En pocos días más asumirá la alcaldía de Valparaíso, la segunda ciudad del país, Jorge Sharp. Mucho se ha escrito acerca del reciente triunfo en Valparaíso de Jorge Sharp. De hecho, se ha desatado una verdadera “guerra interpretativa” en relación con esta victoria. Hay voces que ven el principio del fin del duopolio, pasando por quienes creen que es una luz de esperanza para la constitución de una tercera fuerza política no neoliberal, hasta aquellas que lo entienden como un hecho de menor relevancia política, apenas una golondrina roja. Era de esperar. En tiempos de crisis de legitimidad del sistema el triunfo de un outsider de izquierda en la segunda ciudad del país, doblando en votos a los candidatos del duopolio político, es un hecho que inevitablemente desataría preocupaciones, pasiones y reflexiones.

En esa misma línea, este texto contiene algo de todo eso, es decir, reflexión conceptual acerca del significado político de esta victoria (enriquecida por la participación personal en la campaña), pasión propia de los que venimos de la militancia de izquierda latinoamericanista y también preocupación, fundamentada en la sobre valoración que se pudiera hacer de este logro.

1) Una campaña con otro clivaje o el fin de la doctrina del mal menor

Tal vez lo más adecuado sea comenzar con una aclaración que va orientada, sobre todo, a los santiaguinos, y aún más específicamente, a los medios oficiales y sus periodistas: Jorge Sharp fue el candidato de un amplio movimiento político-social porteño, no solo del Pacto La Matriz, como erróneamente se ha comentado en decenas de artículos y columnas de opinión, desde El Mercurio hasta The Clinic.

Como bien lo aclara Patricio Díaz en un reciente artículo, el Pacto La Matriz – calificado de modo sarcástico como Pacto La Boutique por el candidato de la Nueva Mayoría, Leo Méndez- fue una más de muchas organizaciones y colectivos que estuvieron detrás de esta campaña y que en su conjunto conforman el Movimiento Valparaíso Ciudadano (MVC). Las primarias ciudadanas fueron apoyadas por el Pacto La Matriz, el Partido Humanista, Movimiento Autonomista, Revolución Democrática, Movimiento por la Defensa de Valparaíso, además de diversas organizaciones sociales y Juntas de Vecinos. También por el Pacto Pueblo Unido conformado por el Partido Igualdad y el Movimiento Nueva Fuerza; sólo el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez se restó.  Esta es la base político-social que sustenta al MVC.

La variedad no sólo es de nombres, también de identidad política (vemos influencias desde el liberalismo hasta el comunitarismo y el socialismo), así como de la naturaleza orgánica de cada agrupación (desde colectivos con lógicas horizontales, hasta orgánicas partidarias disciplinadas). En ese sentido, y aun a riesgo de ser criticado por reduccionista, podemos proponer, en relación con la composición interna del MVC, un eje en uno de cuyos polos situamos a los actores más afines al liberalismo económico y en el otro a los que propugnan el ideario de una sociedad socialista. Siguiendo esa lógica, abre por el lado liberal el Pacto Urbano La Matriz y por izquierda cierra el Partido Igualdad.

Fue esta variedad de movimientos la que organizó las Primarias Ciudadanas de junio, para elegir un candidato a alcalde. Se trató de un evento trascendental que implicó la movilización de más de 5 mil porteños/as quienes marcaron su preferencia entre cinco postulantes para aquél que pelearía la alcaldía. La contienda se dio fundamentalmente entre dos de ellos, cada uno situado en los 2 lados opuestos de dicho eje: Daniel Morales (1675 votos, 31,7%), representante del Pacto Urbano La Matriz y Jorge Sharp, militante autonomista, apoyado por la izquierda (1703 votos, 32,3%).

