Con veinte años en el mercado, las estadísticas oficiales de Estados Unidos, primer y principal productor de transgénicos en el mundo, muestran que dichas semillas son más caras, que la productividad es menor que los híbridos que ya existían, que han aumentado brutalmente el uso de agrotóxicos en la siembra y los residuos de éstos en alimentos, aguas y suelos, con graves impactos en la salud y el medio ambiente.

Los transgénicos son una tecnología inexacta y ya obsoleta, por ello la industria biotecnológica ha desarrollado en los últimos años otras tecnologías, que tratan de desligarse públicamente de los transgénicos, para evadir tanto regulaciones como la resistencia de la gente.

La mayoría de estas nuevas biotecnologías se engloban en el campo de la biología sintética, que es la construcción en laboratorio de secuencias genéticas sintéticas para rediseñar, “editar” sistemas biológicos o sintetizar genomas completos, es decir construir organismos vivos, pero sintéticos.

Al igual que los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) “tradicionales”, los ingredientes de la biología sintética entran en los productos alimenticios y de consumo en ausencia de una evaluación, supervisión y etiquetado adecuados para la salud humana y la seguridad ambiental. De hecho, muchos de ellos están siendo falsamente comercializados como “naturales”.

Ante esta situación, el Consejo Nacional de Normas Orgánicas de EEUU votó unánimemente esta semana para actualizar los estándares orgánicos de Estados Unidos para excluir ingredientes derivados de la próxima generación de ingeniería genética y edición de genes.

La recomendación al Programa Nacional Orgánico del Departamento de Agricultura estadounidense garantizará que los ingredientes derivados de nuevas técnicas de ingeniería genética, incluida la biología sintética, no se permitirán en la producción o el producto final de alimentos y bebidas que son certificados como orgánicos.

El anuncio del Consejo Nacional de Normas Orgánicas de EEUU sigue la tendencia creciente de las compañías que declaran que no usarán ingredientes producidos a través de la biología sintética como vanillina natural, primer ingrediente de biología sintética introducido en alimentos y bebidas por la empresa International Flavors and Fragrances en 2014.

Según la Organic Trade Association (OTA), las ventas estadounidenses de alimentos y bebidas orgánicas aumentaron un 10,6%, llegando a un valor de USD 39,8 mil millones en 2015, muy por encima del 3% de crecimiento general del mercado de alimentos en, con algunos sectores que crecieron más del 30% anualmente.