Teck es una empresa canadiense de recursos diversificados comprometida con la minería responsable. Está presente en Chile a través de la operación de las minas de cobre Quebrada Blanca, en la Región de Tarapacá, y Carmen de Andacollo, en la Región de Coquimbo. Sin embargo, pese a su compromiso corporativo, se observan denuncias por daño medioambiental, vulneraciones a pueblos originarios y falta de observancia o violaciones a los derechos de sus trabajadores.

En abril de 2016, Teck firmó un convenio de colaboración con ONU Mujeres, para potenciar el empoderamiento de mujeres indígenas lo que ha sido mediáticamente celebrado por los estamentos que propician la equidad de género en la industria minera nacional, especialmente por su faena ubicada en Andacollo, cuya cercanía con la ciudad de La Serena propicia la alta inclusión de mano de obra femenina, una de las más altas dentro de la industria con un 12% frente a un 7% como promedio nacional. Paradojalmente, numerosos son los testimonios de mujeres trabajadoras que declaran haber sido víctimas de abusos de poder, acoso sexual o malos tratos injustificados por parte de la empresa, la mayoría no concurre formalmente a la autoridad por temor a represalias.

Solo este año son dos las trabajadoras, de la operación de Andacollo, que han denunciado a la autoridad casos de acoso sexual y laboral. Una de ellas hoy en los tribunales de justicia.

“No hay interés ni voluntad por parte de los ejecutivos, ni siquiera al directorio en Canadá le importa el actuar irresponsable e inconsecuente de la empresa en Chile, más bien les complica mantener una conducta sustentable como sí deben tenerla en su país de origen”, sostiene la ex trabajadora Daniela Bustamante.

La ex trabajadora de la empresa, quien luego de desempeñarse desde 2008 como secretaria de gerencia, en junio del año pasado denunció el acoso que por meses sufriera por parte del gerente general de la faena de Andacollo, Manuel Novoa. Daniela Bustamante, acudió a instancias propiciadas por la empresa, tanto en Chile como en Canadá para denunciar los hostigamientos de los cuales fue parte. “Fue casi un año sin recibir atención ni respuestas satisfactorias, me hacían esperar eternamente, no respondían mis correos electrónicos y me dejaban hablando sola, hasta que decidí escribir al Directorio en Vancouver en marzo de este año, les conté en detalle del trato negligente, humillante y dilatorio que me dieron sus ejecutivos como respuesta, pedí una reunión con ellos para exponer mi caso, pero claro, debí suponer que en esta empresa hay intocables. El Directorio no solo no me respondió, ni me concedió la entrevista, a cambio me envió todo su contingente legal e intimidatorio para forzarme a renunciar. Tarde me enteré que una historia similar vivieron otras dos mujeres que denunciaron al vicepresidente de RRHH, el canadiense Dean Winsor, por tocarles el poto, la empresa blindó de manera irrestricta a Winsor y ellas tuvieron que irse. Así nos tratan”. La denuncia de Daniela fue finalmente investigada y acogida por la Inspección del Trabajo en julio de este año y hoy se encuentra en los tribunales de justicia.

Alejandra Valenzuela, operadora de planta desde el año 2008 en la misma faena de Andacollo relata: “Sentía un miedo paralizante a perder mi trabajo, yo sabía que mi pega podía verse complicada por mi licencia médica, así es que le pedí a mi siquiatra autorización para volver al trabajo, pero él autorizó reducción de jornada, así es que me reintegré con una licencia de jornada parcial, pero en la empresa me hicieron trabajar igual a tiempo completo de 12 horas, no me atreví a reclamar. En junio de este año, la empresa me trasladó de funciones, ahora trabajaría en el área de relaciones laborales lo que para mí fue motivo de alegría, como un ascenso, así me lo hicieron sentir cuando me lo anunciaron: ‘despídete de la planta, de los turnos de noche y de trabajar al sol.Empecé a trabajar en una oficina de recursos humanos, estaba feliz, era una oportunidad de crecimiento, un cambio anhelado, la empresa me prometió capacitación para seguir avanzando y yo cada día sentía más felicidad. Un par de meses después, me dicen que debo volver a mi puesto en la planta, porque el puesto que me habían asignado en relaciones laborales no estaba contemplado en la dotación, que lamentaban no haberme avisado antes y además me explican que, para volver a mi antiguo puesto, debía enfrentar un proceso de selección, postular de nuevo, si pasaba la prueba, me quedaba, si no, me tenía que ir. No entendía nada. Tenía miedo y mucha angustia, le escribí al gerente general pidiéndole que me atendiera discretamente pues no entendía la lógica del momento que enfrentaba. Es así como el 7 de septiembre el gerente me citó y de discreción como pedí, nada: me encontré en una sala con 3 gerentes y 4 dirigentes sindicales, 7 hombres que me hicieron sentir desamparada y desnuda, ventilaron aspectos de mi vida privada y de mi diagnóstico clínico que no venían al caso, no eran de su incumbencia, nunca terminé de entender el real objetivo de esa reunión”.

Estos dos casos, se suman a una serie de denuncias y al temor de muchas trabajadoras a denunciar, por una parte el acoso sexual laboral del cual son objeto, así como las malas prácticas en materia laboral, sintiéndose en permanente amenaza.