Las primarias demostraron ser un hecho de alta relevancia político-social, y también comunicacional. Se realizaron el 26 de junio, una semana después que las primarias oficiales supervisadas por el Servel, y a las que concurrieron los partidos del bloque neoliberal. En el caso nuestro, se trató de un ejercicio político inédito en Chile, primarias organizadas al margen de la institucionalidad, sin militares cuidando urnas, sin Servel, pero con un voluntariado que puso locales de votación a disposición del proceso (un café en el Cerro Alegre, una escuela en Av. Argentina, la Población Obrera en Cerro Cordillera, un local comunitario en Las Cañas, un club deportivo en Cerro Florida) y con una concurrencia de más de 5 mil personas, la que superó las expectativas, entre otros, porque ese domingo fue un frío día de lluvia en el Puerto.

Visto en retrospectivas podemos señalar, en primer lugar, que estas primarias permitieron dirimir las diferencias democráticamente y, consiguientemente, atenuar las tensiones al interior del MVC, tensiones propias de alianzas  heterogéneas que están comenzando un aprendizaje de convivencia política. En segundo lugar, ante las expectativas y la incertidumbre, el éxito del proceso, tanto en concurrencia como en sus aspectos organizativos, significó una inyección de energía muy necesaria para partir la pelea por el sillón edilicio. Por último, en términos comunicacionales fue el inicio de la exitosa instalación del antagonismo entre lo “ciudadano” y la “clase política”. La dicotomía entre Primarias de Partidos (realizadas el 19 de junio) y Primarias Ciudadanas (el 26 de junio), reflejadas además en el discurso de los medios y de los porteños, permitió partir con una diferenciación clara y nítida.

Asimismo, y en relación con la heterogeneidad interna de MVC, el proceso de primarias permitió construir unidad en la diferencia gracias a un denominador común: lo ciudadano. Bajo este significante se comenzaron a resolver discursiva y políticamente las diferencias internas, así como a establecer límites claros con un Otro externo: el establishment constituido por la Derecha y la Nueva Mayoría/Concertación, cuyo mayor legado ha sido una ciudad arruinada por la gestión neoliberal ineficiente y corrupta.

Se establecía así la construcción de otro eje, esta vez con lógica antagónica: un eje ellos/nosotros que se sintetizaba políticamente en ciudadanos vs clase política y que, en lo político-comunicacional se transmitió con el mensaje  “Manos limpias” vs “Corruptos”. Esto significó que la campaña para evitar que la alcaldía de Valparaíso cayera nuevamente en manos del bloque neoliberal (Derecha y Nueva Mayoría/Concertación) no se estructuró en torno a un eje tradicional “izquierda/derecha”, sino uno “arriba/abajo”. La campaña tomó desde temprano conciencia de este hecho y de las consecuencias para las políticas de alianza. La identificación con ese eje vertical fue otro factor que permitió procesar las diferencias y la heterogeneidad al interior del MCV, pues si bien no todos ahí se sienten de izquierda, claramente todos sabemos que los de arriba, o sea el duopolio político en alianza con el empresariado, están destruyendo la Ciudad Patrimonio y degradando las condiciones de vida de sus ciudadanos/as. Este antagonismo entre los de arriba y los de abajo también tiene consecuencias en términos de la amplitud social y de la composición de clase a la que aspira representar y movilizar el MCV.

Seguramente el senador Ricardo Lagos Weber tenía cierta claridad respecto de ese antagonismo entre el amplio y excluido mundo de los de abajo y el reducido y exclusivo universo de los de arriba, así como del rechazo que los representantes del establishment provocan. Bajo esa lógica instaló a Leo Méndez como candidato. Un cantante sin militancia política y de origen popular. De hecho, todos los hombres del PPD, empezando por el senador Lagos, se tornaron invisibles, para no “contaminar” con los de “arriba” a alguien que se presentaba como de “abajo”. Fue una buena intuición, pero que no logró ocultar que Leo Méndez era, de todos modos, parte de una estrategia de restauración concertacionista.

