.

Yo sé que me ponían sueros de muchos colores. Y yo confiando, pero el problema es que esta dictadura tiene dos mafias. Las mafias verde oliva y las mafias de las batas blancas. Ojalá que Michelle Bachelet escuchara mis palabras. Una pierna la tengo más flaca que la otra porque me dio polineuropatía en los en la segunda huelga de hambre que hice, 10 días después de los 38 de la primera. No aceptaba el por qué yo estaba encarcelado por pensar a favor del bien.

Además de eso recibí golpizas, casi moribundo hacía esfuerzos por defenderme pero eran muy pocas mis fuerzas. Me fracturaron la clavícula. Eran tres contra mí y yo estaba devastado.

Siempre me han detenido por ser de oposición. Hay veces que pienso que no valgo nada por pensar a favor de los niños cubanos del mundo, porque como dice Martí ‘los niños son la esperanza del mundo’, porque los niños son los que saben querer. Y ¿por qué en nuestro país las vidrieras están llenas de confituras, de golosinas y los niños tienen que pasarle la lengua a las vidrieras porque los padres no tienen esas monedas para comprarlas?

Luego fui indultado en este tratado de Washington y La Habana, pero hubiese preferido los cinco bandidos que apoyaban a este sistema para que los niños estuvieran viviendo así, las mujeres, las ancianas y ancianos, los llevaran nuevamente a los Estados Unidos y que a los otros 52 cubanos que liberaron conmigo los dejaran en las calles y que a mí me metieran en la prisión nuevamente. Porque en realidad Raúl Castro Ruz no ha tomado conciencia de que Barack Obama por gusto no ha de tener el premio Nobel de la Paz.

Entonces yo siento tanta y tanta decepción de que me hayan cambiado por esos cinco porque esos son cinco asesinos que estaban en otra nación, haciendo servidumbre para Satanás, que es quien manda en la República de Cuba”.

(Texto originalmente publicado en la Revista Córtela).