De este modo, se inició una campaña basada, por un lado, en unas exitosas y autogestionadas Primarias Ciudadanas que inyectaron energía política al proceso y permitieron diferenciarnos, y, por otro, en una alianza pluriclasista unida por la común convicción de tener que recuperar el municipio para la ciudadanía, arrebatándoselo a la clase política. Bajo esos pisos mínimos comunes fue posible consolidar la construcción del clivaje arriba/abajo en Valparaíso, y darle identidad diferenciadora a la candidatura de Sharp. Es importante señalar que se trata de una construcción, no fue algo natural, sino resultado de una serie de dinámicas y decisiones políticas que se fueron tomando a lo largo del proceso. La lógica “arriba-abajo” – que es la continuidad de la tensión “pueblo-oligarquía”- nos permitió retomar esa contradicción histórica y con ella realizar un emplazamiento a las fronteras políticas que el duopolio Nueva Mayoría/Concertación -Derecha, es decir, el bloque neoliberal, ha trazado en estos 26 años. Este serio emplazamiento a la geografía política del neoliberalismo chileno, bajo el liderazgo de Sharp, produjo un desbloqueo en Valparaíso; y si hasta ahora el éxito del Estado neoliberal ha sido desordenar por abajo y ordenar por arriba (siguiendo a Poulantzas), nosotros invertimos la situación, ordenamos por abajo y desordenamos por arriba. Esto explica – tal como se graficará en la 3ª sección de este texto- que hubo incluso un trasvase de votos de la derecha a Sharp, aproximadamente un octavo de la votación a concejales de la derecha se pasó hacia nuestra candidatura alcaldicia, y de la Nueva Mayoría/Concertación un tercio (29.2%).

Esta fuerza y orientación de MVC no sólo permitió unidad en la diferencia. Otra importante consecuencia fue que se logró desafiar la lógica bipartidista y poner en Valparaíso fin a la “doctrina del mal menor”, con la cual la Nueva Mayoría/Concertación viene chantajeando a la izquierda y los demás sectores no neoliberales desde 1990. En Valparaíso fue el Partido Comunista quien estuvo paradójicamente a cargo de llevar adelante esa estrategia, dirigida reiteradas veces hacia la candidatura de Sharp. El conspicuo militante y concejal comunista, Iván Vuskovic hizo públicos llamados a que bajáramos nuestra opción, pues solo favoreceríamos a la derecha. De modo incluso ofensivo, gritando a ratos, simulando un poco creíble exceso de testosterona, acusó a Sharp en programas radiales y foros de trabajar para la derecha, exigiendo un voto útil para Leo Méndez y la retirada de nuestra candidatura. Él no sólo no entendía (quizás ni ahora lo entienda) que para nosotros tanto la Derecha como ellos son un solo bloque, el bloque neoliberal, por lo tanto por razones de principios no votamos por ellos, sino que tampoco comprendía (seguramente ahora tampoco) el agotamiento ideológico y la ineficacia político/histórica de ese discurso, sobre todo en Valparaíso, ciudad degradada al extremo por la gestión municipal neoliberal.

Y digo que es paradójico que el PC haya sido tan vehemente con este llamado al voto útil para, supuestamente, no hacerle el juego a la derecha, pues hasta hace poco su partido era acusado de lo mismo por la Nueva Mayoría/Concertación, especialmente cuando bajo el liderazgo íntegro y coherente de Gladys Marín ella se negaba a apoyar a los candidatos neoliberales, por ejemplo a Ricardo Lagos contra Joaquín Lavín. Es esta una muestra más de hasta qué punto las posiciones del PC se han convertido en posturas reaccionarias, de defensa del bloque neoliberal y de bloqueo de la emergencia de fuerzas de izquierda.

Nuestro triunfo demostró el agotamiento de esa doctrina del mal menor. Eso no sólo significa que ésta ya no motiva en lo absoluto, sino que se acabó cualquier subordinación de la izquierda a la Concertación – independencia total del discurso del “mal menor”. Es éste un discurso anclado en otro clivaje, el del SÍ y el NO, es decir, el de dictadura/democracia. Nosotros le dimos existencia y forma política a otro antagonismo, uno más actual y que refiere a la forma actual de la dominación de clase – el neoliberalismo – y que entronca con la tensión pueblo-oligarquía (que se manifiesta en la tensión arriba/abajo, ciudadanos/clase política). Al hacerlo produjimos tanto ruptura refrescante como continuidad militante. Rompimos con el clivaje democracia-dictadura que no sólo es políticamente ineficaz y descontextualizado, sino que ha servido como chantaje para consolidar una geografía política en la que se anula a las fuerzas de izquierda no neoliberales. Pero, a su vez, retomamos las luchas anti-oligárquicas que tienen su propia tradición en Valparaíso y cuya memoria histórica nos lleva, por lo menos, al primer “Puertazo” de 1903 y la consiguiente masacre de decenas trabajadores portuarios a manos del Ejército, producto de la presión empresarial y mediática ejercida por empresarios británicos y El Mercurio de Valparaíso.

Tal como ayer lo hizo el capitalismo en su fase industrial, también hoy el capitalismo en su fase financiera, y con especial énfasis en la versión de neoliberalismo avanzado que vive Chile, ha construido una sociedad dual, con un pequeño grupo de exitosos ganadores, gozadores de las promesas del sistema, frente a un amplio segmento de ciudadanos excluidos, insatisfechos, indignados. Fue nuestra campaña la que logró politizar parte de ese malestar, con una propuesta propia y un antagonismo diferenciador que logró proponer que Concertación y Derecha son las dos patas de un mismo bloque. Esta vez el voto útil fue el voto para la izquierda.

2) Lo comunicacional: 1 –3- 2. De las paredes a las redes y del duopolio al antagonismo.

El desafío comunicacional que enfrentó la campaña puede resumirse en 3 fases: la del 1, del 3  y del 2.

2.1) La Fase del 1: Existimos o de las paredes a las redes.

El primer reto fue tan simple en su planteamiento como complejo en su realización: lograr existencia comunicacional, saber comunicar a la población porteña que había una candidatura ciudadana, o sea, dar a conocer la mera existencia de UN candidato – Jorge Sharp. Había que romper una capa de invisibilidad doblemente densa, constituida, por un lado, por las rutinas propias de una comunicación y un estructura mediática duopólica que suele dar visibilidad sólo a las voces del bloque neoliberal. El sistema mediático chileno refleja la estructura económico-política que lo sustenta, por lo tanto, sabíamos que “a priori”, a modo de condición estructural, nuestro candidato partía con la desventaja de la invisibilidad mediática que en una elección puede convertirse en inexistencia material. A esa asimetría estructural, se sumaba, por otro lado, el hecho contextual, de que los dos candidatos del duopolio en Valparaíso contaban con altísimos grados de conocimiento. Jorge Castro llevaba 8 años como alcalde y Leo Méndez era ampliamente conocido por sus éxitos musicales y por el reality show que protagonizó.

Se trataba pues de que se supiera en Valparaíso que había UN candidato llamado Jorge Sharp y que era el “candidato ciudadano”. Sabíamos, en ese sentido, que lo primero era lograr comunicar su existencia, incluso antes que su programa, sus promesas o su antagonismo con el duopolio. También sabíamos de los altos grados de rechazo que provocaba el nombre del alcalde Castro – especialmente después del mega-incendio del 2014. Respecto de las fortalezas de Leo Méndez había más dudas que certezas. En ese sentido, se apostaba a que la mera instalación comunicacional de que existía otro candidato, además de los del duopolio, podía por sí misma ser un hecho político importante.

Y no estábamos equivocados. En agosto comenzamos a preparar un estudio electoral, con un tamaño muestral de 2000 encuestados. La primera etapa consistió en la aplicación de una encuesta piloto con el 10% de la muestra, es decir, 200 encuestas. Los resultados confirmaron los altos grados de conocimiento de Castro (93%) y de Méndez (84%) y el alto grado de desconocimiento de Sharp (78%). Sin embargo, el piloto mostró una interesante paradoja: mientras sólo un 22% de personas declaraban conocer a Jorge Sharp, consultados por su preferencia electoral, un 26% de los encuestados señalaban que votarían por él. Es decir, tenía más votos que grados de conocimiento. La explicación permitía una lectura: ante la debilidad de los dos candidatos del bloque neoliberal, el solo hecho de saber que había un tercer candidato aseguraba flujo de votos. A pesar de la debilidad estadística del dato (era un piloto nada más), la lectura política del mismo era sugerente y confirmaba la apuesta por la necesidad de simplemente dar a conocer la existencia de nuestro candidato.

Pero también sabíamos que a diferencia de los candidatos del establishment, no contábamos para esa visibilización con los medios tradicionales. Para generar existencia comunicacional se desarrolló una estrategia de dos dimensiones: calle y redes sociales. Es decir, lo clásico con lo contemporáneo.

Jorge y su equipo recorrieron a diario todo Valparaíso, el Plan, lo cerros, las ferias, organizaciones comunitarias, etc. En buena parte de esos recorridos, sobre todo a partir de septiembre, se contó con un elemento diferenciador e identitario clave: el Tuga. Este mimo, famoso en Valparaíso, querido por los/las porteños/as, representante de la calle (que es su único escenario) y sin duda más conocido que el propio Sharp en esa etapa de la campaña, jugó un importante rol semiótico-comunicacional. Por un lado, al identificarse artística, política y militantemente con la candidatura de Sharp, transfirió parte importante de su popularidad al candidato; permitió así establecer la asociación nemotécnica Sharp – Tuga, que fue una base crucial para la visibilidad inicial y callejera. Por otro lado, El Tuga imprimió alegría a la campaña, en él se condensó ese elemento de vitalidad que tuvo de principio a fin esta contienda. Bien sabemos los chilenos y chilenas que el asunto de “la alegría” en la lucha política no es menor. Fue la promesa (incumplida, por supuesto) de la Concertación en el plebiscito del ’88. El Tuga como símbolo político-comunicacional contribuyó de manera importante a inyectar energía de calle y divertida a esta campaña, en una ciudad degradada al máximo por la gestión neoliberal.

En tanto, el uso de las redes también tuvo un elemento diferenciador y que obedecía a la lógica política que implica una candidatura ciudadana, es decir, de los de abajo. Gran parte de las actividades de Sharp, sobre todo sus encuentros con la comunidad, se registraban al finalizar éstas  (la mayoría de las veces con celular). Sharp hacía un breve resumen de lo tratado e invitaba a las y los porteños a opinar acerca del tema. Luego ese vídeo de no más de 2 minutos, era inmediatamente subido a la web. Las reacciones eran inmediatas y masivas. Ese esquema de registro e invitación a la comunidad a opinar, es decir, instantaneidad e interacción, dio muy buenos resultados y permitió recabar una serie de opiniones de los/las usuarios/as, es decir, retroalimentación.

En paralelo, la presencia en los medios era difícil y escasa. Por el contrario, los medios oficiales, especialmente la tele, se fijaban en los candidatos del duopolio y perpetuaban de ese modo la visión duopólica de la contienda política. Guardando las proporciones, la mayoría de los medios tradicionales y sus periodistas tuvieron similar comportamiento al que tuvieron los medios gringos con Trump: no vieron lo que ocurría en el mundo social, confiaban en la supuesta ventaja estructural de los candidatos del duopolio, ni siquiera se cuestionaban la posibilidad de que la realidad se pudiera comportar de una manera distinta a la que estaban acostumbrados. Todos se decían a sí mismos lo que querían oír. De hecho, en octubre, a solo diez días de las elecciones, ‘Teletrece’ presentaba en su noticiero central la nota “La Batalla de Valparaíso”. Y si bien esta vez, a diferencia de anteriores veces, se mostraba a los tres candidatos, el marco explicativo era duopólico: “Aunque pocos le dan opciones de ser elegido, Sharp puede incidir en la medida en que le reste votos al sector oficialista”, afirmaba la periodista.

2.2) La Etapa del 3: romper el pensamiento duopólico. La contienda es a 3 bandas.

La situación cambió el 29 de septiembre, tras el debate organizado y transmitido por CNN- Chile y el cual reunió a todos los candidatos a alcalde por Valparaíso, en una situación comunicacional de igualdad. De acuerdo a las cifras de rating habituales de CNN Chile en ese horario, podemos hipotetizar –siendo generosos-  de que el programa no logró más de 0.5 puntos de rating, sin embargo, fue un hecho político comunicacional de amplio impacto, mucho mayor que su alcance rating-hogar. Fue retransmitido por Radio Bío Bío en dos oportunidades y el video en Youtube logró 99.443 visualizaciones. Fue el momento en que se dio a conocer masivamente a nuestro candidato, y eso en un contexto donde ante el analfabetismo político de Méndez, la irrelevancia de Lemus y el desgaste de Castro contrastaron con un Sharp preparado y lúcido. Y el impacto fue tal, que este fue el primer y último debate al que Méndez (PPD) y Castro (UDI) asistieron, rehuyendo todos los demás (hubo ofertas de TVN y de Magavisión).

Así se dio por culminada la primera fase y se pasó a la siguiente, la del 3, cuyo lema era “la pelea es a 3 bandas”.

La encuesta, cuyo piloto se mencionó en el punto anterior, se aplicó entre la primera y segunda semana de septiembre. Para ello se dividió a Valparaíso en 11 sectores, en todos ellos se aplicó la encuesta cara a cara, con voluntarios que se ubicaron en lugares de alto tránsito peatonal. Se estratificó por sexo y edad, de acuerdo al padrón electoral, el error muestral se estimó en 3% y un 95% de confianza. El tamaño muestral fue de 2000 personas, y el nivel de respuestas logrado fue del 74%. Su confección fue posible gracias al trabajo voluntario de compañeros y compañeras sociólogos/as, estadísticos/as, matemáticos/as y una veintena de estudiantes que hicieron el trabajo de campo. Los resultados demostraron un virtual empate entre los 3 candidatos, con una leve ventaja para Méndez. Pero lo que más nos interesaba en ese momento era el grado de conocimiento de Jorge Sharp; de acuerdo a los datos obtenidos, éste se alzaba ya al 43%, es decir, estaba dando resultado la estrategia de las calles y las redes, pero era aún insuficiente.

Como se dijo, eso cambió tras el debate en CNN- Chile a fines de septiembre, a partir de ese momento el tema de los grados de conocimiento de Sharp ya no fue problema. En ese sentido, se estaban dando en diversos frentes todos los pasos necesarios para romper una de las cuestiones más difíciles de trizar: el modo duopólico de ver el mundo, el pensamiento duopólico con el que muchos/as chilenos/as interpretan el quehacer político.

Era, en definitiva, la apuesta por comunicar que la pelea por la alcaldía no era duopólica, sino entre el candidato de la NM, el de la Derecha y el candidato “Ciudadano”.

La fase del 2: del pensamiento duopólico al pensamiento antagónico.

Una vez instalado el candidato ciudadano en la contienda y dejando establecido que la contienda era entre tres – ¡y por lo tanto habiendo roto la lógica de la contienda duopólica!- el desafío fue pasar a la fase del antagonismo. Son lógicas diferentes. Como hemos visto en los últimos 26 años, la competencia electoral ocurre en el marco de los “usos y costumbres” del neoliberalismo, es decir, campañas de baja intensidad en relación con puntos doctrinarios o de principios que distingan a unos de otros, sólo se le habla a un “país oficial”. A menudo resulta imposible saber qué diferencia al candidato de la Concertación del de la Derecha, en términos de su visión de mundo, de país o de ciudad. Se supone que las campañas son los escenarios más obvios para manifestar la lucha política, no obstante, el tipo de campaña que el neoliberalismo ha moldeado y que la Nueva Mayoría/Concertación y la Derecha han asumido sumisa y gustosamente, no suelen mostrar ni permitir debates políticos serios. Antes bien, se han reducido a instancias de despliegue de estrategias y tácticas comunicativas. Como dice Pablo Iglesias, son momentos “en el que la hegemonía de las ideas de una época aparece delimitando los términos del debate entre las diferentes opciones”. Son campañas que buscan establecer diferencia, fundamentalmente, en aspectos formales, estéticos, por lo mismo, los candidatos del duopolio acuden ansiosos al marketing político para lograr penetrar la mente de sus electores. Es decir, campañas sin antagonismo.

Sin embargo, la nuestra no estuvo dispuesta a parecerse ni en las formas al adversario. No sólo se trata de no comenzar a parecerse a lo que uno no es, sino de la necesidad de politizar el amplio malestar ciudadano, y esa transversalidad social, ese “país real”, golpeado al máximo por el neoliberalismo, no es ni puede convertirse en un discurso moderado. Para eso hay que generar incomodidad, molestia y renunciar a ser esa izquierda del orden en la que se han transformado el PS o el PC, que es perfectamente tolerada y hasta abrazada por el bloque dominante, pues renuncia al antagonismo.

Porque recuperar el antagonismo significa, nada más ni nada menos que decir la verdad, reconocer la brecha inmensa entre el “país oficial” y el “país real”, y ponerse de este último lado.

Para el caso de Valparaíso, ese antagonismo debía expresarse en la disputa entre Sharp y el alcalde Castro. Saber señalar claramente al adversario es parte importante de un proceso de politización al que se debe apostar para romper el duopolio. De este modo se configuró un cuadro antagónico Castro – Sharp. Se retomó naturalmente el clivaje “ciudadano” – “establishment”, o sea, arriba-abajo que inauguró políticamente esta campaña. Y bajo este esquema se triunfó. Así se entienden las primeras palabras del discurso de Jorge Sharp cuando se confirmó el triunfo: “Se acabó el duopolio”. Cabe agregar que ese discurso fue pronunciado en la sede regional del Colegio de Profesores, lugar donde el comando esperó los resultados, a diferencia del comando de Méndez y Castro que, muy al estilo gringo y neoliberal, se reunieron en sendos hoteles de la ciudad a la espera del veredicto de las urnas. También en esas opciones formales se manifestaba el antagonismo ciudadanía – establishment, unos se sienten cómodos en un club u hotel, nosotros en el movimiento social.

Esa diferenciación en base al antagonismo con la clase política logró inyectar energía movilizadora a miles de porteños y porteñas, no sólo a la hora de votar, sino durante gran parte de la campaña, desde las Primarias Ciudadanas hasta el día de las elecciones, en las cuales fuimos el único comando con apoderados/as en todos los recintos de votación, más de 300 porteños y porteñas se movilizaron voluntariamente para eso.

3) Breve análisis electoral

Finalizaremos estas páginas con algo siempre necesario para el análisis político que quiere contribuir a romper las relaciones de dominación: datos duros, en este caso electorales y basados en la información del Servel.

Este año la cantidad de electores que concurrieron a votar (88.154) fue algo inferior a la del 2012 (93.196). Sin embargo, la abstención en nuestra comuna fue alta (69%), mayor a la media nacional (65%). A pesar de ello, fue nuestra candidatura la que logró movilizar votos.

El 2012 los partidos que hoy conforman la llamada Nueva Mayoría logró 43.046 votos en concejales, este año sólo 32.823; es decir, perdió más de 10 mil votos, casi un cuarto de sus electores. La derecha, a su vez, logró que 31.452 porteños/as votaran por sus candidatos el 2012, este año esa cifra bajó a 25.610, 5.842 votantes menos, casi un quinto. Al igual que en el resto del país, la abstención afectó más a la NM.

La Derecha y la NM no sólo fueron afectados/castigados por la abstención de sus electores, también por una fuga no menor de votos hacia Sharp. Si hacemos un análisis comparativo entre los votos obtenidos por los pactos en la elección de concejales (Tabla 1) y los votos obtenidos por los candidatos a alcalde (Tabla 2), veremos la atracción que el candidato Jorge Sharp ejerció, tanto sobre el voto de la derecha, de la NM así como de votantes que en concejales marcaron la opción Nulo o Blanco (Tabla 3, Gráfico 1).

Tabla 1- Distribución votos según pacto en votaciones de Concejales  Valparaíso

VOTOS CONCEJALES N° Personas Porcentaje Servel
Pacto Nueva Mayoría 32823 41,7%
Pacto Chile Vamos 25610 32,5%
Independientes de Izquierda 18268 23,2%
Pacto Justicia y Transparencia 2048 2,6%
Blancos/Nulos 9117
TOTAL VOTANTES 87866 100,0%

 

Tabla 2- Distribución votaciones de Alcalde en Valparaíso

Candidatos N° Personas Porcentaje Servel
Sharp 46311 53,75%
Méndez 19307 22,41%
Castro 19438 22,56%
Lemus 1104 1,28%
Nulos 1377
Blancos 617
TOTAL VOTANTES 88154 100,0%

Tabla 3- Distribución de diferencia entre votaciones de concejales y de alcaldes

FUGA FLOTANTE Pérdida de votos por pacto % Contribución a votación Sharp % Pérdida
Nueva Mayoría – 13516 29,2% 41,2%
Derecha – 6172 13,3% 24,1%
Pacto Justicia y Transparencia – 944 2,0% 46,1%
Blancos y Nulos – 7123 15,4% 78,1%
Votos flotantes 27755 59,9%

 

Gráfico 0– Distribución de contribución a votación Sharp

graficosharp

Como vemos, la candidatura tensionó transversalmente a todos los demás sectores políticos. Llama especialmente la atención que en las elecciones a concejales más de 9 mil personas votaran por la opción Nulo o Blanco y de ellas, 7.123, es decir el 78%, votaran por Sharp. Esas 7.123 personas que no tienen ligazón política ni con a NM ni con la Derecha, representan el 8% de la votación comunal.

Palabras Finales

Se pueden decir y analizar muchísimos más elementos de este triunfo. Por ejemplo, que una campaña nunca está perdida de antemano, como muchas voces sostenían de la nuestra cuando recién se iniciaba. Que la lucha social y la institucional pueden caminar juntas, que en esta etapa de crisis de legitimidad el efecto ideológico de los medios sobre los electores es limitado, que los adversarios y sus candidatos tuvieron en este contexto serias dificultades para diseñar un marco de ataque político eficaz, etc.

Pero pienso la clave para haber llevado a cabo exitosamente una iniciativa política transversal, y para construir un escenario igualmente transversal que permita sostener la energía movilizadora de miles de porteños y porteñas, es mantenerse en la dicotomía ciudadanos/privilegiados (elite). Es decir, continuar la lucha anti-oligárquica para que así por nuestras venas siga fluyendo la sangre de Leftraru, Manuel Rodríguez, Recabarren, Clotario Blest, Elena Caffarena, Salvador Allende, Gladys Marín y Miguel Enríquez.


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